
Contra todo pronóstico, EL PLANETA DE LOS SIMIOS (PLANET OF THE APES, Franklin J. Schaffner, 1968) fue un exitazo, convirtiéndose no sólo en uno de los principales títulos del cine de ciencia-ficción de los 60, sino en un gran clásico del género. La película, que se filmó gracias a la férrea determinación del productor Arthur P. Jacobs y de Charlton Heston, proporcionó pingües beneficios a las arcas de la Fox. Jacobs, propietario de los derechos cinematográficos de la novela de Pierre Boulle, se propuso aprovechar el filón rodando una secuela, y los Estudios estuvieron de acuerdo, porque sería una forma de rentabilizar los decorados de la anterior cinta, así como el vestuario y los objetos de atrezo. Sin embargo, puesto que se presuponía que, aun siendo un éxito, la secuela no generaría tantas ganancias como la cinta original, se redujo bastante la dotación económica de la misma, lo que afectó a varias partidas presupuestarias. Donde más se nota esto es en el apartado de maquillaje, pues sólo se elaboraron complejas mascaras de simio para los actores principales. Así, en la escena del consejo simio, si nos fijamos bien utilizando el zoom del DVD, apreciaremos que los figurantes llevan simples caretas de mono, que dan el pego en las escenas generales, pero que no resultarían creíbles en primeros planos.
El guión fue obra de Paul Dehn, que pergeñó una historia muy interesante, en la que una nueva expedición de astronautas americanos llega al planeta de los simios en busca de Taylor y sus compañeros. La nave se estrella, y el único superviviente, Brent (James Franciscus), emprende la búsqueda del coronel Taylor, descubriendo muy pronto las peculiaridades de ese mundo. Con ayuda de la doctora Zira y el inefable Cornelius (Aurelio en el doblaje español) tratará de llevar a cabo su misión.

Sin igualar los logros de su ilustre predecesora, REGRESO AL PLANETA DE LOS SIMIOS (BENEATH THE PLANET OF THE APES, Ted Post, 1970) se reveló como una digna continuación del film de Schaffner. Es espectacular e inquietante a un tiempo, y en ella se critica el racismo y el militarismo exacerbados a través de la facción gorila, cuyo líder, el general Ursus (James Gregory), utiliza una tristemente famosa frase, pronunciada por el general Philip H. Sheridan durante las guerras indias: El único humano (indio) bueno, es el humano muerto
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Ante la difícil situación de la comunidad simia, que apenas puede cubrir las necesidades alimenticias de su gente, Ursus aboga por conquistar nuevos territorios para expandir sus cultivos. Con el doctor Zaius y Ursus al frente, la expedición armada simia se adentra en la zona prohibida, sin saber que en los subterráneos de una antigua ciudad humana sobrevive un grupo de mutantes, que adora un poderoso artefacto nuclear, capaz de borrar todo rastro de vida de la faz de la Tierra. Taylor es prisionero de estas criaturas, y Brent y Nova también son capturados por ellas. Los mutantes, telépatas que poseen el poder de influir sobre las mentes de los demás, haciéndoles ver lo que no existe, tratan de detener al ejército simio, pero no lo consiguen. En el clímax de la película, tras una batalla campal entre Taylor, Brent y los simios, el personaje de Heston, herido de muerte, activa el mecanismo nuclear antes de perecer, destruyendo así el planeta de los simios; es decir, la Tierra del futuro.
Además de Charlton Heston como Taylor, y Maurice Adams como Zaius, repitieron protagonismo Kim Hunter en el papel de la doctora Zira y Linda Harrison en el rol de la hermosa Nova. Por las razones que fueran, Roddy McDowall no participó en la cinta, de modo que el papel de Aurelio fue interpretado por David Watson. Natalie Trundy interpretó el personaje de Albina. Esta actriz participaría en todas las secuelas, dando vida a una científica en la tercera entrega y a la esposa de César, Lisa, en las dos últimas cintas de la saga.
