Sitio de Ciencia-Ficción
Opinión.EnsayoLeídoVistoPensadoJugado
La gran historia de las novelas de a duro, 42
Héroes del espacio, la otra colección de Bruguera
por José Carlos Canalda

Tiempo estimado de lectura: 3 min 37 seg

UN MUNDO MUERTO

Al igual que hiciera años atrás la editorial Toray, Bruguera siguió la política comercial de complementar su colección principal de ciencia-ficción, La Conquista del Espacio, con otras, de las cuales la más importante sería con diferencia Héroes del Espacio, que alcanzó los 244 títulos, una cantidad mayor que la de la mayoría de las colecciones de bolsilibros de ciencia-ficción; de hecho, tan sólo sería superada por la propia La Conquista del Espacio, Espacio y Galaxia 2001. Si además tenemos en cuenta que esta última colección se nutrió básicamente de reediciones, la conclusión es que Héroes del Espacio fue la tercera colección en importancia en lo que respecta a la edición de novelas inéditas, la inmensa mayoría de su catálogo. Como se ve, fue todo un éxito desde el punto de vista comercial, manteniéndose en el mercado durante un total de cinco años, entre 1980 y 1985, con una periodicidad semanal.

Lo curioso del caso es que Héroes del Espacio no nació como una colección de Bruguera, sino de la editorial Ceres, pasando a depender de la primera a partir del número 155 de la colección. Claro está que este traspaso tuvo su truco.

En realidad Ceres era una filial de Bruguera que acabaría siendo absorbida por su casa matriz. La razón de su existencia no fue otra que la del destape, algo que nos suena ya a rancio a estas alturas pero que, recién acabada la dictadura franquista, llegó a alcanzar bastante relevancia en nuestro país. Como es sabido, una de las obsesiones del régimen franquista fue la represión de todo lo relacionado con el sexo, y en consecuencia hasta prácticamente el mismo momento de la muerte del dictador estuvo prohibido todo cuanto pudiera tener el más mínimo tufillo erótico... hasta unos extremos tan absurdos que mueven hoy a risa, como han dejado claro los historiadores de la torpe y cegata censura de la época. En el caso concreto de los bolsilibros, independientemente del género, es sabido que tenía que haber un romance, pero casto y pasando por la vicaría, al tiempo que la indumentaria —y no digo ya el comportamiento— de las protagonistas femeninas no podía rebasar los férreos cauces del decoro.

La situación cambió por completo en 1975 y, una vez caídas las barreras, al españolito medio le entró la fiebre del erotismo. Como consecuencia, las publicaciones y películas subidas de tono, que ya en los años previos habían bordeado los límites permitidos, ahora entraron de lleno en el erotismo, cuando no en la pornografía más descarnada, siempre para alimentar el hambre de carne —en el sentido bíblico— de los ciudadanos de la época. Evidentemente se trató de un fenómeno efímero que se fue desinflando poco a poco conforme pasaban los años, pero en su momento alcanzó bastante auge y, en consecuencia, movió bastante dinero.

Como es natural, el filón no les podía pasar desapercibido a los responsables de una editorial tan industrializada como Bruguera. El problema era que ésta tenía una imagen fuertemente ligada al público infantil y juvenil, por lo que habría chocado bastante, y quizá causado rechazo, la ampliación del negocio al área eufemísticamente denominada para adultos.

AMOR DESDE LAS ESTRELLAS

La solución arbitrada fue sencilla: crear una editorial, aparentemente distinta de Bruguera, especializada en esta temática para adultos que parecía ser tan poco conveniente dentro de una editorial familiar; acababa de nacer Ediciones Ceres. Aunque llegó a correr el rumor de que ambas empresas tenían sus respectivas sedes en un mismo edificio, pero con entradas en diferentes calles, en realidad se encontraban en lugares distintos (Bruguera en Camps y Fabrés 5, y Ceres en Agramunt 8, ambas en Barcelona) pero eso sí cercanos.

