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Crónicas CienciaFiccionísticas, 33
El arquitecto del Multiverso
por Guillermo Ríos Álvarez

Tiempo estimado de lectura: 2 min 04 seg

Michael Moorcock

Quizás la mayor prueba de que el propio concepto de ciencia-ficción estaba en entredicho, en los años de la Nueva Ola, es el Multiverso de Michael Moorcock. Ya hemos mencionado en las Crónicas CienciaFiccionísticas, la influencia que tuvo Moorcock como editor. Pero también Moorcock ha sido un escritor terriblemente prolífico. Su aporte fundamental, descontando su trabajo como editor, fue haberle dado forma y cuerpo al Multiverso, una de las mitologías más ricas y complejas de la ciencia-ficción.

En puridad, no puede considerarse al Multiverso como ciencia-ficción propiamente tal, sino como un constructo en donde confluyen numerosos géneros literarios. El Multiverso no nació de la noche a la mañana, sino que fue edificado a partir de sagas individuales... que no eran necesariamente de ciencia-ficción. De hecho, las novelas más populares dentro del Multiverso de Moorcock son las de espadas y brujerías a lo Conan el Bárbaro, no las de ciencia-ficción (en particular el ciclo de Elric de Melniboné y su espada Stormbringer) Cada uno de estos ciclos (Elric, Corum, Dorian Hawkmoon...) puede ser leído de manera independiente porque en el fondo parten con una novela seguida de varias secuelas. Pero Moorcock, a la vez, tejió varios cruces entre ellas, haciéndolas partícipes de un mismo gran universo con múltiples planos entre sí. Cada uno de estos planos es un universo como el nuestro, o más o menos. De ahí que en algunos universos del Multiverso funcionan las leyes de la magia, mientras que en otros rige la ciencia. En términos de género, lo que hizo Moorcock fue básicamente intrincar sus relatos de Fantasía Heroica contra un marco general que pertenece a la vieja teoría de los universos paralelos propia de la ciencia-ficción a partir de los trabajos de Murray Leinster de un cuarto de siglo atrás.

El garaje hermético de Jerry Cornelius

El hilo conductor de toda la saga es el Campeón Eterno, una especie de espíritu errante que es un héroe reencarnado miles de veces o quizás millones de veces a través de todo el Multiverso: Elric, Corum, Jerry Cornelius, todos ellos no son sino encarnaciones del mismo espíritu a lo largo de los siglos, los años luz y los universos. Dicho Campeón Eterno está llamado a luchar siempre para mantener el equilibrio entre el Orden y el Caos. Este es otro detalle importante: Moorcock consigue romper casi por completo con la influencia de la ética cristiana del bien y el mal. En el Multiverso no hay ni bien ni mal como fuerzas contrapuestas: existe el Orden y el Caos. Ambos deben mantenerse en equilibrio si los universos van a seguir funcionando. Si el Caos vence, el universo en cuestión se destruye, pero si el Orden vence, ese mismo universo se paraliza. De ahí que el Campeón Eterno sea efectivamente eterno: así es como debe permanecer para que el equilibrio sea una y otra vez reestablecido a través de los interminables conflictos internos entre héroes, naciones e incluso dioses.

No es demasiado difícil oler el aroma de la década de 1960 en los planteamientos filosóficos de fondo. La idea del Orden contra el Caos, la negación implícita del Cristianismo (Moorcock no es explícitamente anticristiano, sólo se limita a desconocer el bien y el mal en la manera cristiana de concebirlos) y la idea de una cosmología en la que no habrá ningún triunfo definitivo y en que todos están condenados a seguir luchando una y otra vez, tiene mucho que ver con las concepciones filosóficas que en esos años venían llegando desde la India. La idea del Campeón Eterno casi sobrehumano es casi un trasunto del Ubermensch (superhombre) de Nietzsche: irónicamente, aunque de manera quizás no demasiado sorprendente, Moorcock profesa ideas colindantes con el anarquismo.

Interesantemente, debido a que cada obra es a la vez una historia de aventuras como los pulps de toda la vida, y una pieza de un entramado superior, ninguna ha conseguido destacarse de manera absolutamente meridiana sobre el resto, y así el Multiverso puede ser considerado como una única gigantesca hipernovela con varias decenas de tomos. Y en su mezcla de géneros, Moorcock sentó las bases para la disolución de los límites de la ciencia-ficción. En muchos sentidos, el Multiverso de Moorcock abrió el camino para que los fanáticos de la ciencia-ficción pudieran comenzar a salir del ghetto en que habían vivido durante la Era Campbelliana, aunque al mezclarse, lo fueran a hacer con personas de aficiones colindantes con lo friki, y no todavía con la cultura mainstream.

© Guillermo Ríos Álvarez, (744 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Guillermocracia el 17 de abril de 2011
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