
A finales del siglo XIX no existía una concepción clara de la ciencia-ficción como un género literario aparte, y esto permitía a los escritores, incluso a los escritores serios, incorporar libremente temáticas científicas y tecnológicas a sus obras, con mayor o menor fortuna, bien para desarrollar tópicos filosóficos o sociológicos, bien sea para facturar obras de pura entretención. Quizás el más brillante de esta hornada de escritores es el británico H. G. Wells (Herbert George Wells) quien combina en su obra los tres grandes valores de un gran estilo literario, argumentos entretenidos, y profundas ideas filosóficas de fondo. Wells nació en 1866, y por tanto alcanzó la treintena en el apogeo de la Era Victoriana, en que el Imperio Británico alcanzó su máxima extensión y poderío, y miraba un tanto compasivamente al resto de la Humanidad que no habían tenido la suerte de nacer bajo la égida de las Islas Británicas. Wells se inclinó hacia el Socialismo Fabiano (los fabianos fueron ancestros de lo que después será el Partido Laborista Británico) lo que en la Inglaterra de su tiempo era lo más cercano a ser un extremista de ideas peligrosas. Y defendió sus ideas en numerosos escritos, de ficción y no ficción. Hoy en día es conocido por sus novelas de ciencia-ficción, pero se olvida que escribió por ejemplo el ESQUEMA DE LA HISTORIA, criticada en su tiempo por los eruditos, y de espíritu un tanto desactualizado hoy en día, pero muy popular en su época como obra de divulgación historiográfica para las masas.

La primera obra de ciencia-ficción de Wells es LA MÁQUINA DEL TIEMPO, publicada en 1895. Es una novela relativamente corta, que describe las peripecias de un personaje identificado sólo como el Viajero, quien, desilusionado de su propia época, viaja hasta el año 802.701 después de Cristo, sólo para encontrar que la Humanidad futura se ha dividido en dos razas, los indolentes y estupidizados Eloi por un lado, y los degenerados y caníbales Morlock por el otro, utilizando los segundos como rebaño a los primeros. En el subtexto hay una fuerte crítica al sentimiento victoriano de superioridad: el protagonista viaja hacia el futuro porque con la constante evolución humana éste debería ser cada vez más brillante, sólo para encontrarse con una cruel decepción. En lo relativo a la ciencia-ficción, si bien no es la primera historia de viajes en el tiempo, sí es la primera en la cual el protagonista recurre a medios científicos y no mágicos, e incluso se anticipa en diez años a Albert Einstein, al hipotetizar que el tiempo no sería sino una cuarta dimensión adicional a las otras tres dimensiones espaciales (largo, ancho y alto) En 1960 se hizo una muy estimable adaptación cinematográfica (LA MÁQUINA DEL TIEMPO en Latinoamérica y EL TIEMPO EN SUS MANOS en España) mientras que la del año 2002, aunque visualmente espectacular, queda un tanto en deuda en el apartado filosófico.
En 1897 publicó EL HOMBRE INVISIBLE. Tampoco es la primera novela sobre la invisibilidad, pero sí la primera en que ésta se obtiene por medios estrictamente técnicos. Al igual que el Viajero, el Hombre Invisible de Wells es un descastado, un hombre a quien la tecnología ha puesto fuera de su tiempo y lugar. Es, en definitiva, un hombre deshumanizado. Un poco por su propia ambición, un poco por ser perseguido y acorralado, el Hombre Invisible se vuelve amoral y deviene en amenaza contra la sociedad establecida. De este modo, Wells construye una profunda alegoría sobre los peligros de la maquinización y la desindividuación de las personas en una sociedad industrial y de masas:no debe ser casualidad que una de las últimas escenas de la novela transcurra en Macy´s, un gran superalmacén londinense que es el modelo de todos los almacenes que venden ropa estandarizada y moda estandarizada a las personas, en nuestros días. La más célebre adaptación de esta novela es EL HOMBRE INVISIBLE de 1933, que aunque muy bien servida por el actor Claude Rains (absolutamente invisible, por supuesto) peca de simplismo al transformar al protagonista en un científico loco sin más.

En 1898 publicó LA GUERRA DE LOS MUNDOS, la primera novela sobre invasiones extraterrestres a gran escala de que se tenga noticia. Nuevamente Wells juega a invertir los valores de la sociedad victoriana: menciona explícitamente al comienzo que entre los curiosos hábitos mentales ingleses estaba el despreciar a las otras razas, culturas y civilizaciones como inferiores. El resto de la novela está dedicado a qué puede hacer una de esas razas inferiores cuando viene a Inglaterra armada de trípodes de combate y rayos de la muerte (ancestro del rayo láser) Y peor aún: muestra que los bienpensantes y educados victorianos, frente a una invasión de esas características, pierden toda compostura y se transforman en salvajes brutales degradados hasta sus instintos más básicos, en su carrera frenética por sobrevivir. No es casualidad que esta novela haya sido adaptada con gran presupuesto para el cine en Estados Unidos, la principal potencia planetaria del siglo XX, en dos momentos muy críticos de su historia: una en 1953, en plena paranoia anticomunista, y en otra en 2005, respondiendo a la paranoia posterior al 9-11...
No son las únicas obras wellsianas de ciencia-ficción. Influyentes resultaron también LA ISLA DEL DOCTOR MOREAU y LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA, aunque un tanto opacadas por el brillo superior de las ya reseñadas. Wells alcanzó a vivir lo suficiente como para ver el inicio y término de la Segunda Guerra Mundial, y por tanto vivió para presenciar el derrumbe de la esperanza británica de dominar a la Humanidad, que él criticó tan ácidamente. La obra de Wells sentó las bases de la ciencia-ficción como una literatura seria y apta para tratar temas muy profundos y filosóficos sobre la sociedad y el devenir de la raza humana. Pero a su lado creció otra veta distinta, más aventurera y popular, que cristalizó no en novelas, sino en las revistas pulp. A la larga, y durante muchas décadas, sería lo pulpesco y no lo serio o intelectual, lo que predominaría por décadas al interior del género.
