
Muchas veces, mis relaciones aún me preguntan por qué un hombre como yo, con los pies tan bien apoyados sobre la tierra pudo dejar de escribir aquellas interesantes novelas realistas que tanto éxito prometían traer, para concentrarse exclusivamente en un género tan distante y volado como lo es la ciencia-ficción. Quienes recuerdan mi juventud, pueden aún verme leyendo novelas policiales y de suspenso, con algunas visitas fugaces al género de espionaje. Y también recordarán mis comienzos literarios como escritor dramático, siempre tratando problemas realistas que perfectamente le podrían estar sucediendo a muchos de aquellos que me rodeaban en esas épocas, siempre historias que bien podrían ser verídicas.
Y sin embargo el cambio en mi actitud fue rotundo y a la vez inmediato, sin que mediara un tiempo para la reflexión y el medir cuantitativa y cualitativamente cuales serían las consecuencias que me traería aparejada tal inesperada metamorfosis creativa. Aún hoy me reprochan por la enorme cantidad de lectores que me abandonaron y cuantos más podría haber captado de continuar con mi línea original, el mal negocio que hice y que se encontraba totalmente peleado con lo que podríamos denominar como algo racional, como algo pensado y meditado largamente, en la cama abrazado a mi inseparable almohada consultora. Los hombres de negocios que tanto abundan en mi familia, aún me critican con dureza por ese tan mal paso que había dado y que parecía no tener ninguna marcha atrás.
La única respuesta que siempre me atreví a darle a mis detractores es que hay cosas que nos ocurren en la vida y que nos condicionan obligándonos a tomar decisiones que, si bien no parecen las más adecuadas, son las únicas que podríamos adoptar. Y por supuesto, nunca hablé con nadie sobre la naturaleza de esas cosas. De más está decir que me juré a mi mismo guardarlas en el más absoluto de los secretos, tanto las circunstancias acaecidas como los orígenes de ciertos pensamientos que aparecen con asiduidad en mis relatos y que equivocadamente los lectores los confundieron con un alegato racista que terminó por complicar aún más mi endeble situación. A pesar de lo que mis críticos llegaron a opinar sobre mí en frases lapidarias, el racismo está muy alejado de mis sentimientos y se sorprenderían sobremanera si llegaran a captar el significado real de esos tan discutidos conceptos.
Pero el tiempo ha ido transcurriendo, ha borrado ciertos temores y aplacado un sinfín de antiguas pesadillas que me han ido acompañando y atormentando en cada momento de mi vida y, ésta me encuentra hoy viejo y pobre, un tanto abandonado y hambriento y sin las ideas que nunca pueden dejar de poblar en la mente imaginativa de un escritor, sobre todo cuando se trata de un autor de un género en el que la imaginación juega un rol tan preponderante.
Es por ese motivo, que hoy he decidido no callar más y, con la esperanza de mejorar mi situación económica, contaré todo, aún sabiendo que nadie creerá mis palabras y, tan solo dirá con un tono aburrido que se trata de otra de mis fantásticas historias de ficción científica.
Fue durante mi juventud, cuando estaba logrando vender mis primeros cuentos dramáticos, cuando escribía en un oscuro y húmedo apartamento interior que utilizaba a modo de oficina, que comenzó todo.
Yo estaba frente a mi vieja máquina de escribir (en aquel entonces aún no se habían inventado los PC que tanto nos simplifican la vida en la actualidad) escribiendo una historia sobre un hombre falsamente acusado de golpear a su mujer y violar a su hijastra y sobre las consecuencias que eso le estaba aportando a su vida en todos los aspectos, cuando alguien con muy poco sentido del oportunismo, golpeó la puerta con temor e insistencia.
Era de noche y me sentía demasiado agotado por el esfuerzo que me estaba deparando ese relato que no imaginaba que abandonaría ese mismo día y ya nunca más volvería a retomar. Al entornar la puerta con desconfianza, vi la presencia de un hombre de escasa estatura y aspecto insignificante que me miraba nervioso y asustado, como esperando a unos perseguidores que en cualquier momento llegarían y el tiempo lo apremiara, mientras temblaba y me imploraba para dejarlo entrar.
Contra todas las reglas que nos dicta la sabiduría de la prudencia, le di cabida a mi condición de escritor plagado de curiosidad y le permití el paso aunque no podía esperar nada trascendente de tal visita.
Se sentó en un destartalado sillón donde, al tiempo que me aceptaba una taza de café que le ofrecí y, mientras lo sorbía aún tembloroso, sus confusas palabras comenzaron a fluir de su boca.
