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LAURA
LAURA EE. UU., 1944
Título original: Laura
Dirección: Otto Preminger
Guión: J. Dratler, R. Lardner, S. Hoffenstein, B. Reinhardt y J.Cady, sobre una novela de Vera Caspary
Producción: Otto Preminger para 20th Century Fox
Música: David Raksin
Fotografía: Joseph LaShelle
Duración: 98 min.
IMDb: tt0037008. Doblaje: (es-ES)
Reparto: Gene Tirney (Laura Hunt); Dana Andrews (teniente McPherson); Clifton Webb (Waldo Lydecker); Vicent Price (Shelby Carpenter); Judith Anderson (Ann Treadwell)

Tiempo estimado de lectura: 18 min 59 seg

Sinopsis

El cadáver de Laura Hunt, ejecutiva de una agencia de publicidad, aparece en su apartamento con el rostro desfigurado por un disparo de escopeta a quemarropa. El teniente Mark McPherson, de la Brigada de Homicidios, se hace cargo del caso e interroga a las personas de su círculo íntimo, entre ellas su mentor, el famosísimo periodista radiofónico Waldo Lydecker, que la consideraba casi como una creación personal y que confiesa abiertamente que no dudó en apartar del camino de la muchacha a cuantos la pretendían. McPherson sospecha de Waldo, pero también del apuesto pero vacío Shelby Carpenter, con quien Laura se había prometido en matrimonio para despecho de Lydecker. Conforme avanza la investigación, McPherson se introduce más y más en el mundo de Laura, sintiéndose a poco prendado del hechizo de la muchacha. Una lluviosa noche se queda dormido en el apartamento de la joven, contemplando su subyugante retrato. Le despierta la llegada de alguien, que resulta ser la mismísima Laura Hunt. Tras el primer instante de sorpresa, el policía retoma la investigación, que ha dado un giro extraordinario. Por otra parte, la aparición de la muchacha revela a McPherson que se ha enamorado de ella, por inverosímil que tal cosa parezca. No obstante, debe actuar con cautela, porque allí se ha cometido un asesinato y Laura también es sospechosa.

Nota preliminar

Aunque pueda parecer muy completo, lo cierto es que escribí el ensayo dedicado a LAURA recurriendo tan sólo a los datos que guardaba en mi memoria. No obstante, y ya que poseo un extenso archivo sobre cine clásico, he albergado durante mucho tiempo la intención de redactar una nueva versión de este trabajo, manteniendo la mayor parte del texto original y enriqueciéndolo con descripciones más pormenorizadas de las circunstancias que rodearon la gestación de esta irrepetible película. También tenía el deseo de corregir un par de errores y pulir aún más el texto primigenio. Hoy, por fin, presento a los lectores esta nueva versión de mi ensayo, que confío resulte todavía más amena e ilustrativa que la anterior.

De algunas películas aparece tan sólo su título original en inglés. Ello sirve para enfatizar que, o bien no se estrenaron en su momento en España, o que el autor no las ha visto.

Antonio Quintana.

Para Montse

Con frecuencia, el relato de cómo se rodó una película de las consideradas míticas es incluso más fascinante que la historia que narra el film en cuestión. Esto es lo que ocurre con LAURA, obra cumbre del Cine Negro, cinta de culto para los cinéfilos y, quizás, la obra más personal de ese genio del Séptimo Arte que fue el director austriaco afincado en Hollywood Otto Preminger.

Preminger
Preminger

La arribada a Hollywodd de un genio

Otto Preminger llegó a USA en 1935 huyendo del nazismo, y pronto entabló amistad con el productor cinematográfico Joseph Schenck, lo que influiría de forma determinante en su futura carrera en Hollywood, ya que Schenck fue quien convenció a Darryl Zanuck, el Gran Jefe de la 20th Century-Fox, para que le contratara. El director vienés confesaría, tiempo después, que quedó muy impresionado cuando, aquel día de primavera de 1936, puso el pie en los Estudios 20th Century-Fox. Había visto un estudio de cine en su Viena natal, pero no tenía nada que ver con aquello. El modesto Estudio europeo se le antojo un chamizo en comparación con las instalaciones de la Fox, que comprendían decenas de platós y varios kilómetros cuadrados de decorados. Era sencillamente apabullante.

Pero lo más apabullante de todo era Darryl Zanuck, un autócrata que controlaba con mano de hierro la producción del Estudio. Zanuck, guionista de algunas de las películas del can Rin - tin - tin, había sido el máximo responsable de producción en Warner Bros, cargó que abandonó en 1933 para, en unión de Joseph Schenk, crear 20th Century, que poco después se convertiría en la mítica 20th Century-Fox.

