Introducción

Marte, el cuarto planeta del sistema solar, ha sido, a lo largo de la historia de la humanidad, objeto de estudio, análisis y suposiciones. Desde su lejanía, o por desconocimiento, la cultura popular mostró interés por las historias que se tejían en torno a su misterio creando para la ciencia-ficción interesantes y prolíficas obras. Con mencionar la historia de los canales de Marte o de un tema recurrente como es la idea que se tiene de una potencial invasión extraterrestre, tenemos ríos de tinta.
Sin embargo en este caso nos ocuparemos de una obra del comic argentino que aborda la temática del planeta rojo pero desde una óptica diferente, con un giro de tuerca que nos aleja de lo que nos tenía acostumbrados el comic y la ciencia-ficción en general respecto a Marte.
Se puede decir que la historieta argentina alcanza su madurez con El Eternauta, allá a mediados del siglo XX, más precisamente en 1957. Desde esos años a la fecha ha sido recurrente el argumento de una invasión alienígena, tanto desde afuera del sistema solar como desde nuestros planetas vecinos, en particular de la belicosa Marte.
La obra en que me enfoco hoy es una historieta muy setentera
, muy a caballo de las obras de cine, literatura y comic, tanto europeo como norteamericano, de la época. Es que la segunda mitad del siglo XX marca el acercamiento por el humano a los misterios del universo con sus precarios y diminutos pasos hacia el más allá. Son los tiempos del comienzo de la carrera espacial con los primeros y endebles naves y satélites. Luego llegaría la carrera hasta la Luna y, con las sondas en los 1970, la desmitificación, o el conocimiento acabado, de la superficie marciana y la muerte del romanticismo sobre la facilidad de afincarse el ser humano en el cosmos.
Atrás van a quedar los canales marcianos
, los habitantes verdes o las historias de lucha y conquista de la tierra por habitantes marcianos. Así vemos que para los años 1970 será abundante el material literario, gráfico y fílmico sobre la conquista del universo y la lucha entre civilizaciones.
Los escritores, guionistas y dibujantes que abordaré no estaban ajenos a estas obras, indudablemente. Prueba de ello es, sólo por enumerar, algunas de las historietas argentinas de ciencia-ficción de la segunda mitad del siglo XX que comienzan a mirar hacia las estrellas y en particular al cuarto planeta del sistema solar.
Entre las obras anteriores a Yo, Ciborg y que abordan la temática del planeta rojo en el comic argentino tenemos: Rolo, el marciano adoptivo, publicado en 1957. Esta es una obra de Héctor G. Oesterheld y Solano López, que también publican Marcianeros, entre los años 1962 y 1964, en la revista Super Misterix.
En 1969 se comienza a publica Gilgamesh, el inmortal en la Editorial Columba con guión y dibujo de Olivera, y más tarde, ya bien entrados en los 1970, llegarán Ronar, Planeta Rojo y Galaxia Cero, generando un subgénero muy definido en el comic. Dentro de esta fiebre por el planeta rojo, se encuentra Yo, Ciborg.
Yo, ciborg

Este fue un comic muy famoso en su época, no solo por el talento de sus creadores, conocidos largamente en Europa, sino también por la calidad de la obra en general.
La miniserie constó de ocho (8) episodios publicados todos en 1978 en la Revista Skorpio Gran Color[1], de Ediciones Record, Argentina, entre los números 42 al 49. Recordemos que eran épocas de grandes batallas revisteriles entre la mencionada y la otra gran Editorial Columba que, como si de una batalla ideológica se tratara, enfrentaba a las revistas Tony, Dartagnan o Intervalo con las de Ediciones Record: Skorpio y Tit Bits, por citar algunas.
Esta miniserie luego sería recopilada y publicada en un tomo integral por Ediciones Record en el año 1991. Los capítulos que fueron recopilados de la revista Skorpio son:
- nº 1 Desde el fondo de los mares muertos
- nº 2 El que se venga
- nº 3 Humano
- nº 4 Sopla viento del desierto
- nº 5 El humano de Ciudad Muerta
- nº 6 El Que Pregunta A Las Estrellas
- nº 7 Resurrección
- nº 8 Yo, humano.
Sus creadores