—Sé que no va a creerme, pero lo estuve pensando bien y he decidido contarle a alguien los principales detalles de mi vida y al leer algunos de sus escritos, en seguida comprendí que usted era la persona que tanto andaba buscando. Es ese el motivo por el que hoy estoy aquí hablando con usted —hizo una larga pausa como tratando de buscar las palabras más adecuadas a la situación, y cuando lo logró dijo—; Provengo de un planeta que gira alrededor de la estrella a la que ustedes los terráqueos denominaron con el nombre de Arturo.
—Creo que se equivocó de persona —le interrumpí— Tengo un conocido que escribe ciencia-ficción con gran solvencia, un género que a mí no me interesa y él puede ser el más indicado para escuchar su historia.
—Sé perfectamente a quien me dirijo —se enojó el hombre mientras levantaba la voz—. Un escritor de ciencia-ficción aunque no lo pensara, seguiría ciertos tecnicismos propios del género que a mí no me servirían de nada ya que mi historia no es una fantasía, es realidad pura.
No llegué en ese momento a comprender cómo ese individuo podía seguir insistiendo con la veracidad de tal historia, pero guardé silencio y dejé que continuara. Pensé equivocadamente que una vez que se hubiera retirado, no tendría ningún inconveniente en borrar de mi memoria tal visita y continuar con lo mío. Mi visitante siguió con su alocución, ahora mucho más entusiasta y seguro de sí mismo que al principio.
—Es un planeta que estuvo durante miles de años, dominado por dos grupos étnicos claramente definidos y bien diferenciados. Los Groks fueron por naturaleza los dominadores del mundo, unos seres afortunados, elegidos por el destino, de una belleza sin par que cada vez que realizaban alguno de sus gráciles movimientos o sacaban música de los sonidos de sus labios, las flores se abrían en coloridos pétalos y los pájaros comenzaban a cantar sus dulces melodías, todo el mundo vibraba de emoción al paso de cada uno de ellos. La otra raza, la mía, la de los Rigss en cambió, se la podría definir como el peor adefesio que la madre naturaleza podría haber creado, sentíamos gran vergüenza al mirarnos al espejo o salir a la calle y ser observados hasta por el más estúpido de los animales que, muerto de miedo se escondía en el primer lugar que encontrara.
—Pero yo lo miro a usted y no lo encuentro tan feo —observé.
—Cállese la boca, por favor. Usted no entiende nada. Yo no podría caminar por este planeta con mi forma real sin crear un pánico atroz entre los nativos. Tampoco trate de imaginar qué tan feos éramos porque, por más que lo intente no lo lograría. Llevo conmigo un disfraz que me permite camuflarme con efectividad entre ustedes sin causar ninguna sospecha ni aprehensión —y dicha esta acotación, continuó con su relato—. Los Groks convirtieron a mi pueblo en esclavo y nos dedicamos durante cuatro siglos a humillarnos al servicio de tanta belleza incomparable.
—Espere un poco —volví a interrumpir aún sabiendo que a aquel supuesto alienígena le podría volver a importunar. Pero ante tal disparate filosófico, no podía permanecer callado—. Tengo dos objeciones que hacerle y espero que me permita hablar sin interrumpirme —lo miré con cierta ansiedad y para mi sorpresa, se limitó a asentir. Así que continué—; Lo que usted me está diciendo es terrible desde cualquier punto de vista en que nos pongamos. En primera instancia, el concepto de la estética es algo totalmente subjetivo y depende de la enculturación de los pueblos. Su grupo étnico era considerado feo tan solo porque los Groks o como se llamen se autoproclamaron como lindos y se convirtieron en el ideal de belleza del planeta. Si los Rigss se hubieran independizado y creado un nuevo entorno en algún punto del planeta alejado de los Groks, entonces hoy se definirían a sí mismos como los más hermosos del universo, y no habría nadie en ningún lugar del orbe que pudiera negarlo. Al final ustedes hubieran sido quienes vieran a los Groks como unos rotundos adefesios. Pero veamos alguna situación particular. Por ejemplo, si yo me cruzo en la calle con una mujer gorda y rolliza, mal vestida y a quien le falta la mitad de los dientes, voy a decir que es una fea mujer porque en la Tierra tenemos un ideal femenino asociado con la delgadez y la pulcritud. No obstante lo cual, aunque todos coincidamos con su falta de estética, nadie puede nunca rechazar a la persona ni negar la belleza interior que seguramente tendrá y solo podemos encontrar en caso de que pudiéramos tratarla con cierta profundidad. Estoy seguro que con su pueblo pasa algo similar —y al decirlo, me sentí satisfecho por haber sido tan claro y específico, considerando que lo mío era una verdad tan absoluta que no cabría ningún tipo de respuesta. Sin embargo no fue así.
