Debo confesar que al leer la brevísima reseña que aparece (como en todos los libros) en la contraportada de esta edición de Minotauro, no me esperaba mucho de esta historia. Sin embargo recordaba con extrañeza todos los buenos comentarios que había leído de ella antes de comprarla. Y bueno, es que SOY LEYENDA es ya uno de esos clásicos que la mayoría de los aficionados (yo el primero) incluiría en su antología personal de los 10 mejores títulos del género. Y se ha ganado ese lugar con sobrados méritos pues no sólo es una historia sobrecogedora y estremecedora en ciertos pasajes, sino en la que además Richard Matheson utiliza técnicas narrativas poco comunes en el género y que le dan a la historia una solidez que la ponen a la altura de cualquier obra literaria del mainstream más exigente.
El argumento de la historia fue el motivo que me mantuvo en esa ligerísima confusión inicial durante la cual creí que el libro sería medio flojo. Este narra de una manera breve (demasiado breve para mi gusto) pero magistral la historia de el último hombre normal que queda en la Tierra, pues el resto de la humanidad ha sido aniquilada o se ha contaminado con una bacteria que los ha convertido a todos, sin excepción, en vampiros.
Sinceramente no creí que con un argumento tan simple, tan clásico y gastado, como es el mito del vampiro, se pudiera hacer una obran tan excepcional pues no sólo el tema está casi agotado sino que además presentar el vampirismo como una consecuencia epidémica y de origen bacteriano no parece ser una idea creíble, consistente y fácil de desarrollar. Pero el genio de Matheson logra darle un soporte científico a esta idea y es bastante riguroso en sus descripciones y explicaciones y no sólo justifica su epidemia sino que sustenta de paso la existencia de los vampiros desde siempre y el por qué de sus conocidas reacciones hacia la luz del sol, el ajo, los espejos, las cruces y demás.
Pero más allá de la temática ciencia-ficciónera que tiene la historia lo que la hace más valiosa aún es el trasfondo de la obra, temas profundos, las inquietudes y reflexiones que se leen entre líneas. Asuntos como la soledad, el miedo a la diferencia, el sentido de la vida o la humanidad
como atributo de los individuos, recorren la obra de principio fin además de la pregunta por lo que nos hace normales o anormales. En estos sentidos SOY LEYENDA es una historia bastante pesimista con pasajes llenos de melancolía y desasosiego frente a los cuales es imposible quedarse indiferente.
Todo esto sin mencionar la maestría narrativa de Matheson, no en vano considerado por Ray Bradbury como uno de los mejores escritores del siglo XX. El equilibro de las escenas es perfecto y los flashbacks que aparecen por aquí y por allá van dándole puntadas al lector para redondear la historia y construir ese hipotético mundo en el cual sólo queda un ser humano. La economía en las ideas, descripciones y situaciones es también llamativa pues da la impresión de que Matheson sólo describe lo necesario para confeccionar un mundo creíble pero que no aburra al lector con reflexiones o situaciones innecesarias que no aportarían nada más que extensión en páginas del libro. Por eso todas y cada una de las situaciones encajan a la perfección: los retazos del pasado, las reflexiones del presente, las situaciones límite en las que se ve involucrado Robert Neville el protagonista de SOY LEYENDA y el inesperado y genial final de la historia donde Neville termina siendo el monstruo.
Estamos pues frente a una obra redonda, que no deja ningún cabo suelto, una obra casi perfecta. Y digo casi por que como lector, obviamente, tengo mis propias preferencias y mis propios peros.
Por ejemplo, no termina de convencerme el argumento que da el autor del por qué Neville es inmune a la epidemia, o cómo es que al final los vampiros logran vencer a la muerte; pero claro estos son aspectos menores que no le quitan absolutamente nada a la contundencia de la historia, y que sin embargo podrían haber servido de excusa para que el libro tuviese un poco más de páginas. Y es que esto último es lo único que no me gustó. SOY LEYENDA es demasiado breve, demasiado corto. Se puede leer sin problemas de un solo tirón si se tiene el par de horas de rigor disponibles o una madrugada de sobra. Por eso yo no consideraría el libro como una novela corta sino más bien como un cuento largo pues en las poco más de 100 páginas que tiene de extensión no se logran desarrollar totalmente los pocos personajes que entran en escena; al parecer Matheson deja esto como tarea del lector. Pero repito, como está la obra es perfecta, redonda, contundente, sólo que a mí me hubiese gustado que fuera un poquitín más larga. Y no es que prefiera intoxicarme con esos mamotretos de más de 500 páginas llenas de basura, ideas y/o diálogos innecesarios, sino que simplemente me gusta que las buenas historias, los buenos libros me acompañen una semanita o al menos un par de días.
