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¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
Alfonso Gippini

Tiempo estimado de lectura: 3 min 34 seg

Sharonang, CC0 Public Domain

—¡Pero serás cabronazo!

—Tampoco hace falta que te pongas así.

—¿Qué no me ponga así? Ahora dirás que soy una histérica.

—¡Yo no he dicho eso!

—¡No, pero como si lo hubieras dicho!

—¿Qué? —El ruido de los motores había aumentado, probablemente debido a una corrección automática de rumbo hecha por el ordenador de a bordo.

—¡Que eres un cabrón!

—Joder, como te pones, ya estas montándome el numerito otra vez, siempre igual, pierdes el control a la primera de cambio. La verdad no se como has podido llegar a ser mi superior, supongo que mamándosela a diestro y siniestro.

—Eres un maldito hijo de puta engreído

—Vete a la mierda, no se puede hablar contigo.

—¡Ésta me la pagas! ¿Me oyes? ¡Ésta me la vas a pagar mamonazo!

Salió de la habitación sin mirar atrás, mientras ella seguía insultándole. Decididamente era mejor escuchar el monótono ruido producido por los motores que a ella en ese estado. Fue hacia la cubierta doce, necesitaba distraerse un rato.

Tras ver un par de películas antiguas y tocar un poco su auténtica guitarra eléctrica del siglo XX se sentía más relajado. Fue a hacer una comprobación rutinaria de los sistemas. Todo estaba en orden, esa noche tenían proyectado comenzar la hibernación que duraría todo el trayecto. Nada menos que veinticuatro años durmiendo, ¡eso si que era una siesta!

Se volvieron a encontrar en el comedor común de la cubierta veintiocho a pesar de tener un dispensador de comida en cada nivel. Como suponía, ella quería hablar, y él que ella firmase los papeles.

Fue ella la que comenzó a hablar durante el postre.

—¿Cómo se te ha podido ocurrir decírmelo precisamente ahora?

—¿Y qué tiene de malo que sea ahora?

—Joder, podrías haber esperado a que llegásemos a la Tierra.

—¿Y qué diferencia hay? Al fin y al cabo será como si fuese pasado mañana.

—Si, pero no es lo mismo, son veinticuatro años.

—Que pasarás durmiendo sin envejecer.

—¿Y si no puedo dormir?

—Qué tontería, claro que dormirás. El inductor de sueño funciona independientemente del estado anímico del sujeto, y tú lo sabes.

—Hay otra ¿verdad?

—Déjalo.

—Quiero saberlo.

—¿Para qué?

—Por que sí, necesito saberlo.

—Sí, hay otra.

—Joven, supongo.

—Sí, doce años menos que yo.

—Veintidós años. ¿Y no le pareces demasiado mayor?

—Lo justo, según ella. Le gustan maduros y experimentados, como a casi todas las de su edad.

—¿Cómo se llama?

—No te lo voy a decir.

—¿Es guapa al menos?

—Si, a mí me lo parece. Aunque no tiene unas tetas como las tuyas.

—Y te la chupa mejor que yo, ese es tu criterio con las mujeres.

—Es posible, a ti siempre te ha faltado tacto.

—Pues bien que gemías como un perro.

—No sois las únicas que fingís, ¿o que te habías creído?

—¿Y va a esperarte todo este tiempo?

—Ella ya debe haber empezado su hibernación.

—Ya veo, nunca pense que me fueras a hacer esto.

—Lo siento, no es algo que tuviese planeado, estas cosas pasan, ya sabes.

—¡Ya! Sigo pensando que eres un cabrón.

—Y tú una maldita histérica.

Ella se levantó y salió de la habitación entre sollozos y amenazas. Él continuó cenando mientras pensaba en otras cosas.

La voz femenina e impersonal del ordenador informó que quedaban quince minutos para el cierre y sellado de los dos compartimientos individuales de hibernación. Era una medida de seguridad para evitar posibles accidentes en caso de despresurización de la nave. Tenia que estar es su cubierta antes del cierre, o quedaría aislado, y lo que es peor, despierto, durante veinticuatro años. Acabó de cenar y empezó a recoger las bandejas.

—Quedan cinco minutos para el cierre de cubiertas. – Informó de nuevo el ordenador.

—¡Dios mío! – Una bandeja cayó de sus manos. —No será capaz.

Salió corriendo del comedor hacia su cubierta, la primera escotilla hermética estaba cerrada. Pulso el botón de apertura pero nada sucedió. Abrió el panel de seguridad e introdujo su código personal de acceso. La puerta silbó y se abrió.

—Quedan cuatro minutos para el cierre de seguridad. Por favor diríjanse a sus cubiertas.