REGRESO AL PLANETA DE LOS SIMIOS funcionó muy bien en taquilla, por lo que Jacobs acarició la idea de rodar un tercer largometraje. El problema era que el film de Post concluía con la total destrucción del planeta de los simios, así que... ¿cómo desarrollar una continuación, si todo el mundo había perecido? Tras darle muchas vueltas al magín, Jacobs tuvo una idea. ¿Y si todos los simios no hubieran muerto en el holocausto nuclear? ¿Y si Zira y Aurelio, de alguna forma, hubieran logrado abandonar el planeta antes de la hecatombe, y, viajando atrás en el tiempo, hubieran llegado al siglo XX? De inmediato participó esta idea a Paul Dehn, encargándole escribir un argumento basado en ella.

Dehn no lo tuvo fácil, y, de hecho, HUIDA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (ESCAPE FROM THE PLANET OF THE APES, Don Taylor, 1971), aun siendo una cinta estimable, tiene fallos de guión tremendos, que a poco que se medite sobre ellos restan credibilidad al film. La pretensión de unos simios pilotando una nave espacial canta por peteneras, y la explicación que dan los monos es sencillamente increíble. Según Zira y Aurelio, su compañero, el doctor Milo (Sal Mineo), una especie de Einstein de la sociedad simia, un genio adelantado a su tiempo, encontró la nave de Taylor, la rescató del mar y la reparó. Más increíble aún resulta que el tal Milo no sólo aprendiera a manejarla en un tiempo record, sino que lograra lanzarla al espacio sin disponer de un cohete impulsor para ello. Por muy inteligente que fuera, y suponiendo que la nave hubiera quedado varada en una playa y pudiera ser recuperada, por pura lógica Milo jamás habría conseguido ni siquiera comprender los rudimentos del viaje espacial. Pero es que, para más abundamiento, en la película se dice que la nave usada por los simios para arribar al siglo XX es la primera que llegó a su mundo, o sea, la de Taylor. Y en la película original la astronave de Taylor cayó en el mar, cerca de la costa, teniendo sus tripulantes que abandonarla porque en el casco se abrieron varias vías de agua. Es decir, que la nave se hundió. La cultura simia, al menos por lo que se ve en la cinta, no habría desarrollado elementos de navegación, y aunque así fuera, indudablemente no tendría sumergibles. ¿Cómo entonces pudo Milo rescatarla del fondo marino? Por otra parte, la nave en la que llegan los simios parece mucho más pequeña que la de Taylor. Al comienzo de EL PLANETA DE LOS SIMIOS se aprecia su espacioso interior, dividido en dos secciones, la de pilotaje y la que ocupan las cuatro cámaras de hibernación. La vista en HUIDA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS tiene, indudablemente, un tamaño mucho más reducido. Otra incongruencia más.
Pero si se dejan a un lado los detalles que acabo de comentar, esta tercera entrega simia se revela como una de las más brillantes. El guión es como una inversión del de la película original. Ahora son Zira y Aurelio los especímenes objeto de estudio. Si Taylor sufrió lo indecible a manos de los monos inteligentes, Aurelio y Zira alcanzarán una popularidad global, siendo agasajados casi como héroes. Pero, al mismo tiempo, despertaran el temor de las altas esferas de la política y la ciencia estadounidenses, que, tras someter a interrogatorio a Zira recurriendo a algún suero de la verdad, conocen cómo era, o será, la vida de los humanos en el futuro y lo que le ocurrió, u ocurrirá, a Taylor. A partir de ese momento, la pareja de chimpancés se convierte en una seria amenaza, mucho más grave cuando se descubre que la hembra está encinta. Ante la sospecha de que los humanos pretenden matar al bebé simio, y esterilizarlos a ellos para que nunca más puedan procrear, Zira y Aurelio, con la ayuda del doctor Lewis Dixon (Bradford Dillman) y la doctora Stephanie Branton (Natalie Trundy) huyen, encontrando temporal refugio en el circo de Armando (Ricardo Montalban).
Mi personaje favorito de este film es el doctor Otto Haslein, al que da vida Eric Braeden, protagonista de ese gran clásico de la ciencia-ficción setentera que es COLOSSUS: EL PROYECTO PROHIBIDO (COLOSSUS: THE FORBIN PROYECT, Joseph Sargent, 1970). Hasslein es el único que desde el principio ve a los simios como una amenaza, y los hechos le darán la razón. Aun admitiendo que su rol es el del villano de la función, cuyo destino es acabar abatido a tiros por Aurelio, sospecho que, como me ocurrió a mí, gran parte de los espectadores se sintió identificada con él. Hasslein no es esencialmente malo, sino sólo un científico que considera su deber velar por la preservación de la civilización humana, y a esa tarea dedica todos sus esfuerzos. Es también el primero que sospecha cómo es, o será, el futuro planeta de los simios, y el trato que recibirán los hombres por parte de los monos. Sólo él repara en que Zira ha estado a punto de declarar que diseccionó a varios humanos, y que, al percatarse de su lapsus, se apresuró a cambiar el verbo diseccionar por el de examinar. En cierto modo, Hasslein viene a ser, en HUIDA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS, el igual de Zaius en EL PLANETA DE LOS SIMIOS, y sus motivaciones son idénticas.