Pero bueno seguramente no he entendido aún otro de los posibles mensajes cifrados del libro de Richard Matheson: que es mejor ser sucinto y conciso, que menos es más y que más es menos y a lo mejor, en ese orden de ideas, la mitad de los párrafos de este comentario sobran, pero igual yo me entretuve escribiéndolos y tu, amigo y colega lector, los estás leyendo. Espero entonces que te sean útiles.
PD: No dejen pasar de largo las escenas con el perro. Por lo desolador y triste es de lo más bonito y conmovedor que hay en el libro.

Recuerdo una película: EL ULTIMO HOMBRE VIVO SOBRE LA TIERRA. La vi en la tele, hace un huevo de años, cuando era niño. Salía Charlton Heston de protagonista, mi actor favorito por aquellas fechas. La trama era más o menos como sigue:
Después de un cataclismo mundial la humanidad se extingue como tal. Los que sobreviven sufren una mutación extraña y se transforman en ¡Vampiros! Todos son adoradores de la noche, salvo, claro está, Charlton Heston, que consigue inyectarse un suero que le inmuniza contra la transformación. Este se atrinchera en una casa de una ciudad destruida que rodea de alambres de espino, focos de luz y armas automáticas.
Por la noche se defiende como puede de los ataques vampíricos. Tiene la ventaja de que sus enemigos odian las armas de fuego y el no. Tiene la desventaja de que ellos son muchos y el no. Por el día se dedica a buscar los escondrijos en donde duermen los vampiros, para cargárselos uno por uno. La angustia del asedio, va minando la cordura de nuestro protagonista, que incluso hasta intenta inyectar suero a vampiros capturados, para ver si vuelven a la normalidad, con resultados negativos... no os pienso destripar más la película, así que vedla. No importa que los efectos especiales y la ropa sean al uso de los años 70. Vedla. Además desconozco si se ha hecho un remake actual.
Muchos años después, encontré un libro escondido en la sección de literatura fantástica en una tienda de Madrid. Yo iba a ver si encontraba lo último se S. King, pero no lo tenían todavía, así que rebuscando entre libros encuentro uno que se titula: SOY LEYENDA. Por la sinopsis de la contraportada no saqué nada en claro del argumento, pero puesto que no encontré nada interesante, me lo llevé. Al leerlo sentí una extraña sensación dejavú (o como coño se escriba, siempre he odiado este término, que no tiene traducción al castellano). Esto me suena, ¿no será...? Pues sí. SOY LEYENDA = EL ULTIMO HOMBRE VIVO SOBRE LA TIERRA.
Maldiciendo una vez más las traducciones de los títulos de las películas al castellano y maldiciéndome a mi mismo por no tener paciencia para leerme los créditos finales de las películas, continué leyendo. A parte de que el libro es mucho más pesimista que la película, en un momento determinado las líneas argumentales se separan totalmente. Mientras que en la película se trata de un espectáculo de Hollywood con final esperanzador y al servicio de la supervivencia humana, en el libro se pretende decir otra cosa: ¿qué se siente siendo diferente a todos? ¿qué se siente siendo un monstruo destructor? ¿qué se siente estando totalmente solo? ¿qué se siente cuando solo con verte te tienen miedo? Pues muy fácil: se siente que soy leyenda.
En mi tabla mágica de los cinco elementos: Inteligencia (I), Curiosidad (C), Lenguaje (L), Imaginación (II) y trato de lo desconocido (D), la puntuación es:
EL úLTIMO HOMBRE LIBRE: I (2), C (7), L (4), II (7), D(8).
SOY LEYENDA: I (7), C (8), L (6), II (8), D(9).
Los años cincuenta resultaron una época de gran esplendor para la ciencia-ficción, absorbiendo el interés de la mayoría de aficionados a la literatura fantástica y no pocos escritores profesionales (es significativo recordar nombres como Ray Bradbury, Frank Belkap Long o Henry Kuttner, en un principio autores de relatos de terror, que paulatinamente dejarían el género de lado para escribir ciencia-ficción en exclusiva). De todos modos, el cuento de miedo en su forma más breve aún tuvo refugio en algunas revistas de ciencia-ficción de miras amplias, como The Magazine of Fantasy & SF, editada por Ferman, o en revistas de misterio como Ellery Queen Magazine. Richard Matheson, narrador extraordinario y luego solicitado guionista de cine y televisión, se convirtió en una presencia constante en sus páginas con historias que luego recogió en antologías de invariablemente trece relatos THIRD FROM THE SUN (1955), THE SHORES OF SPACE (1957) o su serie SHOCK (1961-1980).