—Parece difícil hacer entender a un terrícola cual es la realidad que le estoy planteando sin que salga con esas frases antirracistas prearmadas que tanto los caracteriza y les resultan tan útiles. Bien, esos parámetros que usted maneja con tanta soltura y seguridad no se adaptan a lo que es mi mundo. Nosotros nos sentíamos muy agradecidos de los Groks por habernos permitido servirles y compartir con ellos toda su inmensa bondad. Y dábamos todo de nosotros mismos para dejarlos tan satisfechos como ellos se merecían.
La verdad es que yo cada vez entendía menos esa historia. En caso de que fuera cierta, ¿de qué bondad me estaba hablando? ¿Cómo podían ser los Rigss tan ingenuamente alcahuetes de quienes los habían esclavizado con el único pretexto de la belleza y los estaban utilizando como querían para obtener sus propios provechos sin importarles como viviera la contraparte? En fin, preferí dejar de lado mis razonamientos y escuchar lo que venía después que, aunque parezca mentira, resultó ser mucho más espeluznante que lo anterior.
—Hasta que un gobierno Grok lleno de sensibilidad y humanismo se interiorizó de nuestros pesares y proclamó un edicto piadoso en el que ordenaba la muerte inmediata de todos los Rigss. No debía quedar ninguno de nosotros con vida. Aún me emociono y me dan ganas de llorar al recordar tanta delicadeza. Cómo se llenaron de satisfacción todos los corazones de mi raza al escucharlo. Tal vez esa fue la más grande jornada en la historia de mi mundo.
—Pero, ¿qué me está diciendo? —estallé—. Eso que usted me cuenta no es más que el más sangriento y horrible de los holocaustos. Ese gobierno no fue para nada mejor al de Hitler o cualquier otro terrible tirano de los tantos que siempre poblaron nuestro planeta. Supongo que habrá salido todo un gran movimiento de resistencia Rigs para combatir esa absurda barbarie.
—Vuelve usted a equivocarse —cada vez podía yo entender menos tanta tranquila frialdad y resignación de su parte al explicar los pormenores de tal genocidio. Acaso los Groks (porque yo no podía denominar lindos a esos monstruos que actúan de esa manera) habían realizado tal trabajo de lavado de cerebro en los Rigss que cualquiera de ellos aceptaría de buen grado todo lo que viniera de sus patrones, incluso aquello que yo estaba escuchando. Mi visitante continuó—; Toda mi gente aceptó de buen grado esa sabia decisión producto seguramente de largas horas de meditación y de intensas e interminables sesiones de debate que culminaría en el final de los problemas de todo un planeta.
—Lo que yo pienso es que ellos ya no necesitaban más de sus servicios y por eso decidieron acabar con todos ustedes.
Él pareció ignorar mi último comentario y continuó;
—Todos esperaron con entusiasmo ese gran momento y recibieron con alegría el impacto definitivo que acabó con la pesadilla. Hubieron alegres fiestas para celebrarlo y por un momento, todo mi pueblo conoció aunque no más fuera en forma fugaz, el significado de la felicidad. Todos menos yo. Si me lo pregunta, no sé cual fue el motivo que me impulsó a correr como un desesperado que huye del infierno hasta el espaciopuerto y secuestrar la nave que me trajo hasta aquí. Nunca voy a poder perdonarme tanta cobardía de mi parte, ese no aceptar como corresponde el destino que la vida me había asignado junto con mi gente.
—Yo le voy a decir qué fue lo que ocurrió en verdad con usted. Fue su instinto de supervivencia lo que le impidió sumarse a esa orgía de horror y convertirse en otra víctima de esa inmunda masacre. Usted hizo lo correcto al ver que nadie reaccionaba como se debe hacer y salvar cuanto menos su pellejo.
A esa altura de la conversación, pude comprender que él estaba tan congraciado con su relato que ya no prestaba más atención a lo que yo dijera.
—Pero ellos saben que hay un sobreviviente, un fugitivo que hizo que su espléndido trabajo no estuviera culminado al no encontrarse completo. Ellos me están buscando y mi instinto Rigs me indica que están sobre la pista y que hallarme será tan solo cuestión de días. Entonces no volveré a cometer ese error y me enfrentaré a ellos y al fin podré descansar.
