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La gran historia de las novelas de a duro, 25
El diseño de cubierta de la colección La Conquista del Espacio
por Antonio Quintana Carrandi

Tiempo estimado de lectura: 6 min 51 seg

LA CARCEL AZUL

Durante las décadas de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, el mercado de bolsilibros de ciencia-ficción estuvo monopolizado en España por dos legendarias editoriales: Toray y Valenciana. Mas a inicios de los setenta, el gigante Bruguera, que estaba acaparando lenta pero inexorablemente el mercado de las llamadas novelas de a duro, consciente del tirón que ejercía la ciencia-ficción entre un buen número de lectores, decidió crear una colección dedicada en exclusiva a dicho género. Hasta entonces, lo más aproximado a la ciencia-ficción que había publicado la empresa de Francisco Bruguera había sido la colección DANS: Enviado Secreto, claramente inspirada en la franquicia cinematográfica de James Bond 007, que por aquel entonces hacía furor. Las novelas de DANS se inscribían, por tanto, en el género denominado de espionaje, pero muchos de sus argumentos incluían importantes componentes de fantasía científica, por lo que puede afirmarse que algunas de aquellas historias eran, más bien, relatos de ciencia-ficción. Es posible que el éxito de la serie híbrida DANS animara a la dirección editorial a lanzar una colección de ciencia-ficción. Como sea, resulta bastante significativo que la cancelación de la popular serie de agentes secretos coincidiera casi con la aparición de La Conquista del Espacio.

La Conquista del Espacio fue una colección extraordinariamente longeva, pues se mantuvo en el mercado durante dieciséis años consecutivos, publicando más de 700 títulos, lo que la convierte también en la serie de bolsilibros de ciencia-ficción que más obras sacó al mercado. Espacio duró más años, pero editó menos títulos al ser de periodicidad quincenal. Para los aficionados de mi generación, los que andamos por la cuarentena, La Conquista del Espacio significó nuestra toma de contacto con la literatura de ciencia-ficción. Por ello, aunque no tengamos más remedio que reconocer que bastantes de aquellas novelas, releídas hoy, resultan increíbles, esta inolvidable colección ocupará siempre un lugar muy especial en nuestros recuerdos de aficionados al género.

Como todas las series de bolsilibros, el diseño gráfico de La Conquista del Espacio sufrió numerosos cambios a lo largo de su existencia. Seguidamente veremos cómo fueron evolucionando las cubiertas de la serie a lo largo de los años.

EL LARGO DÍA DE LOS ROBOTS

En el diseño que inauguró la colección, claramente inspirado en otro empleado por la serie Espacio de Toray, en la cubierta, sobre fondo negro, aparecían diversos círculos de colores, de distintos tamaños, representando, sin duda, planetas o estrellas. En la parte inferior izquierda de la portada aparecía dibujado un cohete de los de toda la vida. En la zona superior, en grandes letras azules, ligeramente desiguales, aparecía el título de la novela. En el lado izquierdo, justo encima del cohete, iba el seudónimo del autor, en letras de color rosado, dentro de un pequeño círculo de color generalmente azul, tan claro que casi tiraba a blancuzco. La ilustración alusiva al contenido de cada novela quedaba encerrada en un círculo de regular tamaño que ocupaba la mayor parte del centro de la cubierta, y bajo éste, en el ángulo inferior derecho, había un círculo blanco que encerraba la inscripción: Bolsilibros Bruguera. Serie La Conquista del espacio. La primera parte de la inscripción aparecía en caracteres de pequeño tamaño y color negro, mientras que el nombre de la colección ocupaba la mitad del círculo, en mayúsculas del mismo color que el nombre del autor de la novela. Un detalle curioso es que los cantos de las novelas eran de colores surtidos, no como en Espacio, que eran de un solo color, o Luchadores, en la que formaban parte del dibujo de cubierta. No era éste, ciertamente, un diseño atractivo, ya que la ilustración de portada, que junto a un título sugestivo debería atraer la atención del potencial lector, quedaba reducida a su mínima expresión. Pero por suerte no se mantuvo durante demasiado tiempo.