El dibujo estuvo a cargo de Ricardo Lucho
Olivera, (1942-2005), quien estudió en la Escuela Panamericana de Arte con Hugo Pratt y Alberto Breccia y su estilo cargado y detallista denota definitivamente la influencia de este último.
Gracias a la calidad de su trabajo atrae la atención de la editorial de Héctor Oesterheld, por lo que comienza a trabajar para las revistas Frontera y Hora Cero ilustrando varias portadas durante esos años. Pronto se sumará a Misterix y en 1964 publica su primera obra con guión propio, Legión Extranjera.
El salto a la fama vendría, sin embargo, con su colaboración en las revistas de la Editorial Columba. Desde junio de 1969, había comenzado a dibujar con guión propio una historieta sobre Gilgamesh, el inmortal, en la que trasladaba al héroe y semi Dios sumerio a un entorno de ciencia-ficción post-apocalíptica.
Para Ediciones Record desarrollaría historias de ciencia-ficción (Galaxia Cero, Yo, Ciborg, Planeta Rojo o la aventura heroica Ronar), en las que el uso de la sombra volvería a ser protagónico en cada una de sus viñetas llegando siempre a romper con la cuadrícula clásica con imágenes potentes y cargadas de oscuridad.
Trabajó hasta poco antes de su muerte, en Buenos Aires, el 11 de noviembre de 2005.

Por su parte el guionista fue el también excelente Alfredo J. Grassi, quizás el más grande escritor pulp argentino de la época. Nacido en el interior de la Argentina hacia 1925 comenzó a publicar en 1946 con el seudónimo de Fred W. Seymour. En los 1950 colaboró en la revista Bucanero s, y luego en las editoriales Columba y Récord, entre muchas otras, usando varios seudónimos. Fue autor de la tira Dick, el Artillero, para el King Features Syndicate, y de medio centenar de novelas policiales y de ciencia-ficción.
En los mismos años 1950 publicó una gran cantidad de novelas policiales para la Editorial Acme, fue traductor de la famosa colección de libros juveniles Robin Hood y dirigió la revista Pistas del Espacio (1957-1959), sucesora de la célebre Más Allá (1953-1957).
También editó la revista Centuria, que incluyó mucho material de ciencia-ficción, principalmente de su autoría, con su nombre o con seudónimo. También cultivó la novela de cowboys y escribió guiones de historietas para múltiples editoriales argentinas e italianas.
Buena parte de sus relatos de ciencia-ficción están reunidos en Y LAS ESTRELLAS CAERÁN (Buenos Aires, M. E. S. A., 1967) y EN LA ISLA Y OTROS RELATOS DE FANTASÍA (Buenos Aires, Junco, 1970), además de aparecer en varias antologías. A lo largo de su carrera ha utilizado casi una treintena de seudónimos.
Grassi falleció el 17 de agosto de 2018, habiendo sido guionista, docente, escritor, poeta, traductor, cineasta, periodista y político.
Trama de la obra