En esa etapa de su alocución, yo me encontraba aturdido y destrozado ante esa absurda filosofía extraterrestre. Y también me congraciaba de no pertenecer a ese horrible mundo. En ese momento pense equivocadamente que nunca podría llegar a comprender tales razonamientos que superaban toda mi ingenua comprensión. Mi interlocutor insistió;
—Ya le he contado como fue que llegué a este planeta tan hermoso en el que da gusto vivir, sin lindos ni feos, y cuales fueron los motivos que me trajeron hasta usted. Pienso que mi historia carece de sentido alguno si no me dejo ver ante mi confesor tal como realmente soy. Prepárese que le prometo que no le va a ser fácil resistir lo que está por ver.
Al escuchar estas últimas palabras, levanté ambas cejas con la curiosidad en la mirada y sin preocuparme por el resultado. Estaba seguro que ese individuo no podía ser algo tan feo. Después de todo, esa historia no podía ser real, tanto por lo inverosímil que era como por su absurdo significado. Quedé ahí quieto mirándolo fijamente si proferir palabra alguna, sin siquiera pestañear, aguardando por el momento que a esa altura, se convertía en lo más esperado de todo, en la culminación de nuestro diálogo. Tal vez pasaron solo algunos fugaces instantes, pero para mí, aquello fue algo interminable mientras con indescriptible sorpresa vi como ese pequeño personaje de aspecto insignificante, con ambas manos se estiraba la piel hasta arrancársela para descubrir lo que tan bien se escondía detrás de ella.
Y lo que vi, no existen expresiones en nuestra lengua para describirlo. Aún tiemblo cada vez que intento recordarlo y en este momento, me encuentro transpirando mientras trato de encontrar las palabras exactas. Entre gritos histéricos de terror, vi ese cuerpo de color gris verdoso, como podrido, con una serie de tentáculos que me fue imposible de cuantificar y que se movían de un lado a otro con una cadencia macabra. En su rostro, una trompa similar a un elefante trataba de ocultar esos horribles y saltones ojos desproporcionados para lo que era el pequeño tamaño de su rostro. Poseía tres cortas y obesas piernas peludas que se movían con una torpeza increíble. De sus poros emanaba una sustancia líquida viscosa similar a la baba. Era todo de una repugnancia tal que echaba por tierra lo que yo con tanto convencimiento le había expresado en mi inútil intento de convencerlo de que se encontraba equivocado en todos sus razonamientos.
Mis alaridos previos a mi posterior desmayo, deben haber sido tan fuertes que cuando desperté, descubrí que todos mis vecinos se encontraban allí tratando de reanimarme. Cuando logré hilvanar algunas palabras, fue para preguntar si alguien había llegado a ver al intruso en algún momento.
La respuesta generalizada fue que nadie había alcanzado a ver a nadie que tuviera un aspecto que resultara sospechoso.
Luego de eso, tardé unos cuantos días en recuperarme y volver a mis libros. Algo muy importante había ocurrido en mí y, sabiendo que en el infinito del cosmos existen otras realidades que pueden llegar a ser peores que la nuestra, ya no pude volver a escribir las historias realistas que, en ese entonces tanto me caracterizaban. El hombre injustamente acusado de maltratar a su esposa e intentar violar a su hijastra, quedó en el olvido con todos sus problemas y nunca pensé siquiera en retomar tal relato. En cambio, en la fantasía científica encontré el desahogo a todos mis pánicos que por varios años me impidieron dormir bien durante la noche.
Por piedad a esa pobre criatura llegada del espacio, fue que decidí guardar silencio sobre el asunto y me juré que nunca contaría a nadie tal historia. Hasta ahora logré sin dificultad mantener mi juramento y no revelar a nadie mi terrible secreto. Pero, como ustedes mis lectores de tantas historias imposibles de suceder, pueden comprender, hoy fue la necesidad la que me obligó a cambiar de opinión.
Solo espero por el bien del Rigs que golpeó mi puerta y me convirtió en el último testigo de sus pesares, que sus hermosos perseguidores a quienes me quedé sin conocer, le hayan finalmente dado caza y que pudiera expresar una sonrisa triunfal frente a sus verdugos mientras ellos cumplían con su deber de acabar para siempre con el peor engendro que la naturaleza pueda haber alguna vez legado al universo.
FIN