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LA DILIGENCIA
LA DILIGENCIA EE. UU., 1939
Título original: Stagecoach
Dirección: John Ford
Guión: Dudley Nichols, basado en el relato The STAGE TO LORDSBURG de Ernest Haycox
Producción: John Ford
Música: Richard Hageman, Louis Gruenberg, W. Franke Harling, John Leipold y Leo Shuken
Fotografía: Bert Glennon en B/N
Duración: 96 min.
IMDb: tt0031971. Doblaje: (es-ES)
Reparto: John Wayne (Ringo Kid); Claire Trevor (Dallas); John Carradine (Hatfield); Thomas Mitchell (Dr. Josiah Boone); Andy Devine (Buck); Donald Meek (Samuel Peacock); George Bancroft (Sheriff Curly Wilcox); Louise Platt (Lucy Mallory); Berton Churchill (Henry Gatewood); Tim Holt (teniente Blanchard); Tom Tyler (Luke Plummer); Francis Ford (Billy Pickett); Yakima Canutt (oficial de caballería/doble de Wayne); Brenda Fowler (señora Gatewood)

Tiempo estimado de lectura: 7 min 40 seg

Sinopsis

En 1884 una diligencia cruza las tierras de Arizona. Sus pasajeros son muy heterogéneos: una mujer embarazada que va a reunirse con su esposo, oficial de caballería; un médico borrachín; un tahúr y pistolero; un comerciante de whisky; un banquero sin escrúpulos y una bailarina de Saloon expulsada de su pueblo por la pacata liga local por la moral y la decencia. A ellos se une un representante de la ley que va en busca de Ringo Kid, que acaba de salir de la cárcel y presumiblemente se dirige a Lordsburg para vengarse de los tres hermanos Plummer, que asesinaron a su hermano. Ringo, privado de su montura por un accidente, detiene la diligencia con la intención de subirse a ella, siendo arrestado por Wilcox. El viaje, lleno de peripecias y peligros, pondrá a prueba a los ocupantes del carruaje, desatando graves tensiones entre ellos.

El western más influyente de la historia

Cartel promocional
Cartel promocional

Puede que no sea la mejor película de John Ford, pero sí es el film fordiano que más influyó en la historia del Séptimo Arte, pues elevó el Western a la categoría de género cinematográfico de pleno derecho. Hasta entonces las películas del Oeste, que eran las más populares entre el público con diferencia, habían sido contempladas con suspicacia por la crítica, que no veía en ellas más que un mero entretenimiento de masas. Antes de LA DILIGENCIA hubo algunos westerns estimables, que sin embargo no despertaron la atención de los críticos, quizá porque éstos sentían una elitista aversión hacia ese tipo de cine de evasión. Si repasamos la historia del western fílmico anterior a la cinta de Ford, encontraremos sin duda un puñado de títulos muy superiores a la media común en el género, dignos de figurar en cualquier antología o estudio serio del tema. Pero, a fuer de ser sinceros, lo cierto es que la primera película del Oeste poseedora de unos innegables valores artísticos, el primer western que puede ser considerado como una obra de autor, es LA DILIGENCIA.

Aunque el nombre de Ford se asocia con el cine del Oeste, entre su último western mudo, TRES HOMBRES MALOS (THREE BAD MEN, 1926) y su primer film sonoro de esta temática, LA DILIGENCIA, transcurrieron nada menos que trece años, en los que el maestro realizó películas tan memorables como EL JUEZ PRIEST (JUDGE PRIEST, 1934), PASAPORTE A LA FAMA (THE WHOLETOWN´S TALKING, 1935), EL DELATOR (THE INFORMER, 1935), PRISIONERO DEL ODIO (THE PRISONER OF SHARK ISLAND, 1936), MARÍA ESTUARDO (MARY OF SCOTLAND, 1936), LA OSA MAYOR Y LAS ESTRELLAS (THE PLOUGH AND THE STARS, 1936), HURACÁN SOBRE LA ISLA (THE HURRICANE, 1937), CUATRO HOMBRES Y UNA PLEGARIA (FOUR MEN AND A PRAYER, 1938) y PATRULLA SUBMARINA (SUBMARINE PATROL, 1938). La ocasión de volver al que habría de ser su género preferido, y el que le reportaría sus mayores satisfacciones personales y éxitos profesionales la encontró en DILIGENCIA PARA LORDSBURG (STAGE TO LORDSBURG), relato de Ernest Haycox publicado en 1937 en la revista Collier´s, inspirado en BOLA DE SEBO (BOULE-DE-SUIF), corrosivo cuento de Guy de Maupassant sobre una prostituta que se entrega a un oficial prusiano para salvar a sus ingratos compañeros de viaje en una estación de diligencias durante la guerra franco-prusiana. A juicio del cineasta, el relato de Haycox no estaba muy logrado, pero la situación que presentaba y sus personajes eran muy cinematográficos, así que no se lo pensó dos veces y compró los derechos, aunque la cantidad que abonó por los mismos no está clara, barajándose cifras que oscilan entre los 3.000 y los 7.500 dólares.

