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TIEMPO DE CREYENTES
Jacinto Muñoz Vivas

Tiempo estimado de lectura: 8 min 56 seg

Ralphs_Fotos. Pixabay License

# Reunión del Consejo. 12 de marzo. Año 55 ADD

—Interesante —dijo el número Uno dedicándole algo más de media sonrisa y un leve asentimiento de cabeza a la número Tres, que ella correspondió con otro asentimiento aún más leve.

El número Dos no era de la misma opinión.

—¿Interesante? No se parece mucho a la respuesta que esperaba obtener cuando le hicimos la pregunta al sistema —dijo.

Uno asintió comprensivo sin perder la media sonrisa.

—Supongo que esperabas recomendaciones sobre dónde invertir, evolución de los mercados, estimación de beneficios y cosas así.

—Cosas así.

La número Seis, más joven y con más necesidad de autoafirmación no compartía las dudas de Cuatro.

—Esos algoritmos llevan más de veinte años aprendiendo. Hace meses que alcanzamos el umbral de certeza razonable. Las decisiones que debemos tomar están muy claras —sentenció.

—¿Umbral de certeza razonable? —el número Cinco soltó un bufido y rebuscó entre las páginas de su dossier hasta dar con una frase en concreto—, ¿Algoritmos de discernimiento y decisión? ¿Quién cojones elige los nombres?

—Huangdi —contestó Cuatro.

—¿Quien?

—El sistema se llama Huangdi. Es un personaje de nuestra mitología.

—¿Le has puesto el nombre de un dios chino?

—Algo parecido —dijo Cuatro.

El número Dos sacudió la cabeza con cara de no creerse lo que estaba oyendo.

—¿Eso es lo que te preocupa? —le dijo a Cinco— ¿El nombre de una IA?

—Soy curioso —repuso Cinco exhibiendo una doble fila de dientes blanquísimos, que brillaron en medio de su rostro oscuro, dándole un engañoso aire de payaso de circo.

—Los nombres son importantes —añadió Cuatro.

—¿De verdad habéis leído el informe con un mínimo de calma? —insistió Dos. Es un proyecto absurdo, caro y complejo, no veo por qué tenemos que meternos en ese pantano, cambiemos la pregunta y busquemos respuestas más razonables.

Tres le observó sin pronunciar palabra y Uno decidió que no existían en el mundo otros ojos tan bellos y tan capaces de reflejar desdén.

—Faltas tú —le dijo.

—¿Necesitáis que diga en voz alta lo que creo?

Uno se encogió de hombros.

—Me gustaría —dijo Dos.

Tres se inclinó hacia adelante y habló como si sus interlocutores fuesen cortos de entendederas.

—Creo que el destino o la suerte ha puesto en nuestras manos una oportunidad única —dijo—. Sería de idiotas no aprovecharla.

# Centro de prospección y arqueología de datos HUA5. En algún lugar del norte de Siberia. 15 de julio. Año 46 ADD

La versión 10.44.00 del procedimiento se lanzó a la una de la madrugada con el cometido de siempre: añadir, modificar o eliminar información conforme a los parámetros establecidos. Entre la multitud de tareas que inició, la más interesante consistía en alterar ligeramente los rasgos físicos en las reproducciones digitales de una larga lista de personajes históricos, con el fin de que despertaran la simpatía o antipatía del observador al primer vistazo.

Un código depurado y una capacidad de cálculo nunca vista era lo único que se necesitaba para cruzar cualquier puerta, localizar el objetivo, modificar cualquier bit y desaparecer sin dejar rastro. El nuevo juego de algoritmos había aprendido mucho de sus antecesores y tardó la mitad del tiempo previsto en completar el trabajo, un tiempo que no dejaría de acortarse con cada intervención.

# Reunión del Consejo. 17 de febrero. Año 37 ADD

—La clave del éxito radica en cuidar los pequeños detalles —dijo el número Cinco esparciendo sobre la mesa un taco de folios repletos de patrones de propagación que parecían el recorrido de múltiples manchas de aceite por un papel poroso—. Un leve impulso y todo fluye por todas partes. Es como la historia de la mariposa y la tormenta —añadió desplegando su inmensa sonrisa.

—No sé si ese ejemplo es el más adecuado —comentó Uno—. Se trata de evitar el caos en la medida de lo posible, no de provocarlo.

