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Horizonte Cercano, 6
PANTALLA DE ÉXTASIS O NO HAY INMORTALIDAD PARA LOS GROSEROS
Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Tiempo estimado de lectura: 5 min 08 seg

Dedicado a los horticultores de Bijagós que germinaron la idea y vinculado al imborrable recuerdo de Sentencia de muerte para la grosería de Jack Ritchie de quien en parte he parafraseado el título.

prettysleepy1, Pixabay License

Estoy recordando, a raíz del arribo de una comisión investigadora, una tarde del otoño pasado.

Sostenido por su pluma neurónica el visitante llegó en la noche de nuestro hemisferio, aunque era probable por los registros globales que intercambiamos de manera continua las 49 islas que se dispersan por el único e inmenso océano del planeta, que hubiera estado observando desde la órbita del otro, antes de iniciar el descenso por el pozo de gravedad.

Ubicarnos fue fácil. Sus sensores le advertirían del enorme consumo de energía que ocurría en el tagalpón[1], una edificación tan grande y elevada que tenía su propio sistema de nubes, con mesones flotantes, hidromáquinas, estampadoras tetradimensionales, tramoyas y engranajes, mecanismos aracnoides por doquier e inmensos cojines para dormir la siesta. Hay 49, uno por cada isla, pero era con el mío con el que firmo la minuta de uso.

Nos regalo un auténtico cielomoto con trinos de aves matizados por olas arrulladoras, luego silbidos y crujidos atronadores precedieron su aterrizaje en una vaguada a menos de diez mil moas[2], de inmediato realicé los cálculos del área devastada por sus descargas de neutrones en el bioma y las pérdidas de la biocenosis, muchas plantas y bestezuelas ardieron o se desintegraron y lo agregue a su cuenta, había firmado por siete esferas, y aunque ese período ya dejaba un estupendo beneficio, era un crimen ambiental... y esperé su arribo.

Me sentí como si su presencia constituyera el punto de partida de otra historia, sólo sabía que el instante de partida correría parejo y en simultánea con las peripecias del viajero y que se abriría despacio y en paralelo con los detalles de los encuentros y características de los acontecimientos que ocurrirían en el tagalpón, entretanto él trazaba su estela de deseos y que yo trataría de no mezclar con lo cotidiano. A pesar de su rotundidad insolente y actitud descaradamente asertiva, desde el momento de su llegada estuvo signado por la impronta del fantasma, por la premonición de la desaparición.

Muy temprano su hoverantigrav se posó en la terraza. Orondo y restallante, ungido de altanería y sobrado de malicia avanzó a paso de carga hacia mi cubículo; sin necesidad exigió inmediato acceso a la pantalla de éxtasis ya que su visita estaba programada y yo preparado para acompañarle, le gustaba agredir más que gozar. Empecé a cargarme de reticencia y decidí que cometería algunos errores en el recorrido y que lo alargaría sólo para provocarle; sin embargo los resistió y a pesar de retorcerse y balancearse ningún improperio pronunció. No llegamos a la pantalla de éxtasis y decidimos dejarlo para la tarde.

En el tagalpón comer y platicar en simultánea es uno de nuestros placeres y lo compartimos con los visitantes, aunque con frecuencia no parezca acertado. Lo conduje al mesón central y nos sentamos. Durante el opíparo almuerzo que degustamos tampoco se comportó a la altura profesional que se esperaba de un agregado bélico jubilado de vacaciones y aunque conversamos de la red defensiva de Bijagós[3] por su oficio para complacerlo, invariablemente derrochó sarcasmo y hasta burlas solapadas, denostando cuanto pudo nuestras conexiones defensivas y ofensivas que dijo haber revisado cuando orbitaba; en su soberbia semejaba un fortín erizado de mísiles invulnerable a cualquier maniobra o ataque, como si me adivinara el pensamiento lo rubrico al acentuar rubricando cada palabra: ¡Soy indestructibible! ¡Viviré lo que me de la gana.

