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EL DÉCIMO PIONERO
Anselmo Vega Junquera

Tiempo estimado de lectura: 2 min 12 seg

OpenClipart-Vectors, Pixabay License

¿Es cierto que has apresado un ingenio espacial? –preguntó Pqrst a su amigo Rstpq, por su videófono personal.

—Sí, así es. Lo tengo en mi laboratorio.

—¿Puedo verlo?

—Por supuesto, mira –contestó éste, al tiempo que hacia girar la videocámara para que su objetivo captara lo que quería mostrar a su amigo.

Efectivamente, allí, encima de una meseta traslúcida, descansaba el objeto. Era un artilugio de metal y plástico, lleno de varillas saliendo en varias direcciones, a modo de antenas. Su cuerpo central refulgía bajo los focos de la luz blanca que pendían del techo. Rstpq desplazó la cámara para que el otro lo viera por todos los lados. De pronto, algo llamó su atención.

—¡Espera! ¿Qué es eso? —exclamó la voz de Prqst por el altoparlante.

—¿Esto? También a mi me sorprendió, pues se diferencia del resto. En realidad, aún no sé lo que es.

Ambos se referían a una placa, de color dorado, llena de rayones, probablemente hechos por los meteoritos que hubieran impactado con el artefacto en su viaje, Dios sabe desde donde.

—Pensé que podría ser la placa del fabricante... Tiene unos símbolos que quizá indicaran el voltaje.

Prstq consideró también esa opción. Pero... ¿En un ingenio espacial? Si fuera una kfetera, lo entendería... ¿Y si fuera precisamente eso, abandonada por algún carguero de los que, a miles, surcaban el espacio?

—¿Has comprobado si funciona?

—Si, y está inactiva. Su sistema energético está agotado.

—¡Ah! Ya me parecía a mi. Debe ser una kfetera, o algo así.

—¿Tu crees? ¿Y estas varillas, a modo de antenas?

—Seria para avisar que ya había hecho el kfé —rió Prqst. Y con otro comentario banal, se despidió de su amigo.

Quedó Rstpq en la soledad de su laboratorio, mirando para el ingenio metálico. ¿Sería en verdad una kfetera? ¿O una exprimidora de jugos? Fuera lo que fuese, le parecía raro que vagara por el espacio sideral, porque los comerciantes no suelen tirar nada fuera de sus naves. Les costaría muchísima energía conseguir que se separaran de sus órbitas. Él se inclinaba por otra cosa, pero no sabía el qué. La fuente de energía era primitiva... unos generadores de radioisótopos termonucleares, con plutonio enriquecido, que se había agotado. Eso le dio una pista... Espera, ¿cuanto tarda el plutonio en desintegrarse? Rápidamente buscó en la base de datos de su ordenador biónico... ¡Anda! 24.000 años... ¡Pues sí que venía de lejos!

Rstpq dirigió ahora su atención a la placa dorada. Allí había unos símbolos que no entendía. Algunos parecían números... A ver... Uno, dos tres... y así hasta diez. ¡Claro! Además, aparecían en la parte de abajo, en una línea... Vamos a ver... El primero era un círculo grande... ¿Representaría el cero? Los cuatro siguientes eran muy parecidos, pero se diferenciaban por unos puntitos añadidos, que en unos estaban arriba y en otros debajo. El sexto era otro círculo, pero más pequeño que el primero. El siguiente igual, con una rayita en el medio. Los dos sucesivos dos circulitos, uno con una rayita arriba y el otro, debajo. Por último, el décimo era un puntito, con una raya gorda encima. ¡Eureka! Lo había descubierto. Sin duda quien hiciera aquel objeto usaba un sistema de numeración de base diez y allí estaban los diferentes guarismos, que por cierto, todos tenían una cosa en común: eran circulares.

Del que representaba el número 3 salía una raya curva... que terminaba en un dibujito. ¡Vaya! Se parecía al artefacto... ¿Querría decir que quien fuera, los construía de tres en tres? ¿O que era el tercero que fabricaba?

Luego estaban las rayas. Eso seguro que eran muescas producidas por los meteoritos. Además, cada una era de una longitud diferente... Si, eso era.

Lo que más le sorprendía eran los dibujos que aparecían en su parte derecha. Los miró de lado, boca abajo... pero no conseguía identificarlos con nada. Ni con objetos ni con seres vivos. Ambos representaban estructuras arborescentes extrañamente invertidas, un corto tocón, un tronco, cuatro ramas, zarzillos al final de las ramas... Debían ser máquinas, máquinas articuladas, al menos eso parecía deducirse de las junturas que dividían las ramas en dos segmentos y, sobre todo, que una de las máquinas tenía doblada una de las ramas superiores mostrando claramente los cinco zarcillos del extremo a la altura del tocón. Se trataba además de dos modelos distintos del mismo artefacto, la de la rama doblada era más grande que la otra y mostraba algún tipo de conexión en la bifurcación de las dos ramas inferiores, mientras que la máquina más pequeña se ensanchaba precisamente en ese punto. En cualquier caso, un misterio irresoluble.

Cansado, soltó la placa que tenía retenida con unos de sus ocho tentáculos y se dispuso a ver las noticias de última hora, por Televisión Aldebarán.

© Anselmo Vega Junquera, (795 palabras) Créditos
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