Con una correcta dirección de Don Taylor y unas estupendas interpretaciones de todo el elenco, HUIDA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS fue otro taquillazo, que animó a Jacobs a emprender el rodaje de un nuevo film.

LA REBELIÓN DE LOS SIMIOS (CONQUEST OF THE PLANET OF THE APES, J. Lee Thompson, 1972) presentaba unos Estados Unidos, a diecinueve años en el futuro, que se habían convertido en un estado policial, y donde las urbes habían crecido tanto que cada una tenía su propio gobernador. Los acontecimientos predichos por Zira y Aurelio en la anterior película se han producido tal como ellos contaron, pero con siglos de antelación. Una extraña plaga, traída por astronautas, ha provocado la extinción de perros y gatos, y la humanidad ha elegido a los simios como animales de compañía. Pero, tal como predijeron Aurelio y Zira, los humanos han acabado convirtiendo a los simios en sus esclavos, pues estos pueden desempeñar tareas que les estarían vedadas a canes y felinos.
Las autoridades, a pesar de que todo parece marchar como la seda, todavía están preocupadas por el hijo de la pareja de simios del futuro. Aunque Zira, viéndose acorralada, lanzó a su hijo recién nacido al mar para que se ahogara, no está claro que aquel bebé chimpancé fuera realmente su retoño, y la posible existencia de un simio parlante se ha convertido casi en un mito. Sólo que no es un mito, sino una realidad. Como se vio al final de la película anterior, Zira cambió su bebé por otro con la complicidad de Armando, que, una vez muerta la pareja de inteligentes chimpancés del futuro, se ocupó de criar al pequeño, al que dio el nombre de César.
Armando se encuentra en Los Ángeles para promocionar su espectáculo, y lleva con él a César, con la intención de que vea con sus propios ojos cómo tratan los humanos a los simios, y así comprenda por qué debe mantenerse en secreto su existencia. César se queda horrorizado ante el trato que recibe su especie, y, llevado por la indignación, comete un error que obliga a Armando a entregarse a las autoridades para intentar arreglar el desaguisado. El joven chimpancé, siguiendo las instrucciones de Armando, se camufla entre otros simios y acaba siendo vendido en subasta. Su inteligente actitud y su docilidad hacen que sea adquirido por el gobernador Breck (Don Murray), que está obsesionado con la posibilidad de que el hijo de Zira y Aurelio siga vivo. De forma fortuita, César se entera de que Armando se ha quitado la vida para evitar delatarle, y tras los primeros momentos de dolor por la pérdida de su amigo, el joven simio toma la decisión de acaudillar la sublevación de su especie contra la tiranía humana.
En LA REBELIÓN DE LOS SIMIOS subyace una durísima crítica de la represión indiscriminada, puesta en práctica por las autoridades estadounidenses durante los disturbios raciales del distrito de Watts, en Los Ángeles, y que el film refleja casi alegóricamente en las secuencias del enfrentamiento de los simios con las fuerzas policiales. El director reconocería que, a la hora de componer estas escenas, se había inspirado en las impactantes imágenes de aquellos desordenes emitidas por televisión. Esto provocó que, tras su estreno, el film recibiera críticas nada elogiosas por parte de los sectores más conservadores de Estados Unidos. Sin embargo, tal detalle no afectó para nada a su carrera comercial. Su recaudación en taquilla fue similar a las de las dos cintas precedentes, lo que determinaría que Jacobs decidiera rodar una nueva entrega.