A finales de los años 30 el western era, como ya he dicho, el género más popular, pero los grandes Estudios no le prestaban mucha atención. A decir verdad, las películas del Oeste no estaban de moda por aquel entonces entre la crítica, que las ignoraba olímpicamente. Tras tantear sin éxito a varios Estudios, Ford acudió a la RKO Radio Pictures, cuyo presidente en aquella época era Joseph Kennedy, padre del futuro presidente John F. Kennedy y buen amigo suyo. Kennedy sometió el asunto a la opinión de cuatro productores de la casa, que le aconsejaron dejarlo pasar. A pesar de las opiniones en contra, Kennedy deseaba ayudar a Ford e hizo cuanto estuvo en su mano para que la RKO produjera la película. Pero aunque era el presidente del Estudio, tenía que bregar con productores y accionistas, ninguno de los cuales parecía estar por la labor. Cansado de esperar que Kennedy lograra convencerlos, Ford buscó por otro lado, y acabó entablando conversaciones con Walter Wanger. Productor impulsivo, que se guiaba por la intuición, Wanger olió que de allí podía salir una buena película y se avino a encargarse de la producción. LA DILIGENCIA fue el último film que produjo para United Artists, pues su contrato con esta firma estaba a punto de expirar.

Wanger quería darle a la cinta un alto nivel de producción, pero Ford la había concebido como una película modesta, casi de serie B, y su criterio acabó por prevalecer. Tampoco estaba de acuerdo con el reparto pensado por Wanger. Éste quería a Gary Cooper y Marlene Dietrich, la pareja que había encandilado al público y a la crítica en MARRUECOS (MOROCCO, Joseph von Sternberg, 1930). Ford, realista como pocos, sabía que no iba a ser posible contratar a esas dos estrellas, pues sería harto problemático que se avinieran a trabajar en una cinta modesta como aquella. Además, el director ya le tenía echado el ojo a un joven que hacía westerns baratos, de nombre real Marion Michael Morrison, aunque utilizaba el seudónimo artístico de John Wayne. Tras un prometedor comienzo en LA GRAN JORNADA (THE BIG TRAIL, Raoul Walsh, 1930), película que no acabó de funcionar en taquilla, Wayne se convirtió en intérprete de cintas de serie B. Esas películas, si bien bastante malas en líneas generales, le sirvieron al joven actor, que nunca pisó una academia de interpretación ni maldita la falta que le hacía, para pulir y afinar sus innatas dotes actorales. Los rutinarios westerns de cinco días que protagonizó le granjearon gran popularidad entre el público juvenil, y tal fue su fama, que llegó a convertirse en un héroe de cómic. Los Estudios importantes no confiaban en él, por lo que parecía confinado para siempre a la serie B. Wayne y Ford eran amigos desde hacía tiempo, y compartían su pasión por el mar, y también por el licor, a bordo del Araner, el velero del director. Wayne, que estaba bastante harto de trabajar a destajo para Monogram y Republic en películas intrascendentes, solía preguntarle a Ford cuándo llegaría su oportunidad. El director, invariablemente, le respondía que tuviera paciencia hasta que encontrara un guión adecuado para él. Todo indica que Ford estaba siguiendo con gran atención los progresos de Wayne, en espera de que éste estuviera listo para demostrar su valía en un film de más enjundia. El momento llegó con LA DILIGENCIA, con la que Wayne acabaría por revelarse como uno de los actores más grandes de la historia del cine.

Para el resto del reparto Ford recurrió a una cuidada selección de eficaces actores característicos, y el papel femenino principal recayó en la nunca suficientemente valorada Claire Trevor. Hoy LA DILIGENCIA se recuerda como el primer gran título de Wayne y como uno de sus westerns más populares, pero en su momento los créditos fueron encabezados por Trevor, ya que entonces ésta era la figura más famosa del elenco. No obstante, Ford, que había concebido LA DILIGENCIA como un film coral, insistió en que los nombres de los actores principales aparecieran juntos, con el mismo tipo y tamaño de letra, pues no deseaba dar una relevancia especial a ninguno de ellos.

El rodaje empezó tan pronto Ford hubo completado el reparto. El director decidió filmar primero los exteriores, para los que localizó unos parajes impresionantes, situados entre los Estados de Utah y Arizona, el incomparable Monument Valley. El cineasta, impresionado y conmovido a la vez por la agreste belleza de aquellas tierras, que parecían simbolizar el viejo e indómito Oeste americano, las convirtió en un escenario recurrente en sus westerns, apareciendo nada menos que en nueve de ellos. Muchos otros directores rodarían allí con el transcurrir de los años, pero ninguno lograría plasmar como él la increíble fuerza plástica del Monument Valley.

