Sitio de Ciencia-Ficción
Límites.VistoLeídoPensadoOídoRelatos
HIMNO DE BATALLA
HIMNO DE BATALLA EE. UU., 1957
Título original: Battle Hymn
Dirección: Douglas Sirk
Guión: Charles Grayson y Vincent B. Evans sobre el libro de Dean E. Hess
Producción: Ross Hunter para Universal International Pictures
Música: Frank Skinner
Fotografía: Russell Metty
Duración: 108 min.
IMDb: tt0050171. Doblaje: (es-ES) (es-MX)
Reparto: Rock Hudson (Coronel Dean E. Hess); Anna Kashfi (En Soon Yang); Dan Duryea (Sargento Herman); Don Defore (Capitán Skidmore); Martha Hyer (Mary Hess); Jock Mahoney (Mayor Moore); Alan Hale (Sargento de cocina); James Edwards (Teniente Maples); Carl Benton Reid (Diácono Edwards); Richard Loo (General Kim); Philip Ahn (Anciano); Bartlett Robinson (General Timberidge); Simon Scott (Teniente Hollis); Teru Shimada (Oficial coreano); Carleton Young (Mayor Harrison); Jung´Kyoo Pyo (Chu); Art Millan (Capitán Reardon); William Hudson (Teniente de la Marina); Paul Sorensen (Senty)

Tiempo estimado de lectura: 5 min 28 seg

Sinopsis

Dean E. Hess ejerce como Reverendo en una pequeña población de Ohio, pero duda de estar capacitado para ese ministerio a causa del profundo trauma interno que le provocó un lamentable hecho ocurrido durante la guerra: sin ser consciente de ello, bombardeo un orfanato, matando a 37 niños alemanes. Aunque su amada esposa trata de ayudarle a superar esa tragedia íntima, Dean decide abandonar su ministerio religioso y marchar a Corea, donde acaba de estallar la guerra y se precisan instructores de vuelo. Allí, gracias a su labor a favor de las más inocentes víctimas de cualquier guerra, los niños, encontrará, por fin, paz para su espíritu y consuelo y satisfacción para su alma.

Para Montse.

Volar me acercó más a Dios.

Coronel de la USAF Dean Elmer Hess.

Lo religioso y lo militar son las dos únicas formas enteras y serias de entender la vida.

Las guerras sacan lo mejor y lo peor del ser humano. En las situaciones extremas provocadas por los conflictos bélicos afloran, con más fuerza, las virtudes y los defectos de las personas. Todas las guerras tienen sus héroes y sus villanos, pero en la de Corea, que abarcó de 1950 a 1953, surgió un nuevo tipo de héroe en la figura de un hombre que no destacó por sus hazañas militares, sino por su profunda humanidad. Sus actos no ganaron batallas, pero contribuyeron a alejar de los frentes de combate, y de la posibilidad de una muerte cierta, a casi un millar de niños surcoreanos. Ese hombre fue el coronel de la USAF (United States Air Force / Fuerza Aérea de los Estados Unidos) Dean E. Hess (1917-2015).

Hess destacó por su sincera religiosidad desde la adolescencia, pues con tan sólo 16 años había pronunciado su primer sermón como un jovencísimo ministro de la Iglesia de los Discípulos de Cristo, comunidad protestante a la que en tiempos también perteneció el que fuera presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan. En su momento, la juventud y la Fe de aquel muchacho llamaron poderosamente la atención de las gentes de Ohio, su Estado natal.

Como es obvio, a Hess le interesaban otras cosas, además de la religión. Era un entusiasta de la aviación, de modo que, en cuanto pudo, obtuvo la licencia de piloto y, a partir de ese momento, se desplazaba en una pequeña avioneta, volando de parroquia en parroquia a través del Medio Oeste para dar sus charlas sobre la Biblia. En algunos lugares fue conocido como El predicador volador.

Con la entrada de USA en la II Guerra Mundial, tras el cobarde e infame bombardeo de Pearl Harbor, se produjo una afluencia masiva de voluntarios a los centros de reclutamiento del Ejército. En contra de la opinión de mucha gente, que consideraba incompatibles ejercer un ministerio religioso y combatir en una guerra, Hess se alistó como voluntario en la fuerza aérea, que entonces no era un arma independiente, sino una rama más del US Army. Dada su condición, Hess habría podido servir como capellán castrense, pero escogió hacerse piloto de combate. Interrogado sobre esto por sus allegados, que no entendían como un hombre de paz como él había elegido combatir, respondió: Si nuestra causa es justa y necesaria, ¿cómo podría pedirles a otros que la defiendan, mientras yo me quedo a salvo en mi iglesia?.