A Zanuck, de 34 años, le cayó bien en principio Preminger, que contaba cuatro menos. El vienés pronto se familiarizó con el ritmo de trabajo en la Fox y Zanuck le encargó la dirección de UNDER YOUR SPELL, film del popular barítono Lawrence Tibbett, contratado en exclusiva por el Estudio, a pesar de que su primera producción para la compañía, METROPOLITAN (ídem, Richard Boleslawski, 1935) había sido un sonoro fracaso. Tal vez por ello Zanuck no tuviera muy buena opinión de Tibbett, pero como existía un compromiso contractual con el cantante, consideraba que había que seguir insistiendo en rentabilizarle. La película, sin ser una maravilla, funcionó bien y Zanuck, convencido de que todo el mérito le correspondía a la dirección de Preminger, le premió asignándole la realización de DANGER - LOVE AT WORK, comedía protagonizada por Edward Everett Horton, uno de los característicos preferidos por el gran Ernst Lubitsch. El personaje principal femenino, que en principio debía haber sido interpretado por la bellísima actriz francesa Simone Simon, protagonista de LA MUJER PANTERA (CAT PEOPLE, Jacques Tourneur, 1942) recayó, por decisión expresa de Zanuck, en la más prosaica Ann Sothern. Los óptimos resultados de esta producción acabaron de convencer a Zanuck de la gran valía profesional de Preminger, por lo que decidió ponerle al frente de la producción más cara emprendida por la Fox hasta entonces, SECUESTRO (KIDNAPPED, 1938), adaptación de una famosa novela de Robert Louis Stevenson, que iba a protagonizar Warner Baxter, pero concebida con la idea de servir como vehículo de lanzamiento de Freddie Bartholomew, que también estaría arropado por característicos de la talla de John Carradine, C. Aubrey Smith y Nigel Bruce. Aunque aceptó el encargo a regañadientes, a Preminger no le atraía nada esa película, pues desconocía por completo el ambiente escocés en que transcurría la historia, y además consideraba que su guión era menos que mediocre, por lo que decidió alterarlo. A Zanuck no le sentó nada bien que Preminger metiese mano al texto, pero trató de contenerse un tanto, pues, al fin y al cabo, el director vienés había demostrado tener talento. Pero poco después, durante una conversación que mantuvieron sobre el desarrollo de la película, Preminger abogó por cambiar determinada escena, que Zanuck consideraba imprescindible. Como ambos poseían una fuerte personalidad, la charla degeneró en discusión, y Preminger, en un acceso de ira, le gritó a Zanuck. Nadie había osado levantarle la voz al Gran Jefe, que exigió al director una disculpa. Preminger respondió que no le habían educado para decir cosas que no pensaba y que, por supuesto, no tenía ninguna intención de disculparse. Zanuck le despidió fulminantemente, y además, no contento con ello y haciendo gala de su legendario talante vengativo, utilizó todos sus contactos para evitar que otro Estudio de Hollywood le diese trabajo. Ante semejante coyuntura, y tras haber pasado once meses en la Meca del Cine, Preminger volvió a Nueva York y se dedicó al teatro. No volvería a trabajar en Hollywood hasta cinco años más tarde. Zanuck le reemplazó en la dirección de SECUESTRO por Alfred L. Werker, un director competente pero no muy destacado, que siguió al pie de la letra las instrucciones del jefazo del Estudio. Resultado: la película fue un estrepitoso fracaso.

Preminger retorna a Hollywood

Fue el guionista y productor Nunnally Johnson, que posteriormente también destacaría en la dirección, el artífice del regreso del vienes a la Meca del Cine. A pesar de su condición de judío, Preminger, que también era buen actor, había interpretado en los escenarios neoyorkinos a un cónsul nazi en MARGEN DE ERROR, comedia antihitleriana de Clare Boothe Luce. En 1942 Johnson le confío a Preminger un papel similar en THE PIED PIPER, cinta dirigida por Irving Pichel con guión suyo, sin duda aprovechando que por aquel entonces Zanuck no se ocupaba de la compañía, ya que, como Teniente Coronel del US Army en la Reserva, se había alistado y se encontraba en el frente. William Goetz, hombre de confianza de Zanuck pero su polo opuesto, llevaba las riendas de 20th Century-Fox. Buen amigo de Preminger, apoyó la decisión de Johnson, concluyendo que el boicot de Zanuck al vienes era como director, no como actor, y de este modo reintegró al realizador austriaco al seno del Estudio.

