La Gran Esperanza Blanca de las producciones de ciencia-ficción de finales de los 90, resultó uno de las sagas más, a priori, decepcionantes de los últimos años, pero vayamos por partes.

a) Lo que pudo ser: MATRIX revolucionó la estética y la ética de las películas de ciencia-ficción de género prospectivo aleando elementos provenientes de filmes (TERMINATOR, sobretodo, de quien hereda parte de su interesante argumento), comics (el manga de Masamune Shirow, Ghost on the Shell) e, incluso, la filosofía (el mito de la caverna) o la religión (Mesianismo). Los efectos especiales, fusionados en el argumento a la manera cameroniana, crearon escuela (BLADE II, UNDERWORLD, SCARY MOVIE …), y las peculariedades intelectuales de su argumento generó un debate similar al que, el culto y los estudios posteriores a su estreno, generó la película Blade Runner. Pero es que, además, el primer MATRIX era una película de ciencia-ficción parabólica fundamentada en un mcguffin apasionante (La realidad que conocemos no es sino una fachada aparente, una simulación, que los robots del futuro ofrecen a los humanos que, sin saberlo, constituyen su propia fuente energética), y sobretodo, un film de acción espectacular, inspirado, y magníficamente resuelto.

b) El camino que optó por seguir: A pesar de un espectacular prefacio (persecución en autopista incluida) que servía para vincular el fascinante pastiche filosófico-religioso-tecnológico que alimentaba el argumento del primer MATRIX con una bacanal preñada de autorreferencias, MATRIX RELOADED se convierte en una especie de remake de su precedente, espectacular pero más insatisfactorio, una especie de prólogo alargado de la tercera parte y, en consecuencia, en un producto difícil de digerir (exceptuando sus loables soluciones, cercanas ya a la parodia, en el campo del cine de acción), confuso e insustancial. La serie daba muestras de desgaste incluso antes de consolidarse como tal y los Wachowski, más preocupados por la trascendencia que por la eficacia, desaprovechaban, como también le ocurre a muchos de sus coetáneos, a Monica Bellucci. Imperdonable.

c) El resultado final: MÁTRIX REVOLUTIONS concluye el serial protagonizado por Neo, el gran Superhéroe de inspiración metafísica creado para el celuloide por unos hermanos aficionados a la intertextualización cinéfila, con una notable dignidad. Renuncia, seguramente porque el desarrollo de la idea caverno-platónica no daba más de sí, al cariz filosófico de la primera parte pero, con la misma servidumbre, amplifica su sentido religioso y multiétnico. Apuesta, de forma apasionada, por la espectacularidad de la batalla (con algunos planos subjetivos que nos retrotraen a existosos videojuegos de los noventa), y resuelve casi todas las filiaciones insinuadas en sus precedentes (aun con un cierto grado de distanciamiento) Se constituye, en definitiva, en un producto de acción y ciencia-ficción de altos vuelos (y nunca mejor dicho) dispuesto a perpetuar alguna de sus soluciones creativas en la retina de un subconsciente cinéfilo demasiadas veces saboteado por los seguidores de Michael Bay. Pero la historia primigenia se merecía algo más y nuestro subconsciente metacinéfilo quedó defraudado parcialmente.
Atrás había quedado un inicio brillante culminado con cierta fatiga, como si de algún modo, las propuestas (si no originales, sí al menos) adultas y revolucionarias que subyacían en el primer entramado hubieran supuesto, algunos ya lo preveían, una cúspide creativa de la que tan sólo hacían falta un par de apéndices más o menos artificiosos (pero, insisto, espectaculares) para saciar del todo el apetito expectante que generó su matriz, en una película que apuesta, en fin, por la fuerza bruta en detrimento de otras formas de pacificación más dialogantes porque, como la propia Trinity subraya frente a Merovingio en un pasaje del film: Ya está(ba) bien de chorradas
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