Llegó al ascensor jadeando, pulsó el botón pero nada sucedió. En la pantalla aparecía el mensaje Ascensor desconectado. Pidió al ordenador la localización de la tripulación. Ella estaba ya en su cubierta. Intentó abortar la secuencia de cierre, pero sólo el oficial de mayor rango podía abortar el salto al hiperespacio. Él no podía. Intentó comunicar con ella pero tenia su línea desconectada.

—¡Hija de puta!

Corrió hacia las escaleras de mantenimiento, luces rojas empezaron a parpadear por los pasillos.

—Atención, quedan tres minutos para el cierre de seguridad.

Arrancó un panel de acceso de la pared y se introdujo en el túnel de servicio. Comenzó a subir por la pequeña escalera. Tenía que subir cuatro niveles. En la pared pintado en rojo estaba el número de nivel en el que se encontraba, 28.

Subía todo lo deprisa que le permitía su cuerpo, cuando llego al nivel 26 resbaló y estuvo a punto de caer doce niveles por un hueco de menos de medio metro cuadrado. Había aceite en la escalera. ¿Habría sido ella?

Finalmente pudo ver el ansiado 24 en rojo un par de metros por encima de él. Chorros de vapor surgieron de las paredes, el túnel empezaba a cerrarse. Si no conseguía parar se quedaría encerrado entre los dos niveles. Pegó un salto y consiguió agarrarse a la escalera justo por encima de la compuerta estanca, esta se cerró aprisionando el cordón de su zapatilla.

Pero ya estaba a salvo, sudando, apoyado contra la pared beso el 24 que había pintado junto a él.

—Así que mejor viuda que divorciada ¿eh?

Se quitó la zapatilla, salió del conducto de servicio y entró en su compartimiento de hibernación.

—Y luego dicen que no son rencorosas. ¡Que me lo digan a mí!

Se desvistió, se colocó los electrodos de monitorización y se tumbó dentro de la cápsula.

La tapa se cerró lentamente y a los pocos segundos dormía sin soñar.

—Buenos días y feliz cumpleaños. – Dijo la monótona voz del ordenador mientras sonaba una relajante música de fondo.

—Te has equivocado de día engendro demoniaco.—Dijo mientras habría los ojos y se desperezaba. – Hoy no es mi cumpleaños. – La intensidad de la luz aumento gradualmente.

Se levantó perezosamente, se vistió mientras su cabeza divagaba todavía en sueños. Dejó de atarse los cordones y levantó la cabeza.

—Se supone que llegábamos tres días antes de mi cumpleaños.

Se acercó a la pantalla del ordenador y miró la fecha. Martes 15 de junio del 2021.

—¡Dios! No puede ser, sólo he dormido un par de meses.

Solicitó una comprobación exhaustiva del sistema. Todo estaba en orden, no había equivocación posible.

Pero todos las compuertas seguían herméticamente cerradas. Eso no era en absoluto normal, o era un fallo estrepitoso del ordenador, cosa que había sido descartada, o por el contrario tenia que haber sido programado.

—¡Si será retorcida la muy zorra!

Ya no albergaba ningún tipo de dudas, había sido ella, se lo había dicho claramente, ésta me la pagas, le había dicho.

Intentó serenarse, se preparó un té con hierbabuena y meditó sobre el asunto.

Tenía que haber alguna solución. Siempre hay alguna solución. ¿O no? Mientras soplaba la taza para enfriar un poco el té, vio una tenue lucecita parpadeando en una de las consolas, se acercó a ella.

Tenía un mensaje escrito esperando en el buzón de correo interno, lo recogió y se sentó en la mesa con su taza de té. Rasgó el sobre y desdobló la hoja bruscamente. Era la letra de ella. Bebió un sorbo de té, inspiró y comenzó a leer.

Querido y amado ex esposo:

Sólo quería felicitarte en tu día y darte mi regalo, deseo que te sorprenda tanto como espero. Como ya habrás podido comprobar, sólo has dormido un par de meses, pero pensé que no querrías perderte una fecha tan especial como esta.

Como regalo quiero que sepas que he firmado y enviado los papeles de divorcio que me diste, supongo que ya habrán llegado, así que ya no estamos casados. ¿Contento?

Ah, se me olvidaba comentarte que he desconectado el programa de hibernación de tú ordenador, así que me temo que no podrás dormir los 24 años del tirón. ¡Que lastima! Bueno espero que disfrutes de tu vigilia forzada. No te aburras mucho ahí solito.

Espero que ella no te encuentre muy mayor cuando lleguemos, pero supongo que el amor no tiene barreras, ni siquiera de edad. ¿No?

Cariñosamente tuya:

Némesis T. Tash

P.D. Se me olvidaba que no te voy a ver en un tiempo así que...

Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades, Felicidades.
© Alfonso Gippini, (1.285 palabras) Créditos
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