
—Localizada nave enemiga. Accediendo a vector de ataque —La IA de combate toma posesión de la nave, es su cometido, está diseñada para él. Muy bien diseñada.
El navío de línea, un huso brillante, erizado de antenas, observatorios y sondas, también.
—Activando pantallas de plasma, campos disruptores al máximo, baterías listas.
Líneas de fuerza surcan conectando antenas y sondas, una enmarañada telaraña que brillan con un fulgor cansino, esferas invisibles rodean la nave formando un colchón protector, oscuras bocas se abren lo largo del eje horizontal. Dentro, en ordenados filas, esperan los misiles.
La IA avisa de la inminencia de la batalla. Fría, desapasionada, precisa. Las emociones son para los vivos.
—Orden de ataque en veinte, diecinueve, dieciocho, diecisiete...,
—Uno.
Como afiladas lanzas los proyectiles cruzan el vacío en silencio. Miríadas de puntos luminosos rompiendo la quietud brutal del espacio, cada uno con una misión, un propósito que cumplirán implacables, estallar, barrer las defensas contrarias, bloquear sus campos disruptores, interceptar a otros misiles, destruir y aniquilar.
El navío contrario no es un novato, es una buena nave, construida por una raza que dominó la mitad de la galaxia y está lista para responder.
Es una danza perfecta, un juego que conocen bien. Misil contra misil contra misil, campo contra campo, rayo contra rayo. Ráfagas luminosas y explosiones de color. Una coreografía fantástica y grandiosa propia de las estrellas.
Son viejas conocidas, combate tras combate, han mantenido el pulso buscando una sorpresa un resquicio, una debilidad.
—Pantallas uno y cinco fuera, Campo disrruptor anulado.
La IA no está programada para rendirse y larga todo lo que tiene. El último misil abandona el silo poco antes de que la última pantalla caiga.
Sin protección la radiación arrasa cada uno de los compartimentos del buque y las explosiones se ceban en el casco abriendo brechas.
No sabe rendirse, pero si cuando ha llegado el momento de retirarse.
—Maniobra evasiva en cinco, cuatro, tres.
El contrario no esta mucho mejor, no puede rematar la pieza herida y huye.
La danza ha terminado.
El navío esta bien diseñado, fue construido por una raza que eones atrás dominó la otra mitad la galaxia y puede repararse a si mismo, sólo necesita un sol donde recargar energía y materia, hay uno cerca y a él se dirige, a lamer y curar sus heridas.
Es un proceso lento y constante, las máquinas reparan brechas, fabrican misiles y reconstruyen antenas y sondas. La IA es paciente, no tiene prisa, sus sensores exteriores vigilan, los interiores observan el puente de mando esperando órdenes. Los trajes que ocupan los asientos hace siglos que no encierran otra cosa que cadáveres conservados por la asepsia hermética de las armaduras de combate, desde el primer encuentro, abrasados por radiaciones que los diseñadores no pudieron imaginar que pudieran existir.
Las reparaciones han terminado, los silos está llenos y las pantallas preparadas. El bucle de espera llega a su fin, no hay nuevas instrucciones y la IA recupera la última: buscar y destruir.
—Localizada nave enemiga. Accediendo a vector.
