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¿ENCUENTRO...
Luis Antonio Bolaños De La Cruz

Tiempo estimado de lectura: 2 min 32 seg

Jills, Pixabay License

La desesperación me carcome, he dejado pasar un porcentaje excesivo de mi encarnadura sin actuar, ahora la llanura se extiende ilimitada y se han extinguido los ecos de los compuestos orgánicos que identifican a mis congéneres en los sensores. Corro el riesgo de perder no sólo el cuerpo sino la reinserción en la colectividad, mi grupo de bajada debe estar convencido que no me ha sucedido percance alguno y que debo aportar 15 unidades de muestras al cierre del período de exploración. Los accidentes ocurren y los protocolos apuntan a remediarlo, pero hay demasiadas ocasiones en que lo programado es invadido por el virus de la impredecibilidad y se desmorona sin remedio. Muevo mis seis espéculopatas con puntas metálicas reforzadas para terrenos pedregosos, elevo mi cuerpo medio para que los sensores craneales tengan acceso a la información que se derrama desde los cielos y me lanzo a un trote que pueda llevarme a intersecar alguna de las pistas que mis afines han trazado.

Reflexiono y me susurro que soy el fruto de una herencia, moldeada con dedicación espartana y esfuerzo, plasmada en rutinas, creencias y emociones que constituyen el humus sobre el cual nos rediseñamos y moramos, incansables mientras renunciamos a las carcasas y las reemplazamos tras cada festival sicalíptico.

Por tales motivos intensos y justificadores, observé las pantallas incrustadas en la dermis de mis hombros delanteros con el ocelo de leer, por las mismas navegaban paquetes de glifos, algunos indicativos, otros sintetizando las condiciones ambientales y sus proyecciones con porcentajes de acierto, pero ninguno comunicacional; también surgía la data condensando mi ánimo en espesores de gracia y disolución, la primera para sentirme identificado con la indagación que me acucia y la segunda para evitar que ingrese en frenesí y galope hasta el agotamiento o el avistamiento de figuras similares. Si ocurre lo segundo no alcanzaré a trasmitir mi organización ceremental y mi huella se disipará, mi olor se perderá y la colectividad se empobrecerá, debo mantenerme enfocado en la primera para extraer inferencias y si tengo que perecer, enroscar en un receptáculo de tejido lo sustancial y algunas ecuaciones derivativas que permitan paliar la pérdida.

Eso si, no existe motivo, para que por la sensación de temor y soledad, se dispare la llamada que nos permite transitar de la forma neutra exploradora a la forma sexuada de existencia colmenar, ya que los recursos de los cuales dispongo abarcan apenas un abastecimiento temporal y muy precario —que se reforzaría en el punto de encuentro y entrega de muestras—, donde solo cabe canalizar los residuos en el momento preciso para grabar la duplicación a la cápsula y poder ser transferido.

Mientras troto recuerdo que quedé anonadad@ por el resplandor que emitió la criatura antes de caer fulminada, fue de una belleza espectacular. Recordaba los programas de emisiones gaseosas coloreadas que expelen las encarnaduras juveniles por los orificios de las espéculopatas, cuando compiten en la dupla de enervarse y emparejarse de su primer apareamiento oficial, con jocosidad y persistencia (así los espermatozoos se mantienen activados y las uterinas receptivas) El desplome del ser esplendente eludía su contenido erótico pero reforzaba el existencial, y aunque anduvo silencioso en vibraciones recuperables por sensores fue resonante en implicaciones subetéreas y el impacto sobre la emoción devino potente.

El suceso me inmovilizó, penetrado por la tristeza transmitida quedé transido y extenuado, casi apagado; por eso ahora la consternación me acicatea y trazó planes para encontrar la ruta de salvación —o por lo menos un sitio para transmitir la ubicación donde puedan extraer mi cinta vital—aún si lo logro tendré que justificar la ausencia de las 15 unidades de muestra, pero cuando describa ese momento especial de la extinción luminosa de un ser sentipensante de este planeta (que nuestras revisiones instrumentales daban por deshabitado) me rehabilitaré, tendré un neoolor que incorporar, quizás por los datos, el del postrer superviviente de un sistema planetario… lo que creo que coexistirá valorado como ambivalente e impedirá mi promoción a una duplicación sucesiva de encarnaduras será mi actitud de disparar primero y preguntar después.

* * *

Lo veo y no lo creo, fuegos artificiales cruzan por la estratosfera, parecen vehículos de reentrada, mecanismos de yo-yo espacial para auscultar las vastas planicies estériles en que convertimos este planeta, ya antiguo cuando lo descubrimos, más viejo aún cuando lo colonizamos y ya vetusto cuando decidimos abandonarlo, sin embargo las discrepancias entre dos formas distintas de abandono, representativas de los dos intentos de persistir en sus estepas, patrocinadas por empresas distintas —muy biológica la una, en exceso mecánica la otra—, se precipitaron en combates con armamento tan eficientes y ultrapoderosos que el único que sobrevivió de los equipos de cierre fui yo, por encontrarme en visita espeleológica profunda.

Mi supervivencia se ha arrastrado por un par de milenios gracias a los diversos sistemas de soporte vital que rescate de los restos de ambos grupos y las existencias de néctores alargadores trasegados sin clemencia. No me provoca risa aquello en que me convertido, rechino y emito datos en multifrecuencia y diferente soporte, se acumula un exceso de entropía en mis envejecidas articulaciones y redomas incrustadas o colgantes que puede ser dramático el día que se disipe. Me dirijo hacia las coordenadas donde apuntó una de las lanzas luminosas que está bastante cerca de mi refugio, y más rápido de lo que creía me tropiezo con uno de los nuevos visitantes, semeja un cangrejo centauro metalizado y encerado, repleto de tatuajes y cuerdas, le llamó la atención alzando mis extremidades y...

© Luis Antonio Bolaños De La Cruz, (915 palabras) Créditos
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