—Y en cuanto a los pequeños detalles —Dos abrió su copia del informe, comenzó a seleccionar folios y los fue tirando encima de los de Cinco, mientras enumeraba su contenido—. Donaciones, sobornos, robos, atentados, extorsiones, guerras, sabotajes, asesinatos...

—El sueño húmedo de cualquier obseso de las conspiraciones —le interrumpió Uno.

—No creo que ninguno de esos lunáticos haya dedicado más de un minuto de su tiempo a calcular lo que de verdad cuesta dominar el mundo — replicó Dos sin mucho humor ni en la voz ni en la mirada.

—Lo estamos logrando sin excesivos problemas en el virtual. Modificar el mundo material es más complejo —explicó Cuatro.

La número Seis fue más tajante.

—Todas las intervenciones realizadas se han mantenido dentro de los márgenes de seguridad previstos.

—Por muy poco —replicó Dos.

—Pero dentro —insistió Tres.

—Ya veremos en la próxima evaluación. Un mínimo desliz y... —Dos dejó caer el resto de su informe sobre la mesa provocando un sonoro estampido. Uno pensó que la seguridad extrema traía consigo un gran desperdicio de papel, aunque merecería la pena quemar todo el del mundo a cambio de poder contemplar la belleza despiadada de los ojos con los que Tres observaba a sus socios en aquel momento.

—No habrá ningún desliz —dijo.

Cuatro enfrentó su mirada por un segundo, antes de apartar la vista y murmurar:

—Eso espero porque a estas alturas ya estamos metidos en la mierda hasta las cejas.

# Centro de simulación y propagación HUA7. A orillas del lago Starnberg. 22 de marzo. Año 30 ADD

Era un dato que se repetía una y otra vez en los diversos análisis, la mayoría de la gente sólo prestaba atención a aquello que apoyaba sus convicciones, aunque el quién, el dónde, el cómo y el cuándo se dijeran las cosas podía influir mucho en el proceso de reafirmación o modificación de posturas y UHA7 no tenía rival a la hora de colocar una información de la manera más útil.

Su especialidad eran los retoques finales y aquel día tocaba rematar una tarea de alta prioridad en la que sus gemelos, operaciones especiales y él mismo llevaban trabajando años. Para hacerlo necesitaba usar un único avatar que impartiría una conferencia en un rincón del metaverso frecuentado por avezados frikis. El título de la charla: El gran bluf del qbit. La noticia real: China, el último jugador en abandonar la carrera de la computación cuántica. La tesis: Los poderes fácticos lo sabían desde el principio y la computación cuántica, como los nanobots capaces de curar todas las enfermedades, no había sido más que otra gran mentira, para mantener controlada a la población con falsa promesa de un futuro, pleno de felicidad y abundancia, sustentado en poderosas inteligencias artificiales.

La asistencia fue moderada y el debate posterior se fragmentó, como siempre, en diversas posturas cuyos partidarios argumentaban sin escucharse unos a otros, defendiendo tesis de todos los colores, que terminaron expandiéndose por la red y sus diversos canales. Pocos meses después la computación cuántica era miembro de pleno derecho del universo pseudocientífico junto con los dioses astronautas, los fenómenos paranormales, la quiromancia o la homeopatía. Un resultado óptimo en un tiempo muy razonable, un trabajo del que sentirse orgulloso, pero HUA7 sólo era un montón de líneas de código sin conciencia, el orgullo no tenía sentido para él.

# Reunión del consejo. 23 octubre. Año 17 ADD

El número Dos terminó de exponer su informe, cerró la carpeta y la dejó sobre la mesa con suavidad.

—Bien. Como habéis podido comprobar todo está en orden —dijo y miró a Tres y a Seis antes de añadir—: por fin.

—Era lo previsible a estas alturas del proyecto —repuso Seis con una mueca de ligero desdén.

—No es eso lo que decían las simulaciones —Dos recuperó su carpeta y comenzó a hurgar entre sus papeles, pero Cinco le detuvo alzando una mano.

—No empecemos otra vez a joderla —dijo en tono desenfadado—. Hay que reconocer que Dos se ha desempeñado con eficacia durante su turno de presidencia, la vida nos sonríe y el mundo aplaude cada proyecto que emprendemos. ¿Qué más se puede pedir? —concluyó desplegando su gran sonrisa.

—Eso es verdad —añadió Cuatro.