Ambientada en un lejano año 2265 esta es una obra que podría catalogarse tanto de ciencia-ficción como de fantasía heroica como también de distopía cruda. Vamos a toparnos con varios tópicos que, para la época, se habían vuelto clásicos: el uso de una tecnología muy avanzada, ciborgs, futuros distópicos bastante lejanos o por lo menos sin ubicación cronológica y un protagonista, Hoc, con serios conflictos psicológicos y shockeado cuando descubre que es un ciborg y dónde se encuentra luchando.
Así al comienzo de la obra, en el primer episodio, vamos a ver a tres personas dentro de una nave que no saben muy bien qué es lo que está sucediendo. Desde la primera viñeta se aprecia el trabajo de Lucho Olivera, ya a esta altura con un estilo precioso y definido. En mi caso veo los trazos similares a su Gilgamesh, el Inmortal como también en Ronar.
En definitiva estos habitantes de la nave intentan escapar, luego descubren que están dentro de un vehículo, una especie de tanque que conocen como Vehículo
, que a su vez es el único sitio seguro que conocen en todo el universo y que no saben el por qué.
Esto los agobia, el encierro los enloquece y el obvio deseo de saber que ocurre los atormenta. Hoc no recuerda ni siquiera su nombre, y lo peor de todo es que no lo sabría de no ser por los robots asistentes que custodian el vehículo y asisten a los humanos. Párrafo aparte merecen los gráficos de los robots con una estética muy setentera.
Pronto descubrirá, al intentar escapar este grupo, que no están luchando contra marcianos que invaden la Tierra sino que es rehén de una situación humillante, así logra aliarse con los otros seres humanos para escapar al exterior.
A puro rayo láser, con armas largas excelentemente imaginadas por Lucho Olivera, y sin saber qué hallarán en el exterior, logran vencer a los robots. Sin embargo el resto de los compañeros muere y, sintiendo que la verdad se encuentra fuera, logra llegar al exterior.
Al ganar la salida al exterior es herido por uno de los robots. Esto le hará descubrir algo espeluznante para él, su cuerpo no es humano. La herida de su pierna le deja al descubierto circuitos electrónicos, cables y metales retorcidos. Rápidamente comprende que es un ciborg con un cerebro humano. Y eso es lo que refuerza su anhelo de ver el afuera.
Al observar el horizonte descubre la gran verdad: no fueron los marcianos quienes invadieron la Tierra, sino que son ellos los invasores y que han aniquilado el planeta rojo.
Con esa premisa, la de descubrir la verdad, se formula varias preguntas que se irán desarrollando a lo largo del resto de los ocho episodios. Muchas de las preguntas tienen una excesiva carga existencialista: qué soy, quien soy, donde está mi cuerpo, porqué me han hecho esto.
Entonces decide luchar contra los mismos humanos que lo han mantenido engañado y que también deben estar luchando engañados, por tanto se une a las dispersas tropas marcianas para defender el planeta rojo.
En este momento es preciso resaltar la exquisita la pluma de Olivera para retratar bellas mujeres casi desnudas o musculosos hombres con cascos similares a los vikingos que montan extraños monstruos similares a los extintos dinosaurios del planeta Tierra, entre otras locuras plasmadas en dibujos cargados de números y signos casi oníricos.
Por otra parte, el personaje principal, Hoc , es un ser fibroso, sus venas surcan el torso desnudo, muy propio de los años 1970, que es plasmado por un sutil juego de sombras propio de Olivera que comienza con un detalle puntilloso desde la cabeza y al descender los trazos llegan a ser más básicos y poco definidos. Ello le da una profundidad y un sentido de agobio por las imágenes que llenan el espacio de fondo de cada viñeta propio de Lucho Olivera.
En Ediciones Record podemos leer[2]:
.Su anhelo de respuestas lo llevan a convertirse en el líder de la resistencia, en el Señor de la Guerra. Pero eso no lo satisface, necesita respuestas concretas. Así conoce a Zedh, un científico con más de mil años vividos que sólo anhela conocimiento. Con su promesa de devolverle un cuerpo humano, Hoc emprende su nuevo objetivo: recuperar su cuerpo de la nave madre terrestre. Claro que conseguir llegar a ella no es tarea fácil. En el camino se topará con enemigos, con seres vivos y mecánicos, con monstruos que se tornarán aliados por necesidad. Finalmente, cual recompensa por su inagotable perseverancia, Hoc recupera su cuerpo. Y junto con él, su memoria. Él, que ha sido traidor a sus congéneres terrestres, que ha jugado un papel importante en la liberación de Marte, no deja de ser un humano. Un extraño sin futuro. Un paria destinado a vagar por el cuarto planeta del sistema solar
Así es que como único sobreviviente de su tropa deambulara sólo por el inhóspito mundo buscando la forma de volver a ser hombre. Un paria destinado a vagar por el cuarto planeta del sistema solar.
Algo típico de estas historias son el tono melancólico y el abordaje de la psicología de los personajes, situación que se verá también en la más extensa Gilgamesh, el Inmortal. Abundan los soliloquios, el pensamiento intimista sobre su lugar en el cosmos y en este caso el tema central, el derecho a defenderse de una invasión injusta.
Un párrafo aparte merece los gráficos de las naves espaciales que son gigantescas y ocupan con precisión todo el fondo de las viñetas. Son las naves generacionales, las grandes ciudades que surcan el espacio perdidas sin poder regresar a su casa. Olivera se aprovecha de la estética de 2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO al retratar interiores ascéticos, trajes espaciales pegados al cuerpo, seres sin un gramo de grasa, algunas pantallas o tableros planos cargados de números y ecuaciones.
Volviendo a la historia, Hoc acaba dando con Zedh, un científico casi eterno que sólo desea llegar al conocimiento de todo. Este le promete devolverle su cuerpo humano y Hoc emprende su nueva empresa, recuperar su cuerpo de una nave madre de las fuerzas de la Tierra. Quizás es la única crítica negativa que se le puede hacer a la obra desde lo argumental, aunque cabe destacar que esta sub trama le otorga una densidad existencialista que le concede mayor densidad al comic.
El arte

Solo resta agregar que los dibujos de Olivera, en blanco y negro, son monumentales, a tal punto que se come la historia. Solo él sabe plasmar con trazos sucios y violentos pero a la vez detallistas al extremo a un planeta Marte moribundo y lleno de delirios y maquinarias imposibles. Las mujeres que imagina harían empalidecer a Bo Derek o a Sofía Loren y los hombres pueden andar en cueros mostrando sus fibrosos cuerpos, muy de los 1970 y comienzos de los 1980, muy parecidos a los culturistas inflados por anabólicos.
Párrafo aparte merecen las máquinas que recorren el planeta y las naves espaciales y la imagen final con las grandes cabezas como totems de la Isla de Pascua es brutal.
En definitiva, una obra con más de 40 años que no ha perdido vigencia, que envejeció con muchísima nobleza, que al día de hoy se vende en comiquerías y en mercados de usados y abunda en páginas web con su fans bien en lo alto.

