
El 30 de junio de 1938 apareció el primer número de la revista Action Comics, y el mundo del cómic, y más en genérico de la cultura popular, ya no volvió a ser el mismo. Porque en dicho número venía, en su famosa portada, dibujado Superman, el primer superhéroe en su primera aparición. Venerado como símbolo de la democracia y la justicia, y denostado también como emblema de la hegemonía política estadounidense, Superman es uno de los escasos personajes de los cuales se puede decir que no deja indiferente a nadie. Superman fue el primero de los superhéroes, fijó muchas de las características de sus correlatos, y creó una frondosa legión de ellos. Por un tema de derechos, sólo DC Comics y Marvel Comics tienen derecho en la actualidad a usar la palabra superhéroe, pero eso no impide que en la cultura popular se les llame así también a otras creaciones que comparten ciertas características. En primer lugar, sus poderes o facultades sobrehumanas. En segundo lugar, un traje de batalla y como contrapartida una identidad secreta que proteger. En tercer lugar, la lucha contra el crimen, con un fuerte sentido moral de por medio.
La idea del héroe superior a la Humanidad no es nueva. En la Biblia aparecen los profetas, y su superioridad deviene de una elección hecha por Dios para revelar su Palabra. En la Mitología Griega aparecen los semidioses, con sangre divina y humana a un tiempo, que por ello, aunque mortales, son capaces de proezas sobrehumanas. Y en la cultura moderna hay numerosos héroes que fuerzan su humanidad al máximo para luchar por la justicia, muchas veces también bajo una identidad secreta: la Pimpinela Escarlata, el Zorro, Scaramouche... Pero con Superman, a todo esto se le da un trasfondo moderno, una actualización a lo que era el siglo XX. En la vereda culta o erudita, también la figura del superhéroe había sido cara a cierta filosofía que rendía culto a los hombres ejemplares: el Ubermensch de Friedrich Nietzsche, el cesarismo de Theodore Mommsen... El mundo estaba por tanto bien preparado para aceptar a héroes más grandes que el ser humano, que sin embargo lucharan a favor de éste.
Superman es claramente un héroe de ciencia-ficción. Sus superpoderes no derivan de la magia o de orígenes divinos, sino de una explicación puramente materialista, y que podía ser más o menos aceptable para lo que eran los estándares de la ciencia popular de 1938; en ese sentido, es el correlato en el cómic de lo que significó FRANKENSTEIN para la época industrial temprana, o Lovecraft para el terror. La explicación de los superpoderes de Superman entra de lleno en la lógica del pulp: es un alienígena procedente del planeta Krypton, y los kriptonianos tenían una densidad molecular superior a la de los humanos (después esto se modificó, y se explicaron los poderes de Superman por su exposición al Sol amarillo de la Tierra) El principal villano enemigo de Superman era Lex Luthor, que en esos años respondía al científico loco de toda la vida, arquetipo explotado hasta la saciedad en los pulps de la época, diseñando nuevas creaciones tecnológicas para aniquilar a Superman, por supuesto que sin éxito.
La llegada de Superman originó toda una avalancha de superhéroes. No todos ellos tenían trasfondo de ciencia-ficción (Shazam, por ejemplo, tenía un trasfondo mágico, emparentado con los mitos egipcios) Pero entre los que tenían un trasfondo relacionado aunque sea de manera vaga con la ciencia-ficción, los había procedentes de otras razas, como la amazona Mujer Maravilla o el atlante Namor. O héroes en principio humanos, que recurrían a artefactos tecnológicos de última generación para luchar contra el crimen, como Batman. Esto, cuando el propio héroe no era una criatura tecnológica, como la Antorcha Humana, que en su primera encarnación era un robot capaz de encenderse en flamas (la moderna Antorcha Humana, en versión Marvel, tiene un trasfondo distinto)

Una terrible calamidad que azotó a la Humanidad, resultó una bendición para los superhéroes: la Segunda Guerra Mundial. Aunque Estados Unidos se mantuvo aparte de ésta por algunos años, a finales de 1941 ingresó a la misma, y con ello, los superhéroes se alistaron en el bando de los Aliados, y en contra de los nazis. Los superhéroes pasaron entonces a ser una encarnación del patriotismo americano en los Estados Unidos. Por alguna extraña razón, en la Alemania Nazi no se desarrolló ningún superhéroe que defendiera las ideas nazis, y eso que parecía allí el terreno más abonado para estas invenciones. Después de todo, la idea de que un ser humano es físicamente superior, y utiliza esta superioridad para un ideal moral que es también intrínsecamente superior, imponiendo este ideal por la fuerza si es preciso (y debe serlo, si se quiere el componente espectacular que representa una buena pelea dibujada en la historieta) es, como se ha hecho notar en ocasiones, un concepto bastante próximo a las ideas nazis. Por otra parte, en Alemania fue donde se desarrollaron muchas doctrinas sobre la superioridad racial, incluso a inicios del siglo XIX, mucho antes de que Hitler llegara al poder. En cualquier caso, los superhéroes ya habían adquirido una gran presencia en el mundo de la cultura popular, y ya no la abandonarían hasta los días hoy por hoy corrientes.