En 1943 Goetz se proponía rodar una versión cinematográfica de MARGEN DE ERROR, y pensó que Preminger podría interpretar en ella el mismo papel que había bordado en la obra teatral. Consciente de la tremenda oportunidad que se le presentaba, Preminger no sólo aceptó la oferta de Goetz, sino que además se ofreció para dirigir la película, sin percibir más retribución económica que el sueldo que le correspondiese como actor. Era una proposición insólita en el mundo del cine, pues nadie había hecho antes algo así. Goetz accedió, dejando claro que, si tras la primera semana de filmación su trabajo no le satisfacía, Preminger debería dejar la dirección en manos de otro realizador de la casa y concentrarse en la interpretación de su papel. Huelga decir que la labor del vienés en ambas facetas, las de actor y director, colmaron todas las expectativas de Goetz, quien, tras el estreno de MARGEN DE ERROR, le firmó un contrato por siete años, ampliable a diez, y no sólo con la posibilidad de producir sus propias películas, sino también de dirigirlas, lo que era muy importante para Otto.

Cuando Zanuck regresó del frente, y se encontró con Preminger trabajando en el Estudio, su cólera no conoció límites. El austriaco incluso preparó su maleta, pues estaba seguro que Zanuck le echaría con cajas destempladas. No obstante, Darryl, hombre de negocios al fin y al cabo, sabía que no podría rescindir el contrato de Preminger sin pasar por los tribunales. Y como no tenía ninguna intención de meterse en un proceso legal en el que, presumiblemente, llevaría las de perder, optó por mantener a Preminger en nómina, pero sólo como productor. Sabía que Otto deseaba dirigir más que nada en el mundo, y esa fue su venganza. Tras relegar a Goetz a un segundo plano, Zanuck se puso de nuevo al frente de 20th Century-Fox con su característico talante absolutista. Una de las primeras cosas que hizo fue convocar a todos los productores y directores de la Fox en su casa de Santa Mónica. Zanuck fue muy duro y muy claro con Preminger. Mientras yo esté al mando —le dijo— tú no volverás a dirigir una película.

Laura
Laura

Preminger y su lucha por LAURA

En 1944 Preminger había presentado a la Fox el proyecto de LAURA, según la obra de Vera Caspary. Los responsables de la Metro-Goldwyn-Mayer habían mostrado un relativo interés por la novela, que pensaban utilizar como base para una película de Marlene Dietrich, pero al final se echaron atrás. Otto consiguió que la Fox la comprase por 30.000 dólares, y estaba entusiasmado con la idea de producir y dirigir un film de Serie B basado en la misma, pero el retorno de Zanuck complicó las cosas, pues, como ya he dicho, el Gran Jefe mantuvo en nómina al director pero sólo en tareas de producción. Todos en la Fox sabían que cuando Zanuck tomaba una decisión no había nada que hacer. A pesar de ello, Otto trató de conseguir que Darryl cediera y le permitiera dirigir LAURA, pues, al fin y al cabo, era un proyecto suyo. Pero el magnate de la Fox no dio su brazo a torcer, aunque estuvo de acuerdo en que Preminger produjera la cinta.

Con el Gran Jefe de nuevo en la brecha, LAURA se convirtió en un proyecto de Serie A, ya que cuando Zanuck leyó el primer tratamiento del guión realizado por Preminger se prendó literalmente de él, y a partir de ese momento lo tomó bajo su supervisión personal. Pero los problemas no habían hecho más que empezar. Zanuck quería que los papeles principales los interpretaran Jennifer Jones y John Hodiak, o en su defecto, Heddy Lammar y Laird Cregar. Preminger, por su parte, había apostado desde el principio por el reparto con el que finalmente se rodaría el film, y poco a poco fue convenciendo al todopoderoso magnate de los Estudios. El principal escollo fue Clifton Webb, al que Zanuck no quería ni ver delante porque era homosexual. Otto insistió, alabando el talento interpretativo de Webb. Incluso pidió a Zanuck que le acompañará a ver la representación de la obra de Noel Coward UN ESPÍRITU BURLON (BLITHE SPIRIT) en el Teatro Biltmore de Los Ángeles, de la que Webb era el protagonista. Como Zanuck se negó, Preminger filmó algunas secuencias de la obra, con la intención de mostrárselas. Al enterarse de la iniciativa de Preminger, Zanuck montó en cólera, aunque acabó viendo la filmación. A pesar de sus prejuicios, el Gran Jefe no tuvo más remedio que reconocer que Webb era el actor idóneo para dar vida a Waldo Lydecker. Eres un bastardo, Otto —le dijo al director—, pero Webb es muy bueno.