El segundo diseño, aparecido entre los años 1972/3, representó un cambio radical. Recordemos que el formato estándar del bolsilibro era de 15 x 10 cm. Pues bien; el nuevo diseño aprovechaba ésta de una forma bastante más racional que el original. Una franja de color negro se extendía a todo lo ancho de la cubierta, con un grosor de 3,5 cm. En la parte izquierda de dicha franja aparecía una sección cuadrada, pero con los perfiles redondeados, de no mucho más de 2 x 2 cm. Dicha sección estaba dividida en tres franjas, con el fondo blanco las de los extremos superior e inferior, y rojo la central. La franja superior era la más estrecha, y en ella, en mayúsculas de pequeño tamaño y color negro, se leía Bolsilibros Bruguera; las dos franjas restantes eran, aproximadamente, del mismo grosor. En la central, destacando claramente sobre el fondo rojo, aparecían, en letras amarillas, las palabras Ciencia-ficción. La franja inferior mostraba, en primer término, la palabra serie, en mayúsculas de pequeño tamaño; y debajo, en dos líneas bien diferenciadas, la conquista DEL ESPACIO, así, con la primera parte de la frase en minúsculas y la segunda en mayúsculas, de color negro. Dentro de la misma franja superior negra, y a la derecha, se mostraba el título de la obra, siempre en mayúsculas blancas de buen tamaño, y bajo éste, en minúsculas amarillas mucho más pequeñas, el autor. Debajo de la franja negra había otra, de 2 cm de grosor, a lo largo de la cual, en grandes mayúsculas de color rosado sobre fondo blanco se leía CIENCIA-FICCIÓN. El resto de la cubierta se dedicaba a la portada de la obra propiamente dicha. De entre todos los diseños que ostentó la colección, éste fue mi favorito. Pero tampoco duró demasiado, ya que en 1975 la editorial volvió a alterar la maquetación de las cubiertas.

ENIGMA

La remodelación de las portadas mantuvo la franja superior negra, suprimiendo la sección cuadrangular de la zona izquierda de la misma, siendo sustituida por otra rectangular, situada en posición vertical, de unos 2,5 cm de alto por 2 de ancho. El fondo de este rectángulo vertical era de color marrón claro, estando bordeado por una cenefa de fondo blanco, ligeramente más ancha en el lado más próximo al lomo de la novela. A lo largo de esa parte más ancha de la cenefa blanca estaba la inscripción Bolsilibros Bruguera, en pequeñas mayúsculas negras. Sobre la ancha franja marrón, podía leerse, en dos líneas superpuestas, la ya consabida frase la conquista del ESPACIO, así, tal como lo transcribo; las tres primeras palabras iban en la línea superior, en minúsculas de color negro, y la palabra espacio inmediatamente debajo, en mayúsculas blancas, de un tamaño al menos dos veces superior. El título de la novela y el nombre del autor iban igual que en el modelo anterior, aunque el seudónimo del escritor aparecía en mayúsculas, no en minúsculas, y de un tamaño ligeramente mayor. La ilustración, obviamente, ocupaba el resto de la cubierta. Un detalle que llama la atención es que, a pesar del cambio de diseño, no siempre se respetó escrupulosamente éste. La cubierta de MEGASISTEMA, por ejemplo, número 252 de la colección, publicada en junio de 1975, se ajusta milimétricamente a lo anteriormente descrito; por el contrario, la de ISLOTE EN EL COSMOS, número 300, aparecida en mayo de 1976, es idéntica en todo al último diseño descrito, salvo en un detalle: el nombre del autor, Glenn Parrish, viene en minúsculas amarillas como en el segundo diseño expuesto.

Y aquí he de mencionar un curiosísimo detalle que no puede por menos que llamarnos la atención. El tercero de los diseños descritos se generalizó a partir de la segunda mitad de los años setenta, pero parece ser que la editorial decidió probarlo un poco antes, ya que EL BUSCADOR DE ENERGÍA, número 117, aparecida en noviembre de 1972, muestra esa misma maquetación en la misma época en la que el resto de las novelas de la colección salían con el segundo diseño de portada.

El tercer diseño descrito se mantuvo, con pequeños cambios, hasta la década de los ochenta. Las principales alteraciones fueron que la anchura de la franja superior negra se redujo a 3 cm, y la de la blanca a sólo 1 cm, lo que, lógicamente, obligó a reducir el tamaño de los caracteres. Además, la franja rectangular vertical, en la que venía el nombre de la editorial y el epígrafe de la colección mantuvo sus dimensiones originales, invadiendo ligeramente la franja blanca en la que se leían las palabras ciencia-ficción. Esta reducción de las franjas superiores dejó un poco más de espacio para la ilustración, pero no demasiado.

A finales de 1980 se introducen nuevos cambios en las cubiertas. La franja superior negra reduce su grosor aún más, quedándose en 2,5 cm, mientras la blanca mantiene las mismas dimensiones que en el modelo anterior. Con esto se ganó un poquito más de espacio para la ilustración. El cambio principal lo ostenta la franja superior vertical, que sigue teniendo las mismas dimensiones, sólo que el reborde blanco tenía el mismo grosor por todas partes, apenas un milímetro. El fondo seguía siendo marrón, ligeramente más oscuro que en versiones anteriores. En cuanto al texto, aparecía dispuesto horizontalmente, por lo que no había que girar la novela para leerlo.