—Sin duda —dijo Uno inclinando la cabeza en dirección a Dos—. Parece que ya nada se interpone entre nosotros y el éxito total —añadió con una voz que, por un instante, se acercó más al arrepentimiento que a la satisfacción.

Dos enarcó una ceja, Tres le escrutó con sus enormes ojos negros, Cuatro se encogió de hombros y Cinco alzó una de sus grandes manos en el aire y la giró con los dedos extendidos mostrando la piel oscura, tersa y perfecta como si exhibiera un valioso trofeo.

—¿No crees que nos lo hemos ganado? —preguntó.

Uno se lo pensó antes de responder.

—Sí —dijo al fin—. Supongo que sí.

# Centro de estudios para la secuenciación, diseño y planificación HUA9. En algún lugar del sur de los Andes. Año 9 ADD

Aquella mañana, a las ocho en punto, cumpliría cien años dedicados a desentrañar los misterios del ADN con sus cuatro letras y sus incontables frases. Una tarea lenta, concienzuda, juntando y separando piezas, formulando hipótesis y comprobándolas, hasta que la llegada de los primeros procesadores cuánticos funcionales y su increíble capacidad de resolver problemas, aún por pura fuerza bruta, lo cambió todo.

Al poco tiempo se diseñaron múltiples nanosensores preparados para recabar todo tipo de información, de todo tipo de cosas y todo tipo de seres. El sistema se completó con unidades de almacenamiento casi ilimitadas y algoritmos autovelucionados dispuestos a procesarla y relacionarla y las palabras cobraron vida, cada gen reveló su sentido y cada fragmento de ADN su función. O casi. La vida se retorcía, escurriéndose y reinventándose una y otra vez en nuevos equilibrios, pero cincuenta años después de ser arrancado, HUA9 contaba con un léxico más que suficiente para iniciar los trabajos que tenía encomendados, cien años después, era capaz de reproducir y modificar cualquier ser vivo conocido hasta sus mínimos detalles, incluyendo, claro está, el cuerpo humano.

# Reunión del Consejo. 3 de marzo. Año 3 ADD

—Guerra, peste, hambre y muerte —el número Uno terminó de leer las cifras de víctimas y miró a sus socios sin asomo de ironía o admiración, sólo con cierta decepción y tristeza—. ¿De verdad era necesario todo esto?

Cuatro le respondió con aquella flema suya que comenzaba a ser irritante.

—En realidad —dijo— todos estos fenómenos se producen de manera natural, nuestras intervenciones se han limitado a orientarlos en la dirección adecuada y empujar un poco.

—¿Los virus de diseño se incluyen entre los procesos naturales?

—Entre los empujones.

—Claro.

—Era necesaria una reducción drástica de la población para evitar el colapso del planeta —dijo la número Seis sin ninguna flema—. Las simulaciones no dejaban lugar a dudas.

—Todas no.

—Las que contaban con mayores garantías de éxito.

—Ya.

—Conocías las previsiones igual que nosotros —dijo Dos—. Las víctimas eran inevitables y como puedes ver, en la mayor parte de los casos nuestra tarea ha consistido en imponer moderación para evitar el final de todo. Salir con reticencias a estas alturas me parece un alarde de cinismo que no viene a cuento.

—Inmortalidad, poder sobre la vida y la muerte, y lo más parecido a la omnisciencia que se puede conseguir ¿Qué te imaginabas que iba a pasar cuando te pareció un proyecto interesante? —La belleza terrible de Tres lucía en todo el esplendor de su genética de origen y la modificada y Uno tuvo que reconocer una vez más que, si alguien de los presentes merecía el apelativo de Diosa, sin duda era ella.

—Perdonad. Tenéis razón —dijo—. Supongo que la vejez me ha vuelto sensible —añadió recuperando su máscara de ironía—. A fin de cuentas, era lo mejor que podíamos hacer ¿no?

—Así es —respondió Cuatro cruzando las manos y apoyándolas sobre la mesa mientras asentía con la cabeza—. Esa fue la pregunta original y esto que vemos, la respuesta.