Ante los espléndidos platos servidos se mostró indiferente; diré que somos famosos como horticultores multidimensionales, nuestros huertos que integran cavernas subterráneas, superficies entrelazadas en varios niveles para cultivares tridimensionales y plataformas aéreas árbol&árbol para cultivos de sombra poseen alta productividad, estupenda calidad y biodiversidad extrema y variedad de sabores, lo cual tornaba exquisito el menú. Luego se indignó por que era vegetariano. Le indiqué que en la referencia entregada para que tomara una decisión informada se recalcaba ese hecho, Replicó que lo único que importaba de nuestro planeta era la pantalla de éxtasis, que lo demás era si acaso trivial.

Explico, en cuanto a la red defensiva, es crucial aunque la heredamos de las guerras de expansión entre la centrópolis y los colonos, fueran trashumantes (aquellos que decidieron morar en las naves viajando sin parar en torno a los líneas de dispersión de la materia estelar) o fijados (habitantes de planetas, planetoides, lunas o agregados) y que ahora utilizamos contra las flotillas de los errantes —herederos de los trashumantes que esquilmaban lo que pudieran a cualquier víctima que encontraran o atacaran, y que por períodos se cobijaban en los esti para reparar sus astronaves.

Continuo, Bigajós se constituyó en punto de cruce porque en las inmediaciones —menos de diez semanas luz— desembocan por lo menos un par de decenas de wormholes, algunos aún funcionales, aunque en la actualidad varios se encuentren en desuso y circundados por cinturones de desechos esti (descripción del hábitat: mazamorra de fragmentos cuánticos semejantes a esponjas de Menger definidas y descritas por el científico Greg Benford por intuición) que reproducen en cierta forma nuestras propias estructuras geológicas escherianas, sirviendo como refugio de ultraindividualistas o pseudopiratas, motivo por el cual nos dedicamos al mantenimiento de la red defensiva ya que en numerosas ocasiones tales pandillas aunque disminuidas en furor han intentado robar nuestros cmfc: cristales multiplacas de flujo constante.

Me entusiasmo siempre que hablo de los cmfc, emblema y motivo de orgullo para la comunidad, ya que por procesos geológicos las cuatro capas de la corteza (ígneas, metamórficas, sedimentarias y la especial de nuestro planeta que llamamos grafitograso[4]) se movían a diferentes velocidades y la masa ignea interna aceleraba y enlentecía su movimiento haciendo saltar el polo magnético con gran facilidad —y de paso generando esos exclusivos cmfc que nos permiten construir pantallas de éxtasis únicas— y amontonando capas lubricadas que se deslizan en flujos variables y se interpenetran unas a otras generando enredados entramados topológicos a la manera de volúmenes escherianos (figuras imposibles; teselados; escalinatas, cascadas y mundos imaginarios) que giran en torno a si mismos sin quedar nunca en el mismo nivel, una y otra vez hasta generar laberintos superpuestos (lo que nos llevó al montaje de un fractal con secciones que se abren a secciones similares, lo cual permite el viaje. Refutó lo desplegado con una frase: Todo suena como una desmesurado tontería. La paciencia con que me había armado se agotó.

Y me lleva a esa tarde nuevamente, lo suculento del banquete pudo albergar la intención de robarle oxígeno al cerebro para incitarlo a dormitar, la verdad no ocurrió así, fue casual, pero mientras hablaba la oportunidad se presentó y la agarre, en extensas parrafadas mientras cabeceaba y en las pantallas ilustradoras corrían las imágenes conté la historia de como experimentamos y perfeccionamos el uso de los cmfc, primero como juguetes donde se accedía a observar mundos de maravillas, luego como generadores de filmes que relataban épicas aventuras y finalmente como puertas interdimensionales de una sola dirección (tendría que encontrarse adosada cual espejo una pantalla de éxtasis del otro lado para poder retornar) que llevaban a los usuarios a concretar sus deseos de hazañas y correrías.