A Ford le bastaron cuatro días para tener listos los exteriores. Wanger estaba exultante, pues Ford incluso rodó en tan exiguo plazo de tiempo la por otra parte complicadísima secuencia del ataque indio a la diligencia, filmado con la cámara emplazada en una camioneta lanzada a 60 kilómetros por hora.

A toda velocidad por el páramo
A toda velocidad por el páramo

El ya legendario ataque de los apaches a la diligencia requirió la participación de nada menos que 300 jinetes, que fueron interpretados por indios navajos de la reserva de Arizona. El pueblo Navajo, con el que Ford establecería unos fuertes vínculos de amistad, colaboraría con el director en otros muchos westerns, y sus integrantes siempre mostrarían gran respeto por el cineasta, al que acogieron en su tribu como un navajo más, dándole el nombre de Natani Nez, que podría traducirse por Jefe Alto. A lo largo de su carrera Ford hubo de plegarse a las convenciones del género, mostrando a los indios como el enemigo a batir. Pero siempre procuró destacar la innata dignidad de los nativos americanos, y nunca se avino a representarlos simplemente como violentos salvajes.

Yakima Canutt, el especialista más grande entre los grandes, realizó en esta parte de la película dos trabajos que han pasado, por derecho propio, a los anales del séptimo arte. Como doble de Wayne, saltó desde el pescante de la diligencia sobre el grupo de caballos al galope que tiraban del carruaje. En esa misma secuencia Canutt, ahora como uno de los indios asaltantes, avanzó de un caballo a otro hasta uno de los que encabezaban el tiro, cayendo muerto entonces entre los animales. Ford se puso lívido, pues esperaba que Canutt se lanzara por la parte exterior de los caballos, en lugar de dejarse caer entre ellos. Ford se apoyó en la cámara y miró al suelo, mientras los operadores discutían sobre si la proeza de Canutt habría quedado registrada en imágenes o no. Ford, visiblemente alterado, alzó la cabeza y dijo: Será mejor que lo hayan sacado, porque nunca volveré a rodar algo así.

La secuencia del ataque indio es modélica, y ha inspirado muchas otras secuencias similares en multitud de títulos. Partes de la misma se utilizaron en los westerns de serie B I KILLED GERONIMO, dirigido por John Hoffman en 1950, y LARAMIE MOUNTAINS, realización de Ray Nazzaro del año 1952.

Después del estreno del film, un periodista alabó el trabajo de Ford, pero comentó que las escenas del ataque indio no le parecían muy realistas. ¿Por qué los apaches no matan a los caballos que tiraban de la diligencia? preguntó. La respuesta de Ford estuvo cargada de ironía. Contestó: En la realidad probablemente habrían hecho eso, pero si nosotros lo hubiéramos hecho así, se habría acabado la película, ¿no le parece?.

El resto de la película se rodó en estudio. El guionista, Dudley Nichols, permaneció en todo momento junto a Ford, atento a sus instrucciones, rehaciendo el guión sobre la marcha según le iba indicando el director. El tiroteo final entre Ringo y los hermanos Plummer fue resuelto por el cineasta con sobriedad y concisión, características heredadas de su amplia experiencia en lances semejantes en los numerosos westerns mudos en los que dirigió a su buen amigo Harry Carey.

Walter Wanger quedó muy satisfecho con el trabajo de Ford, que logró terminar la película por tan sólo 220.000 dólares, de los 230.000 inicialmente previstos. El director supervisó personalmente el montaje, aunque, según sus propias palabras, había poco que revisar, porque yo monto la película con la cámara.

LA DILIGENCIA se proyectó en privado a varias personalidades del cine, y lo cierto es que no entusiasmó a nadie. La opinión general, aunque hoy pueda sorprendernos, es que se trataba de un western tópico. Douglas Fairbanks sénior dijo que el ataque de los indios duraba demasiado. El productor Samuel Goldwyn, si bien alabó el film, sostenía que habría quedado mejor en color. Hubo opiniones para todos los gustos, pero, en general, la gente de Hollywood recibió LA DILIGENCIA con tibieza. Sin embargo, fue Ford quien rió el último, pues el estreno de la película devino en un éxito apoteósico. El coste del film se amortizó en apenas un par de semanas de exhibición, y después empezó a producir beneficios sin parar. John Ford había demostrado, una vez más, que era uno de los profesionales más competentes de la industria.