EL PLANETA TENEBROSO

El modelo básico se mantuvo hasta casi la desaparición de la editorial. El siguiente cambio afectó sólo a la franja superior vertical, que se dividió en dos zonas, una más gruesa de fondo negro, en la que se podía leer el nombre de la editora, Bruguera, en grandes caracteres, alternando el color amarillo con el blanco, y debajo, en pequeños caracteres mayúsculos blancos la palabra bolsilibros; y una mucho más estrecha, de fondo blanco, donde se mostraba la palabra futuro en mayúsculas azules. El nombre de la colección venía junto a esta franja vertical, en el borde próximo al lomo de la novela, y la inscripción rezaba únicamente conquista espacio en mayúsculas blancas de pequeño tamaño sobre fondo negro. Pero a pesar de todo, La Conquista del Espacio aún cambió radicalmente la maquetación de su cubierta un par de veces, en una especie de canto del cisne. La primera fue cuando decidió que la ilustración ocupara casi toda la portada, para lo cual eliminó las franjas superiores, excepto la vertical, que se mantuvo más o menos como en el diseño anterior; el nombre del autor y el título de la obra aparecían en caracteres de colores surtidos. Este diseño fue el que menos duró hasta entonces. Como curiosidad, cabe mencionar que por esta época la editorial unificó la estética de sus dos colecciones de ciencia-ficción, de forma que las cubiertas de La Conquista del Espacio y Héroes del Espacio pasaron a ser casi idénticas, resaltando en las mismas el nombre genérico Bruguera Futuro.

Cuando se aproximaba el principio del fin de la editorial, ésta modificó de nuevo el formato de sus novelas, que pasaron a 17,5 x 10 cm, formato idéntico al que emplearon, en los años sesenta, las colecciones DANS y Bonanza. Toda la cubierta se presentó con un fondo azul claro, ligeramente difuminado en su parte inferior. En su parte superior, entre dos largas rayas, venía el nombre de la colección, La conquista del espacio, en caracteres blancos, que imitaban el diseño de los textos que aparecen al inicio de las películas de Star Wars. En esta cubierta destaca una especie de estrella de múltiples puntas, en la que aparecía el anuncio de una promoción por la que la editorial sorteaba entre sus lectores un millón de pesetas de la época. Este concurso fue lanzado poco antes de estrenarse este formato, apareciendo también en el diseño inmediatamente anterior, y alternando la estrella su posición en la cubierta, siendo su fondo amarillo y los caracteres negros. Mas abajo, hacia el lado del lomo de la novela, aparecía el título de la obra, en mayúsculas blancas, y bajo éste, un rectángulo que encerraba la ilustración de cubierta propiamente dicha. Abajo, en la zona derecha de la portada, había una serie de rayas o renglones, algunos de los cuales parecían perderse detrás del rectángulo que encuadraba la ilustración. La separación entre los dos últimos renglones era mucho mayor que entre los anteriores, y contenido entre ellos, se leía el nombre del autor, en caracteres azul oscuro de buen tamaño. El nombre de la editorial aparecía en la parte inferior central de la cubierta, en mayúsculas negras, contenidas así mismo entre dos renglones negros. Al igual que ocurría con el inaugural, éste también dejaba la ilustración reducida al mínimo, por lo que puede considerársele como el peor de todos los diseños de cubierta que ostentó la colección.

PERROS DEL ESPACIO

La Conquista del Espacio tuvo un logotipo que se mantuvo a lo largo de casi toda su historia, una especie de ave estilizada o cosa semejante. Al principio, dicho logotipo ocupaba la primera página de la novela, con el título genérico de la colección al pie. Más adelante, fue reemplazado por la ilustración de una nave espacial, con el nombre de la colección al pie y el ya famoso gato negro de Bruguera en la parte superior derecha de la página. De todas formas, el logotipo original se mantuvo en la página tres, en la que venían el autor, el título de la obra, nombre de la colección, número del volumen y, durante algún tiempo, la frase aparece los viernes, relativa al día de la semana en que se distribuían los nuevos ejemplares por los kioscos. El logotipo propiamente dicho aparecía en la parte inferior izquierda de la página, en tamaño muy reducido; y debajo del mismo, el nombre de la editorial y las principales capitales en la que ésta estaba implantada, empezando, claro está, por la propia Barcelona.

Según me ha comentado José Carlos Canalda, cuyas aportaciones y sugerencias agradezco sinceramente desde estas líneas, en un principio La Conquista del Espacio contó con una plantilla de dibujantes propios, que realizaban los dibujos de cubierta ciñéndose lo más posible a las indicaciones de los autores. Pero más adelante la editorial pasó a comprar las ilustraciones a una agencia, colocando a cada título la que primero caía, sin preocuparse de que tuviera la más mínima relación con el argumento de la novela. La racanería de la editorial en este sentido llegó al extremo de repetir una y otra vez la misma portada para distintas novelas de diferentes autores, por lo que coincido plenamente con Canalda al considerar éstas prácticas como una chapuza, que redujo considerablemente la calidad gráfica de las cubiertas.

Cuando apareció el último diseño descrito, Bruguera había entrado ya en una crisis de la que no saldría. Poco después, la empresa se fue al garete y sus activos fueron adquiridos por el Grupo Zeta, que a través de su sello Ediciones B, decidió lanzar en los noventa una reducida pero interesante reedición de La Conquista del Espacio. Pero esa es otra historia.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.471 palabras) Créditos
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