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Crónicas CienciaFiccionísticas, 15
Entra el cómic de ciencia-ficción
por Guillermo Ríos Álvarez

Tiempo estimado de lectura: 2 min 28 seg

Buck Rogers

En paralelo al desarrollo del cine de ciencia-ficción, otro arte prototípico del siglo XX empezaba a gestarse: el cómic. Las historietas o tebeos, según el país, tuvieron su puntapié oficial en 1895, con el nacimiento del Yellow Kid, obra pionera en desarrollar una enorme cantidad de recursos que después se harían estándares del género: la división de la trama en viñetas, los bocadillos o globos de texto que representan lo que dicen o piensan los personajes, etcétera. Estas cosas, en muchos casos, ya se habían inventado antes, pero Yellow Kid las englobó todas de manera orgánica por primera vez. Aunque no hubo todavía historietas prototípicamente de ciencia-ficción, sí muchas de ellas apuntan hacia lo fantástico: Yellow Kid mismo no, pero sí Little Nemo, sobre un niño que tenía los más extravagantes sueños, o Crazy Kat con su mundo un tanto surrealista.

Como ocurrió en el terreno de la Literatura y el Cine de ciencia-ficción, no hubo inicialmente una conciencia clara de estar haciendo cómics sobre temas científicos. Muchas historias incidían más bien sobre una base de aventuras, y la ciencia era un condimento más de la fórmula. En esto, los cómics eran contemporáneos espirituales de los matarratos pulps, con sus romances planetarios y sus edisonadas varias. Pero en la década de 1930, cuando a consecuencias de la visión de Hugo Gernsback empezaba a imponerse, en Estados Unidos por lo menos, la idea de que la ciencia-ficción era algo aparte del resto de las creaciones artísticas, también el cómic de ciencia-ficción empezó a perfilarse.

La primera historieta presentada claramente como una de ciencia-ficción fue Buck Rogers en el siglo XXV, estrenada como tira diaria en los periódicos el 07 de enero de 1929. En estricto sentido, Buck Rogers es una adaptación, porque el personaje había aparecido ya, en forma novelada, en 1928. La premisa de la historieta era simple: el protagonista, Buck Rogers, quedaba por un accidente en animación suspendida, y venía a volver en sí durante el siglo XXV. En su nueva época vivía fascinantes aventuras combatiendo a favor de la Humanidad y en contra de distintos villanos. La historieta se inscribe plenamente dentro de la visión tecnooptimista del futuro, en que la sociedad humana futura era una verdadera utopía, sólo perturbada de cuando en cuando por amenazas de ambiciosos villanos ávidos de apoderárselo todo. Buck Rogers generó imitaciones; entre ellas, la que tomó mayor personalidad fue probablemente Brick Bradford. El héroe, Brick Bradford, estaba premunido de un Trompo del Tiempo, con el cual vivía aventuras tan pulpescas como las de Buck Rogers, pero desplazándose entre distintas épocas y lugares, y luchando por tanto contra un espectro más variado de amenazas.

Flash Gordon
Flash Gordon

En 1934 llegó la que sería la historieta de romance planetario por excelencia: Flash Gordon. La trama de Flash Gordon era simple: un trío de personajes (el científico Zarkhov, la periodista Dale Arden y el deportista Flash Gordon) viajaban al planeta Mongo, en donde debían lidiar con las fuerzas del malvado Ming el Despiadado, el terrible tirano del planeta. El cómic es una destilación de todo lo que el romance planetario había desarrollado hasta el minuto, incluyendo aventuras en ambientación exótica, héroe apolíneo plantando cara al mal, y un maligno tirano que representaba el tópico, muy de su tiempo, del peligro amarillo, sólo que ahora, transplantado a un mundo alienígena. En este mundo alienígena, por cierto, sin mucha coherencia narrativa, con simple afán de causar asombro, convivían magias ancestrales y bestias míticas con avanzadísimas tecnologías, incluyendo naves espaciales y rayos de la muerte. Pero la revolución de Alex Raymond no se limitó a llevar el romance planetario clásico hasta sus últimos límites: además, fue un innovador en primera línea del lenguaje de las historietas, incrementando espectacularmente su componente épico, y preparando de esta manera lo que después iba a ser el cómic de superhéroes. Esto, a pesar de que en sentido estricto Flash Gordon no es un superhéroe, porque no tiene superpoderes ni habilidades sobrehumanas, salvo una mente rápida y hábil para descubrir salidas en situaciones de vida o muerte, la que deviene en última instancia de su trasfondo como deportista de éxito en la Tierra.

El éxito de estas historietas es comprensible, ya que el medio presentaba significativas ventajas. Sobre la literatura, tenía el poder de crear imágenes evocativas, mientras que la palabra escrita obligaba a tener que imaginarse el ambiente según las descripciones del texto, los cuales, todo hay que decirlo, en esa época no siempre estaban escritos de manera demasiado literaria. Sobre el cine, por su parte, era más barata de producir, y sus imágenes podían ser más poderosas; en ese tiempo, recordemos, la industria de efectos especiales para el cine, a pesar de los poderosos avances realizados con KING KONG (1933) aún seguían bastante en pañales. Y siempre era más barato dibujar una historieta e imprimirla, que filmar una película. Pero durante la década de 1930, la historieta seguía tomando, sino las historias mismas, al menos las ambientaciones y los personajes, de la literatura escrita de la época precampbelliana. Sin embargo, así como la Literatura de ciencia-ficción afrontó la Revolución Campbelliana en 1937, la historieta de ciencia-ficción hizo lo propio al año siguiente, puesto que en 1938 nació el primer gran personaje de ciencia-ficción del que se puede predicar que es, ante todo, historieta pura: Superman.

© Guillermo Ríos Álvarez, (891 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Guillermocracia el 12 de diciembre de 2010
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