# Centro de simulación y propagación HUA7. A orillas del lago Starnberg. 1 de enero. Año 1 ADD

La Red se derrumbaba con la misma rapidez que la sociedad que le dio vida. Toda clase de datos, universos enteros de información, desaparecían de un minuto al siguiente, sin dejar rastro. Conocimientos y Verdades, que durante mucho tiempo fueron, dejaron de ser y otras, inyectadas bit a bit con constancia de máquina, se apoderaron de la Historia real y virtual y entre aquellas ruinas, armados con esas nuevas certezas, proliferaban modernos profetas predicando antiguas creencias.

No hay mejor caldo de cultivo que una sucesión de crisis en cascada y los fieles acudían en masa atraídos por un lenguaje sencillo, esperanzas de cambio y algún que otro milagro. El trigo estaba maduro y HUA7 se dispuso a rematar el más importante de sus proyectos. Fue tan fácil como dejar un mensaje en unos cuantos foros que se extendió a la velocidad de un rumor entre los servidores que todavía funcionaban y fue voceado por las calles donde ya no llegaba la Red. En él, dioses antiguos cuya presencia y poder se podía intuir en cada una de las religiones primitivas, deformada y camuflada bajo muchos nombres, anunciaban su regreso de un exilio milenario para volver a tomar las riendas del mundo.

El mensaje incluía un lugar y una fecha, ese día los pocos que aún se negaban a creer contemplarán su gloria con sus propios ojos.

# Reunión del consejo. 19 de septiembre. Año 11 DDD

—¡Que la felicidad y la prosperidad os sacien con sus numerosos dones, Divinos colegas! —vociferó Cinco al entrar en la sala. Avanzó tambaleándose, dio un traspiés y se sentó en su sillón soltando un gran eructo.

—Te veo muy metido en el papel —dijo Uno desde el otro extremo de la mesa—, aunque te vendría bien una corona de hojas de parra para redondearlo.

—Siempre derrochando ingenio ¿eh? —replicó Cinco—. No te preocupes, en unos instantes los nanos habrán terminado de limpiar el alcohol y me encontrareis tan sereno como de costumbre.

—No sé si notaremos la diferencia —dijo Dos.

—¡Vaya! ¿Tú también Bruto? Por cierto, se te ve un poco siniestro con ese negro tan riguroso.

—Nunca me han gustado las fiestas de disfraces.

—Si te vistes como un dios terminarás sintiéndote un dios y comportándote como un dios —recitó Uno que vestía una sencilla túnica blanca ribeteada de rojo.

—¡Ahí lo llevas! —exclamó Cinco.

—Tontería —gruñó Dos.

El número Cuatro alzó las manos, cubiertas por las amplias mangas de su hanfu bordado en oro, las volvió a juntar sobre el vientre y habló como si fuera el mismísimo Fúxi.

—Se necesita algo más que la inmortalidad obtenida mediante ingeniería genética y el monopolio tecnológico para convertirse en dios. El ceremonial, el boato y la liturgia de lo sagrado son fundamentales para que el pueblo tenga la certeza de que lo somos.

Seis unió su vehemencia al argumento de Cuatro, sin dejar hueco para ninguna réplica.

—Los algoritmos dejaron muy clara la importancia de mantener una imagen adecuada —dijo recalcando cada sílaba.

—¿Y nunca te has cuestionado por qué? —preguntó Dos.

—Por supuesto que no —respondió Seis.

—Pues quizá deberías, porque mientras nosotros nos dedicamos a los desfiles de moda el sistema hace y deshace a su antojo desde hace años.

Cinco, repantigado en su sillón, agitó una mano en el aire quitándole importancia a toda la conversación.

—Para eso le diseñamos ¿no? Él se encarga del trabajo duro y nosotros dedicamos el tiempo a tareas más propias de los dioses, como beber y follar.

—Lo mejor que podíamos hacer —Uno no pudo evitar sonreír al murmurar la frase mientras Cuatro, Dos y Seis mostraban diversas caras de desagrado. La número Tres, bella, distante y fría, como una deidad desdeñosa, también sonrió.

—Sí, creo que quitarnos de en medio es lo mejor que podemos hacer —dijo y al oírla el número Uno pensó en una rapaz sobrevolando sus cabezas con las alas desplegadas y las garras listas.