Según consta en los informes oficiales, tras el Día D (el desembarco aliado en la costa de Normandía), Hess participó en más de 60 misiones de combate en Europa, casi siempre a los mandos de un caza-bombardero Republic P-47 Thunderbolt, uno de los mejores aviones del conflicto. Una de las misiones en las que participó, el ataque a las instalaciones ferroviarias alemanas de Kaiserlautern, marcaría su vida para siempre.

Durante esa misión, una de las bombas de 1000 libras con que iba equipado su aeroplano se atascó, soltándose unos minutos después de que Hess activara el dispositivo de lanzamiento. Como el avión[1] seguía volando, el proyectil cayó sobre un edificio de ladrillo cercano a la estación. Se trataba de un orfanato, con una escuela anexa, en el que murieron 37 niños. El hecho fue aprovechado por la propaganda nazi para denunciar la campaña de bombardeos terroristas llevada a cabo por los aliados contra la población civil germana.

Enterado del hecho, un atribulado Hess decidió visitar el lugar después de la guerra, comprobando que, en efecto, su bomba había provocado las muertes de aquellos niños. Hombre de una sensibilidad poco frecuente, esa terrible revelación sería a partir de entonces como una daga clavada en su corazón.

A su regreso a Estados Unidos siguió ejerciendo su ministerio, matriculándose también en la Universidad de Ohio para estudiar historia europea. Requerido por el Departamento de Defensa, en su condición de oficial de la Reserva, fue enviado a Corea en 1950 para entrenar a los pilotos de la flamante fuerza aérea de Corea del Sur. Mientras formaba a los aviadores coreanos, descubrió que la guerra había provocado el desplazamiento de docenas de miles de personas. Había una verdadera legión de huérfanos, niños de muy corta edad que merodeaban en torno a las bases estadounidenses, buscando comida entre la basura. Entonces Hess asumió que, si bien la USAF le había enviado allí para entrenar pilotos, Dios también, a su manera, le había conducido hasta aquel lugar, para que paliara los sufrimientos de aquellos pequeños. Convencido de ello en su fuero interno, Hess se esforzó por evitar que los niños de los alrededores pasaran hambre, no dudando en utilizar los recursos de la intendencia militar, en principio destinados sólo a las tropas, en beneficio de los infantes.

Con la inestimable ayuda del Teniente Coronel Russell Blaisdell, capellán castrense, del sargento de personal Merle Strang y de otros oficiales y pilotos, a los que se sumaron varios asistentes sociales surcoreanos, la mayoría mujeres, Hess puso en marcha la que ha pasado a la historia como Operation Kiddy Car (Operación Cochecito de B e ), gracias a la cual centenares de niños, de edades comprendidas entre los pocos meses y los doce años, fueron alejados de los frentes de batalla y del peligro que representaban las tropas comunistas, que masacraban a la población civil surcoreana sin reparar en sexo o edad. Aunque en principio la Operación Cochecito de Bebé fue una iniciativa extraoficial de Hess y sus colaboradores, pronto el Estado Mayor estadounidense le confirió carácter oficial y le dio todo su apoyo.

Los militares norteamericanos, con Dean E. Hess a la cabeza, trasladaron a los huérfanos a Seúl y les proporcionaron refugio, alimentos y atención médica, además de recaudar dinero para mejor atender sus necesidades. China, que apoyaba a la estalinista Corea del Norte, había lanzado una potente ofensiva contra Seúl. En vista del, al parecer, imparable avance de los rojos, Hess decidió poner a salvo a los niños, ante la más que posible caída de la capital. Así pues, se las arregló para conseguir 16 aviones de transporte Douglas C-54 Skymaster y trasladó a los niños a la isla de Jeju, en la costa de Corea del Sur, donde, por fin, se pudo instalar un orfanato permanente.

La odisea de Hess, sus colaboradores y los aproximadamente mil niños que pusieron a salvo es, quizá, la mayor hazaña llevada a cabo por un puñado de personas durante aquella guerra espantosa. La labor del coronel Dean Elmer Hess fue reconocida por el gobierno surcoreano. Un emocionado Syngman Rhee, presidente de Corea del Sur, que había llorado cuando las tropas del general Douglas MacArthur liberaron Seúl del yugo comunista, condecoró personalmente a Hess por su desinteresada entrega al pueblo coreano.

Los pormenores de la Operación Cochecito de Bebé llenaron las páginas de los diarios estadounidenses. Los reportajes de los periódicos no siempre se ceñían a la verdad, resultando a veces bastante fantasiosos. Entonces, el hombre que había puesto en marcha todo aquello, el que sin duda sabía exactamente lo que había ocurrido, decidió contarlo en un libro. En 1956 se publicó HIMNO DE BATALLA, del coronel Dean E. Hess, que narraba de un modo sencillo y emotivo lo acontecido. La obra se convirtió de inmediato en un auténtico Best Sellers, figurando durante mucho tiempo a la cabeza de las obras literarias más vendidas.