Dentro de sus diferentes líneas editoriales, algunas con títulos tan explícitos como Sexy Flash o Sexy Star, Ceres abrió en 1980, como ya ha sido comentado, la colección de bolsilibros, Héroes del Espacio, dedicada al género de la ciencia-ficción y dirigida por el veterano Enrique Martínez Fariñas. Aunque su formato era similar en todo al de su hermana mayor y los autores eran los de la casa, firmando asimismo con sus seudónimos habituales, en un principio se marcaron diferencias entre ambas colecciones, ya que desde el mismo número 1 quedaba bien claro en la portada que era una publicación Sólo para adultos, cosa que no ocurría por aquel entonces —las cosas cambiarían más adelante— en La Conquista del Espacio.

Huelga decir que la razón para esta restricción no era otra que unos argumentos subidos de tono respecto a la tónica habitual de la otra colección, sicalipsis que hoy nos parecería infantil cuando no decididamente ridícula... pero entonces era otra época, y tenía su mercado fiel. Así pues, la colección cuajó.

Allá por 1983, tal como he comentado anteriormente, Ceres fue absorbida por Bruguera, con lo cual desapareció el simulacro de su fingida independencia. Este cambio, que coincidió con el número 155 de la colección, no supuso más modificación que la correspondiente al logotipo de la editorial, ya que todo lo demás continuó exactamente igual. Eso sí, fueron las portadas de La Conquista del Espacio las que experimentaron entonces la inclusión de un rótulo, más discreto dicho sea de paso que el de la colección hermana, en el que se advertía de que se trataba de novelas aptas sólo para mayores de 18 años. Así pues, y al menos sobre el papel, todas ellas eran ya para adultos, lo que suponía un cambio drástico respecto a la política editorial típica de editoriales como Toray o Valenciana, e incluso de la propia Bruguera durante los primeros años de La Conquista del Espacio, que habían enfocado tradicionalmente sus respectivas colecciones futuristas hacia un lector adolescente o juvenil.

LEYENDA SIN TIEMPO

En la práctica, según ha comentado Ángel Torres Quesada, este cambio supuso la desaparición total de fronteras entre ambas colecciones, hasta el punto de que los autores mandaban sus originales a la editorial y era ésta la que decidía en cual de las dos colecciones se publicaba. Dado que tanto La Conquista del Espacio como Héroes del Espacio tenían una periodicidad semanal, la oferta al lector simplemente se duplicaba, algo a tener en cuenta dado que durante esos años previos al gran colapso de mitad de la década, aunque Bruguera no contaba con ninguna competencia de talla, sí aparecieron varias pequeñas colecciones de otras editoriales que intentaron morderle su pequeña cuota de mercado.

Nada más se puede decir de Héroes del Espacio, salvo insistir en su condición de réplica de la colección hermana; de hecho, con el tiempo las portadas de ambas colecciones irían evolucionando hacia una presentación común que compartía hasta el mismo logotipo, rotulado como Bruguera. Bolsilibros Futuro; sólo un pequeño texto situado al lado de éste diferenciaba entre las dos colecciones que, eso sí, mantuvieron cada una su propia numeración.

El final de Héroes del Espacio tuvo lugar, junto con el resto de las colecciones de Bruguera, a raíz del colapso de la editorial a mediados de la década de los ochenta. Hasta entonces se había mantenido siguiendo una política de edición de títulos inéditos, salvo poco antes del final, cuando se recurrió, al igual que ocurriera en La Conquista del Espacio, a un reducido número de reediciones —cuatro en total— todas ellas procedentes, por cierto de la colección hermana. En total fueron, ya lo he comentado anteriormente, 244 títulos, repartidos de la siguiente manera entre los diferentes seudónimos, con indicación de los correspondientes a cada uno:

José Carlos Canalda
© José Carlos Canalda, (1.307 palabras) Créditos
*Comentar este artículo (Ya hay 1 comentario)
 

Para una referencia más amplia sobre Héroes del espacio puedes consultar:
StartPage DuckDuckGo Qwant MS Bing Google Yahoo
Este artículo ha sido leído 3127 veces desde el 25/07/10

Las opi­nio­nes expre­sa­das en los ar­tí­cu­los son de exclu­si­va res­pon­sa­bi­li­dad del co­la­bo­ra­dor fir­man­te, y no re­fle­jan, sal­vo ad­he­sión explí­ci­ta, los pun­tos de vis­ta del res­to de co­la­bo­ra­do­res ni de la ad­mi­nistra­ción del Sitio.

El Sitio no recopila datos de los navegantes y (casi) no usa cookies.ExplícameloTe creo