Mucho más que un simple Western

EL elenco
EL elenco

LA DILIGENCIA demostró, de una vez por todas, que el western, convenientemente tratado, podía ofrecer historias de interés humano y no sólo sencillas aventuras estereotipadas. Inspirada, como ya he comentado, en un mediocre relato corto de Ernest Haycox, a su vez basado en el cuento de Guy de Maupassant, Ford imprimió a la historia pergeñada por Nichols su peculiar impronta, vertiendo generosamente en ella todos los temas dominantes en su ya por entonces dilatada y densa filmografía. El salvaje Oeste americano es el gran escenario en el que se enmarca la acción, pero LA DILIGENCIA es, por encima de todo, un cuidado estudio de personajes, cada uno de los cuales se corresponde con un tipo determinado que, a partir de entonces, estará presente en los films posteriores de Ford, y no sólo en sus westerns. Los apaches representan el peligro externo que amenaza a los ocupantes del carruaje, pero el verdadero interés de la película se encuentra en las tensas relaciones que se establecen entre los viajeros, compañeros forzosos en el seno de un microcosmos que provoca situaciones extremas, que requieren determinado tipo de actuación, lo que evidenciará factores tales como la integridad moral y la honorabilidad personal de cada uno de los personajes. De este modo, y aunque a primera vista no lo parezca, LA DILIGENCIA se revela como un western sofisticado y muy provocador, en el que Ford perfila una historia moral sobre los muchos defectos de la hipócrita burguesía estadounidense de su tiempo, a la par que ofrece una crítica mordaz de la corrupción capitalista. Aunque en apariencia se trate de otra típica y tópica película del Oeste, estamos ante una conmemoración fílmica de los derechos de igualdad postulados por el New Deal, por lo que se trata de una cinta muy característica de la Era Roosevelt.

La decimosegunda edición de los Oscars de Hollywood se celebró el 29 de febrero de 1940, teniendo como escenario la sala Cocoanut Grove del Hotel Ambassador de Los Ángeles. LA DILIGENCIA fue nominada en los apartados de mejor película, director, actor secundario, banda sonora adaptada, fotografía en B/N, montaje y dirección artística. Como 1939 fue, sin ninguna duda, el mejor año de la historia del cine, una época de infrecuente cosecha de títulos míticos, el hecho de que obtuviera dos premios certifica su extraordinaria calidad. La cinta de Ford fue galardonada con el Oscar al mejor actor secundario para Thomas Mitchell, premio entregado por Fay Bainter, y el de la mejor banda sonora (adaptada, no original) presentado por Gene Buck. La gran ganadora de la noche fue LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ (GONE WITH THE WIND, Victor Fleming), que le arrebató a LA DILIGENCIA los premios a la mejor película, director, montaje y dirección artística. El Oscar a la mejor fotografía en B/N fue para Greg Toland por su fantástica labor en CUMBRES BORRASCOSAS (WUTHERING HEIGHTS, William Wyler).

El éxito del film de Ford provocó que su guión se adaptara a las ondas en dos populares versiones radiofónicas. La primera de ellas, con las voces de Randolph Scott y Claire Trevor como Ringo y Dallas, fue emitida el 5 de mayo de 1946 por la CBS en su espacio Academy Award Theatre. La segunda, ofrecida por la NBC el 9 de enero de 1949, fue mucho más exitosa, pues Ringo y Dallas fueron interpretados por los actores originales de la película, John Wayne y Claire Trevor, corriendo la presentación y la narración nada menos que a cargo de John Ford.

Este incombustible clásico del cine del Oeste conocería dos remakes correctos pero muy inferiores en todo al magnífico original. Gordon Douglas dirigió en 1965 HACIA LOS GRANDES HORIZONTES (STAGECOACH), versión sin fuerza del emblemático título de Ford, donde Red Buttons, Ann Margret, Michael Connors, Van Heflin, Bing Crosby, Stefanie Powers, Keenan Wynn y Slim Pickens ofrecieron unas actuaciones que sólo pueden definirse como un tanto desangeladas. En 1986 Ted Post dirigió para la CBS el telefilm LA DILIGENCIA (STAGECOACH), con Johnny Cash, Kris Kristofferson, Willie Nelson, Tony Franciosa, Mary Crosby, John Schneider y Waylon Jennings. Tuvo mucha audiencia, en parte gracias a la tremenda popularidad de Cash, Kristofferson y Nelson, tres nombres de oro de la música country.

LA DILIGENCIA estimuló el interés del gran público y de la crítica por el western, que viene a ser para los estadounidenses lo que el Cantar de Gesta para los europeos. A partir de su estreno se produjo un resurgir del cine del Oeste. Siguieron rodándose westerns baratos, de serie B y carentes de pretensiones, pues había un amplio mercado para ellos, principalmente entre el público infantil y juvenil. Pero desde ese momento la industria cinematográfica prestó una atención especial al género, que gracias a esta verdadera obra maestra alcanzó, por fin, las más altas cotas de perfección artística.

© Antonio Quintana Carrandi,
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