La ciencia-ficción de los cincuenta, si no en su vertiente literaria si en la cinematográfica, es esencialmente terrorífica. Los viejos y apolillados espectros y hombres lobo fueron sustituidos por extraterrestres o mutantes radioactivos, pero el fin perseguido seguía siendo arrancar un chillido de espanto al espectador. Matheson, al plantearse su primera novela sin cerrar los ojos al aspecto comercial, no debió considerar mala idea escribir una historia de horror, siempre y cuando ésta tuviera un conveniente rebozo de ciencia-ficción.
SOY LEYENDA (I am Legend) apareció publicada en 1958, directamente en forma de libro, hecho no tan usual entonces como ahora, cuando la mayoría de la ficción de género vivía confinada en el marco de las revistas. Argumentalmente es una novela de vampiros, pero no en la tradición fantástica procedente del romanticismo que cristalizaría en el DRACULA, de Bram Stoker; Matheson enfoca el tema desde un punto de vista racionalista, heredado de su condición de autor de ciencia-ficción, e intenta explicar de un modo plausible la infestación vampírica que ha transformado a la humanidad. Su protagonista, Robert Neville, el último hombre sobre una Tierra poblada de vampiros, cree en su existencia (cómo negarlo), aunque se resiste a aceptar las leyendas supersticiosas en torno a ellos. Encerrado en su casa con un microscopio y un montón de libros, buscará el porqué de la epidemia y, a ser posible, intentará hallar el remedio. Tal vez sea éste el punto más débil de la novela, al suponer que un hombre solo, mal equipado y sin preparación previa sea capaz de llegar a conclusiones a las que toda la comunidad científica permaneció ciega.
Pero Neville lo consigue, quizá ayudado por la fortuna. En la sangre de los vampiros descubre una bacteria a la que él es inmune, vacunado casualmente por el mordisco de un murciélago enfermo, años atrás. La bacteria pasa al estado de espora y en el caso de que el vampiro muera y se descomponga, se dispersa por el aire y contamina a otras personas. También encuentra Neville explicación a muchas de las limitaciones de la condición vampírica: al contrario que las balas, la estaca les mata, aunque también lo hace cualquier arma que mantenga la herida abierta, pues no es la hemorragia lo que acaba con el vampiro. Mientras permanece el bacilo en la corriente sanguínea es anaeróbico y vive en simbiosis con el vampiro; cuando una herida abierta permite el contacto del aire con la sangre el germen se convierte en aeróbico y se interrumpe la simbiosis, para pasar a consumir a su anfitrión, de ahí la rápida disolución del vampiro atravesado por la estaca.
Otras reacciones del vampiro son atribuidas por Neville a una ceguera histérica. Para su terror, el infectado muere sabiéndose condenado a un renacer como vampiro; al producirse este regreso de un modo traumático, enterrado en una tumba de la que deberá salir con enorme esfuerzo, el vampiro cree realmente en todo lo que su propia superstición le dicta y temerá la cruz porque se supone que debe hacerlo...
No obstante, por encima de esta primera lectura superficial, yace otra con el verdadero tema de la novela, una reflexión sobre la soledad y la condición monstruosa de lo extraño. Ya en su primer y famoso relato, NACIDO DE HOMBRE Y DE MUJER (Born of Man and Woman; 1951); Matheson narraba en primera persona el dolor y la incomprensión de un horrible mutante ante cuya presencia los mismos padres se sienten aterrorizados. En la que será su segunda novela, EL HOMBRE MENGUANTE (The Shrinking Man;1956), recalará de nuevo en el tema, presentándonos a un hombre condenado, por su progresiva disminución de tamaño, a perder el contacto con sus semejantes.
Al protagonista de SOY LEYENDA no parece preocuparle el fin del mundo conocido, de una civilización, puesto que en ningún momento ocupa este asunto sus pensamientos; como individuo lo que le atormenta es haberse convertido en una singularidad y que toda comunicación con otros seres humanos, incluso la más sencilla, le esté vedada. Neville se acoraza contra este sentimiento refugiándose en su cruzada contra los vampiros y en el alcohol, en un ansia autodestructiva que no se atreve a consumar por su propia mano. Pero el dolor permanece y esto lo saben sus enemigos, que cada noche le tientan con vampiras de lúbricas poses para hacerle abandonar su búnker. Inevitablemente, será esa necesidad de compañía la que traerá la perdición de Robert Neville.
Si, con enorme dolor, necesitara desgajar un capítulo de SOY LEYENDA para quedarme sólo con uno, escogería aquel en el que el solitario Neville encuentra un perro vagabundo y, desesperadamente, como el naufrago que se agarra a un tablón entre las olas, intenta ganarse la amistad del aterrorizado animal, que le rehuye. Consigue Neville tenderle una trampa para capturarlo y llevarlo consigo a casa. Acostumbrado a huir de los vampiros, el perro es presa del pánico, y todos los esfuerzos de Neville para calmarlo parecen infructuosos, hasta que...