La nueva película sería la última de la saga fílmica. La Fox, que había aportado la mayor parte de la financiación de los films, consideraba que era mejor ponerle punto y final a la franquicia cinematográfica, antes de que ésta se agotase por sí misma. Por lo tanto, BATALLA POR EL PLANETA DE LOS SIMIOS (BATTLE OF THE PLANET OF THE APES, J. Lee Thompson, 1973) fue enfocada por Paul Dehn como el capítulo final de la historia. En esta ocasión, Dehn se limitó a pergeñar el argumento, mientras que del guión propiamente dicho se encargaron, al alimón, John William Corrington y su esposa, Joyce Hooper-Corrington. Situada varios años después de los acontecimientos narrados en LA REBELIÓN DE LOS SIMIOS, el film presenta un mundo arrasado por la Tercera Guerra Mundial, donde los simios ostentan el poder mientras los humanos están relegados a la condición de ciudadanos de segunda clase. César intenta que ambas especies coexistan pacíficamente, y que los simios se beneficien en lo posible de los mejores aspectos de la cultura humana. Como es obvio, hay quien no está por la labor, como Aldo (Claude Akins), el gorila que lidera el ejército simio, que odia a muerte a los hombres y desprecia a César, al que considera un líder demasiado débil.
César quiere saber algo más de sus padres, y McDonald le convence para que vayan a las ruinas de la vieja ciudad, en los sótanos de cuyo centro de mando deben conservarse aún las videocintas en las que aparecen Zira y Aurelio. Mientras César y McDonald, acompañados por el sabio orangután Virgilio (Paul Williams), se dirigen a la ruinosa urbe, Aldo sigue conspirando contra César. Los tres amigos encuentran lo que fueron a buscar, pero las ruinas de la ciudad no están deshabitadas. En ellas sobrevive un puñado de mutantes, dirigido por Kolp, el antiguo jefe de seguridad del difunto gobernador Breck. Tras un enfrentamiento armado, César, McDonald y Virgilio logran escapar. Kolp, enfurecido, prepara una expedición armada contra la aldea de los simios. Y Aldo, por su parte, prosigue con sus maquinaciones contra César y sus amigos humanos, provocando la muerte del hijo de César, Cornelius (Bobby Porter), que ha tenido la desgracia de descubrir a los conspiradores.
BATALLA POR EL PLANETA DE LOS SIMIOS es la más floja de las películas que componen la saga clásica. De todos modos, es un film digno, que ofrece una conclusión adecuada para la fascinante historia que se inició en 1968, con la cinta dirigida por Schaffner. Tuvo una excelente acogida y generó bastantes beneficios, aunque algo inferiores a los de las cintas anteriores. Roddy McDowall repitió como César, Natalie Trundy como Lisa, y Severn Darden como Kolp. Del rol de McDonald, que en el film anterior había sido interpretado por Hari Rhodes, se ocupó Austin Stoker, modesto actor afroamericano que alcanzó una efímera popularidad al protagonizar la cinta de culto ASALTO A LA COMISARÍA DEL DISTRITO 13 (ASSAULT ON PRECINT 13, John Carpenter, 1976). También destacó la aparición del director John Huston, que abre y cierra el film interpretando al Legislador, figura prominente de la historia simia.

Parecía que la saga simia había concluido, pero la televisión recogió el testigo, y presuponiendo que el tema de los monos inteligentes todavía podía atraer al público, la CBS estrenó en 1974 la serie El planeta de los simios, protagonizada por Roddy McDowall como el chimpancé Galen, Ron Harper como el coronel Alan Virdon, James Naughton como su compañero, Peter Burke, y Mark Lenard como el gorila comandante Urko. Sin embargo, las esperanzas depositadas en esta producción por la CBS no se vieron respaldadas por la respuesta de la audiencia. Aunque en principio se tenía la intención de rodar veintidós episodios, la tibia acogida del público determinó que se cancelara su producción. Sólo se emitieron la tanda de episodios de prueba, trece más el piloto. Al año siguiente se estrenó Regreso al planeta de los simios, una serie animada, dirigida al público infantil, que tampoco cuajó, pues sólo duró una temporada y se emitieron trece capítulos de veinticinco minutos de duración.
Habrían de transcurrir veintiséis años hasta que Hollywood se decidiera a volver sobre el tema, intentando revitalizarlo mediante la creación de una nueva saga, cuyo primer título fue EL PLANETA DE LOS SIMIOS (THE PLANET OF THE APES, Tim Burton, 2001). Pero de eso hablaré en otro trabajo.