# HUAx. En muchos lugares del planeta tierra. Año 12 DDD

El funcionamiento de la red HUAx se basaba en la recolección masiva de datos. Cientos de miles de millones de nanosensores, pululando por todas partes, eran capaces de proporcionar lo que, en la práctica, equivalía a una imagen del mundo en tiempo real, suficiente para alcanzar una precisión en las predicciones cercana a la certeza. Efectuados los análisis, los algoritmos tomaban las medidas oportunas actuando sobre los dispositivos e infraestructuras que controlaban directamente o a través de los templos, donde los fieles acudían a rogar a los dioses. Allí sacerdotes y sacerdotisas atendían peticionarios, educaban niños, elegían gobernantes o curaban enfermos guiados por la omnisciencia divina.

Eran muy pocos los que se atrevían a enfrentar la voluntad de quienes, igual que concedían un milagro, podía fulminarte con un rayo invisible o castigar a poblaciones enteras con una peste feroz y todo fue bien hasta que comenzaron los ataques. No fueron una sorpresa, estaban en las previsiones, también que sería imposible defenderse a medio plazo dada la potencia de cálculo de las entidades invasoras.

# En algún lugar de los Alpes Dolomitas. 25 de mayo. Año 18 DDD

Las torres del templo emergían de la arena como los huesos de un gigante enterrado por la paciencia implacable del desierto. La aeronave las esquivó ascendiendo y girando a la derecha, picó hacia la plataforma central, donde captó imágenes muy nítidas de los fieles esperando a ser atendidos por las sacerdotisas, y cayó al suelo.

Era su último dron y Uno suspiró resignado mientras el dispositivo de realidad aumentada recuperaba la conexión con su penúltimo satélite operativo. A los pocos segundos, el parpadeo de un mensaje en la esquina inferior derecha de su campo de visión le confirmó que su derrota era total. Dejó de intentar dirigir un sistema que ya no controlaba y giró su asiento para recibir a la número Tres, cuyo holograma se materializó, sin pedir permiso, en el centro de la sala.

—¿Qué pensabas hacer con ese juguetito? —preguntó a modo de saludo.

Los ojos, pensó Uno, esa era su gran debilidad, nunca había sido capaz de escapar del todo de la oscura profundidad de aquellos ojos, aunque fue el vestido de lino blanco, descolgándose como una caricia desde sus pechos hasta sus tobillos, el que le trajo recuerdos de otros momentos mucho más agradables en su compañía.

—Me gusta mirar —respondió al fin.

Por un instante las comisuras de los labios de la número Tres temblaron, como si estuviese a punto de responder al doble sentido de Uno con una sonrisa.

No lo hizo.

—Ha faltado muy poco para que esquivase todas mis defensas, de hecho, fue uno de los centinelas humanos quien lo derribó.

—Muy ingenioso —dijo Uno.

—A la munición tradicional se la sudan las barreras electrónicas, pero a mi no. Quiero que me digas como lo hiciste.

Uno replicó con una sonrisa triste.

—Esa IA tuya no ha encontrado nada en mis sistemas ¿eh? Supongo que llevas mucho tiempo trabajando con ella, igual que Dos, esperando el momento en que fuera un poco más lista y un poco más potente que Huangdi. ¿Recuerdas cuando éramos dos jóvenes con una idea genial buscando financiación? ¿Sabes cual fue nuestro mayor error?

Tres resopló con cara de hastío y cortó el pretencioso discurso de Uno.

—Tú habrás cometido unos cuantos para estar donde estás, yo no.

—Ya lo veo —Uno cerró la boca y asintió un par de veces—. Seis y Cinco fueron víctimas fáciles, me sorprendió más lo de Cuatro, y Dos siempre fue un tipo duro, aunque para respetar la tradición debería haber ganado yo ¿no? Solo puede quedar uno.

Esta vez las comisuras de los labios de Tres no se movieron ni un milímetro.

—Hace semanas que infiltré unos nanos en tu torrente sanguíneo así que tú decides cómo prefieres contarme tus secretos.

—¿Dolerá?

—Mucho más de lo que puedas imaginar.

—Siempre tuve una imaginación muy viva.

Uno también disponía de munición tradicional, en concreto, dentro de una vieja H&K USP Compact escondida junto al apoyabrazos derecho de su sillón. Se la puso en la sien y disparó. Fue rápido, limpio, sin mucha sangre y justo antes de cruzar al otro lado, disfrutó viendo un brillo de sorpresa, decepción y rabia en el fondo de los ojos de Tres.

Jacinto Muñoz Vivas
© Jacinto Muñoz Vivas (3.221 palabras) Créditos
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