A eso de las once Neville sacó lentamente la colcha descubriendo la cabeza del perro.
Durante un rato el animal trató de escapar a las caricias. Pero Neville le puso una mano en el cuello, y lo rascó y acarició con la otra, suavemente.
—Pronto estarás bien —murmuró—. Muy pronto.
El perro lo miró con ojos apagados y enfermos, y luego sacó la lengua y lamió la palma de Neville.
Neville sintió que algo se le quebraba en la garganta. Miró al perro silenciosamente. Las lágrimas le corrieron por las mejillas.
Una semana más tarde el perro había muerto.
Este párrafo es un ejemplo perfecto de la gran sensibilidad de Matheson como escritor. Difícil es conseguir mayor emoción con tanta economía de medios, cosa que Matheson repite a menudo en sus obras, poco abundantes pero de indiscutible calidad.
Pese a lo expuesto, no hay que suponer que el carácter reflexivo y melancólico de muchos pasajes de la novela la convierte en morosa y difícil de leer. Matheson hilvana las escenas con extraordinaria destreza, saltando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo para equilibrar los momentos más lentos con otros activos, dando aire
a una historia de por sí claustrofóbica.
En uno de los capítulos más memorables de la novela, Robert Neville se retrasa en las calles de la ciudad tras haber pasado la tarde en su principal ocupación: destruir vampiros que yacen en su letargo diurno. El crepúsculo se le echa encima y, pese a lanzarse a una alocada carrera para alcanzar su refugio, los vampiros despiertan y se lanzan en su persecución. Aunque nunca ha sido su principal interés, cuando se lo propone Richard Matheson demuestra una verdadera maestría en la creación de escenas de acción y en mantener la tensión de los lectores. Realmente me extrañaría que alguno fuera capaz de despegar la vista de las páginas hasta saber cómo acaba esta escena, de gran intensidad.
Más resbaladiza a la hora de analizarla es la posición de Richard Matheson respecto a la monstruosidad. Pese a que podría parecerlo en un principio, frente a otras obras paranoicas de la época Neville no se nos presenta como paladín de la normalidad ante una transformación insidiosa de su entorno, o cómo el buen americano debe temer las acechanzas del comunismo, en la línea de LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS (1956) o INVASORES DE MARTE (1953); muy al contrario, la conclusión de la novela es que Robert Neville se halla en un error al tratar de oponerse al cambio, pues él es el verdadero monstruo, la anomalía en una nueva sociedad formada por vampiros. Tal razonamiento no deja de resultar tan peligroso como el de las pesadillas maccarthistas arriba mencionadas. ¿Qué deberíamos leer en SOY LEYENDA? ¿Que es preciso aceptar la norma común aunque nos resulte aborrecible? ¿Que toda disidencia se convierte en una aberración destinada a ser borrada del mapa?
En este punto no estoy seguro de interpretar de forma correcta la novela, que podría contemplar como reaccionaria si mi experiencia de la restante obra de Richard Matheson no me hiciera desechar la idea. Más acertado sería suponer que, al condenar a Robert Neville, lo que hace Richard Matheson es recordarnos la relatividad del término normal, y que incluso lo más extraño debe ser aceptado, pues puede convertirse en regla en otra sociedad con distinto conjunto de valores, ni mejor ni peor que el nuestro.
SOY LEYENDA ha sido adaptada en dos ocasiones al cine con no muy buenos resultados. La primera es L´ULTIMO UOMO DELLA TERRA (1964), una coproducción italo-norteamericana dirigida por Sidney Salkow y Ubaldo Ragona, con Vincent Price, y Franca Gettoia en el reparto. El guión corrió a cargo del propio Matheson, quien, en desacuerdo con las modificaciones posteriores, se negó a firmar con su nombre y figuró en los créditos con el seudónimo de Logan Swanson. Mucho más conocida es la posterior EL ÚLTIMO HOMBRE... VIVO (The Omega Man; 1971), dirigida por Boris Sagal y protagonizada por un Charlton Heston en vena postapocalíptica tras el éxito de EL PLANETA DE LOS SIMIOS (The Planet of the Apes; 1968), esta vez sin ninguna participación de Richard Matheson. EL úLTIMO HOMBRE... VIVO desvirtúa completamente el original de Matheson, tanto en el tono (sombrío y reconcentrado en la novela; luminoso y repleto de acción en la película), como en el argumento, donde se transforma a los vampiros en mutantes creados por una guerra bacteriológica (sic). Así pues, que el lector curioso huya de los vídeoclubs si desea conocer esta historia y corra a buscar el libro. Me lo agradecerá.
José Joaquín Rodríguez en Bibliópolis (rv. 29-04-22)
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EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE
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SOY LEYENDA