La historia de Hess y los huérfanos coreanos era muy cinematográfica, de modo que Universal se apresuró a hacerse con los derechos del libro. El principal productor del Estudio, Ross Hunter, no tenía dudas al respecto: el actor ideal para encarnar a Hess no podía ser otro que Rock Hudson. En cuanto a la dirección, le fue asignada al danés Douglas Sirk, especializado en el melodrama de empaque, el realizador más competente con que contaba entonces Universal, y el que mejor partido había sabido sacar de Hudson.

Aunque HIMNO DE BATALLA [2] no convenció a todo el mundo, y una parte de la crítica dijo que era demasiado noña y moralizante, el público en general respondió bien ante aquella sencilla historia sobre un recientísimo hecho real. Hess se mostró satisfecho y agradecido con los resultados del libro y el film, dedicando los beneficios económicos que obtuvo por ambos a financiar parte de un segundo orfanato con su nombre, levantado cerca de Seúl.

Rock Hudson se reveló como la elección perfecta para encarnar al protagonista. Nadie como este portentoso actor para dar vida a un hombre atormentado por el pasado, que consigue superar su lucha interna y encontrar la paz ayudando a otros. Arropándolo, un plantel de estupendos actores de carácter, entre los que destaca el siempre entrañable Dan Duryea, y la poco llamativa, pero muy bella y excelente actriz, Martha Hyer. A fin de conferirle más emotividad si cabe al relato, se incluyó el personaje de En Soon Yang, la dulce muchacha que se ocupa de los niños, ama en secreto a Hess, y que hallará la muerte tratando de salvar a uno de los pequeños.

Sirk demuestra una vez más su talento como realizador, resaltando la sensibilidad de la historia, pero evitando a la vez los excesos folletinescos que podrían haberla lastrado. El resultado es un film emotivo pero sobrio, que se erige como una de las interpretaciones más logradas de Rock Hudson. La correcta fotografía en color y CinemaScope de ese maestro de la iluminación que fue Russell Metty contribuye a dotar a la cinta de una cierta espectacularidad, más notoria en las escasas, pero correctamente filmadas, escenas de acción.

La película se abre con las palabras del general de la USAF Earle E. Partridge, bajo cuyo mando estaba la 5ª Fuerza Aérea a la que pertenecía Hess. Junto a él aparece el avión que pilotó Hess en Corea, un caza North American P-51B Mustang, en cuyo morro Dean escribió en caracteres coreanos: Por fe vuelo.

En 1960, el autentico Dean E. Hess adoptó una niña coreana. Se retiró de la USAF en 1969, dedicándose desde entonces a la docencia, enseñando economía, historia y psicología en una escuela secundaria de Ohio. Murió en 2015, a los 97 años de edad.

Aunque figura como film bélico en casi todas las antologías cinematográficas, quien busque batallas sin cuento y tiroteos espectaculares en HIMNO DE BATALLA sufrirá una terrible decepción. Porque la de Sirk es, por encima de cualquier otra cosa, una cinta que glosa las virtudes más sencillas y valiosas del ser humano, a través de la historia de un hombre que, en medio del fragor de una guerra, supo encontrar el camino para ayudar a los más desvalidos, ayudándose, de paso, a sí mismo.


Notas

[1] En la película, quizá para ahorrar en maquetas, o bien porque efectivamene fue de las pocas misiones en las que no voló en el P-47, la acción no la protagoniza una escuadrilla de P-47 Thunderbolt, sino de P-51 Mustang.

[2] Se puede ver en Youtube, en inglés original aunque con las facilidades habituales para incorporar subtítulos en español: https://www.youtube.com/watch?v=1eTQUNfu51A.

© Antonio Quintana Carrandi (1.973 palabras) Créditos
*Comentar este artículo
 

Para una referencia más amplia sobre HIMNO DE BATALLA puedes consultar:
StartPage DuckDuckGo Qwant MS Bing Google Yahoo
Este artículo ha sido leído 376 veces desde el 28/08/22
Disponible en forma de libro electrónico en la Biblioteca SdCF como : Actualización 1337EPUB

Las opi­nio­nes expre­sa­das en los ar­tí­cu­los son de exclu­si­va res­pon­sa­bi­li­dad del co­la­bo­ra­dor fir­man­te, y no re­fle­jan, sal­vo ad­he­sión explí­ci­ta, los pun­tos de vis­ta del res­to de co­la­bo­ra­do­res ni de la ad­mi­nistra­ción del Sitio.

El Sitio no recopila datos de los navegantes y (casi) no usa cookies.ExplícameloTe creo