Mi exposición tuvo un nutrido grupo de acompañantes, en un semicírculo se ubicaron mis cofrades, entretanto yo insistía en que al traspasar el dédalo enmarañado mezcla de planos Mobius, superficies de Riemann y botellas de Klein de la pantalla de extasis se le concedía una cierta inmortalidad a quienes lo recorrían, no sabíamos el motivo, para corroborarlo le mostré los gráficos de seguimiento de muchísimos antecesores y reiteré como en ese universo alcanzaban su destino y trascendían.

No negaré que escamotee algunas tablas por aquí y algunas tasas comparativas por allá, pero el ex-militar estaba encandilado, quería pasar a la ejecución inmediata de su deseo. De ingresar a la otra dimensión. Me empeñé en desalentarlo como era de rigor y le solté el dato del algoritmo marcando el exceso de valoración que quedaría en nuestras cuentas, ya que ni había llenado a quien se la podíamos devolver ni señalado lugar al cual trasladarla. Pareció que no escuchaba o no prestaba atención. Impaciente me ordenó que lo condujera al dispositivo, agarró su macuto y empujó hacia adelante su tabla antigrav repleta de armas, provisiones y aparatos, desechando los atavíos y artefactos que le brinde.

Se que la primera impresión al verla pantalla de éxtasis es anonadante, al descorrer la cortina (mirar de manera continua la pantalla de éxtasis suscita incomodidad y tensión) quedó por fin mudo y sin refunfuños frente al artilugio, síntesis de la confluencia por momentos exacta y en otros desordenada de seis... o cuatro espirales de caracol al estilo transportador de paradojas repleto de graderías que se muerden la cola, surcadas de manantiales que se retroalimentan y de chorros de agua que caen hacia arriba —según se mirara—, por eso se decía que la propia pantalla de éxtasis ingresaba a la indeterminación oscilando entre las cuatro capas que originaban sus componentes o el hexaedro de su estructura molecular, nosotros los diseñadores sabíamos que ambas eran reales y que facilitaban las desembocaduras mutuas para el traslado.

Lo guíe hasta el umbral, más allá no había seguridad, preferí antes que tocar su hombro o darle la mano, inclinar la cabeza y doblar el torso, aprovechó no obstante para una humillación final arrojándome una moneda y se lanzó a trepar escaleras y recorrer pasillos, al rato desaparecieron sus reflejos, había ingresado a la zona crítica.

Al regresar a mi consola, mis compañeros me esperaban, aplaudieron y lanzaron consignas antes de retirarse en medio de carcajadas. La adrenalina acumulada me provovó temblorcillos que disminuyeron cuando el representante del equipo y además mi mejor amigo se acercó y me dijo: No habrá consecuencias, juraremos que tres veces le repetiste que Inmortalidad no significa invulnerabilidad.


Notas

[1] Taller de imaginería, dioramas crudos y cristales aleatorios.

[2] (metros o algo similar).

[3] Aún se narraba en las 49 islas una leyenda relacionada con la llegada de las biocosmonaves que tras recoger a los sobrevivientes de varios mundos agonizantes en el brazo galáctico más allá de Cisco Negrura devastado por una supernova colosal, los fueron distribuyendo y sembrando. Cuando acoderaron en el que sería nuestro planeta el grupo que comandaba a quienes descenderían afirmó que descendían de la estirpe de una isla terrana muy pobre, donde se mantuvieron con dificultad pero con dignidad gracias a su pericia con los huertos y en honor a ese recuerdo eligieron el nombre.

[4] Grafitograso, derivado del carbono que en otros planetas se adhiere a las rocas metamórficas, aquí se presenta como estructuras laminares superpuestas que funcionan cual lubricante con poder penetrante y disolvente que estimula la mezcla e intercalación de las otras tres capas, lo cual ha influido en la arquitectura que diseña edificios enormes de escaso peso por la fragilidad de la corteza. Influye asimismo la potente presencia del inmenso océano que cubre un 85% del orbe gravitando sobre sus placas basálticas para potenciar los efectos sobre la corteza de la masa ígnea.

© Luis Antonio Bolaños de la Cruz,
(1.851 palabras) Créditos
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