Sin perder la esperanza de llegar a dirigirla, Preminger dedicó todos sus esfuerzos al guión de LAURA. Como el trabajo de Jay Dratler, guionista a sueldo del Estudio, no le satisfacía, Otto recurrió al poeta Samuel Hoffenstein, que ya había colaborado con realizadores de la talla de Rouben Mamoulian, Julien Duvivier y Frank Borzage. Hoffenstein, asistido por la excelente escritora cinematográfica Betty Reinhardt, trabajó a fondo el personaje de Waldo Lydecker, considerado por Preminger como el más importante de todos. Ring Lardner se ocupó de reescribir los diálogos hasta que quedaron a gusto de Preminger. El texto de Dratler fue reescrito casi en su totalidad, y al final semejaba una historia original, pues de la novela sólo se conservaba el elemento principal; o sea, la reaparición de Laura Hunt para transmutarse de la presunta víctima de un asesinato en la principal sospechosa del mismo. Preminger se mostró muy satisfecho con el resultado, pero Vera Caspary puso el grito en el cielo, pues según ella se había desvirtuado su libro. La autora critico ferozmente la transformación del arma asesina, que en la novela era un revólver y en la cinta una escopeta. Caspary consideraba que su idea era mucho mejor, ya que el revólver, oculto en el bastón de Lydecker, se erigía como un símbolo freudiano de la impotencia del columnista. Tampoco fue de su agrado el cambio radical del carácter de Laura Hunt, cuya plasmación fílmica tiene poco que ver con el personaje descrito en la novela. Preminger, que consideraba a la Laura en papel como una fémina desangelada y sin interés, potenció la ambigüedad del personaje en la película, logrando uno de los retratos femeninos más memorables de la historia del cine.

El problema más peliagudo era la elección de un director, ya que Zanuck no parecía dispuesto a ceder ante Preminger. El primer nombre que se barajó fue el de John Brahm, que acababa de dirigir la excelente JACK EL DESTRIPADOR (THE LODGER, 1944), quien declinó el ofrecimiento. Zanuck ofreció entonces la película a Lewis Milestone, amigo de Preminger, quien respondió al jefazo del Estudio que aquél sería el mejor director, pues estaba embarcado en el proyecto desde el principio. Zanuck, decidido a mantener su cerril postura por encima de todo, optó por poner al frente de la realización a Rouben Mamoulian, un cineasta considerado como sofisticado e innovador, que había tenido gran relevancia en la transición del cine mudo al sonoro. La verdad es que a Mamoulian no le atraía demasiado el guión, pero como estaba pasando un mal momento profesional, y necesitaba el dinero, aceptó dirigir el film. Director veterano, con sobrada experiencia y buen conocedor de las tácticas usuales en Hollywood, no sentía ninguna estimación por Preminger y le ignoró por completo, a pesar de que el austriaco era el productor. No obstante, tampoco apreciaba mucho a Zanuck, por lo que se negó a introducir cambios en el guión de LAURA, que era precisamente lo que el Gran Jefe pretendía. Era muy bueno en su trabajo, pero ni su dirección de actores ni su concepto barroco del decorado eran lo que una película como LAURA requería. Mamoulian empezó a rodar inmediatamente, pero, cuando Zanuck y Preminger vieron los copiones de lo filmado durante la primera semana de trabajo, comprobaron que Rouben no había conseguido captar la magia del guión y, lo que era aún peor, los actores no resultaban convincentes en sus papeles. Tierney y Andrews parecían novatos, e incluso Webb mostraba cierto incómodo envaramiento. El material rodado durante la segunda semana era todavía peor, lo que llevó a un angustiado Preminger a suplicarle a Zanuck que sustituyera a Mamoulian. Sin embargo, Zanuck no podía despedir a Rouben sin más. Antes tenía que encontrar a quien pudiera hacerse cargo del film de inmediato, de manera que el rodaje no se interrumpiera, con las consiguientes pérdidas de tiempo y dinero que esto acarrearía. Darryl ofreció la dirección de LAURA a Walter Lang, pero éste, que era amigo de Preminger al igual que Milestone, sabía cuánto deseaba Otto dirigir la película y rechazó la oferta. Zanuck no quería doblar la rodilla ante Preminger, pero al final, en vista del insatisfactorio trabajo de Mamoulian, no le quedó más remedio que hacerlo. Se reunió con Otto y vieron todas las secuencias rodadas por Mamoulian, tras lo cual Zanuck preguntó al austriaco: ¿Crees que debería despedirle? , dijo Preminger. De acuerdo; empiezas el lunes, respondió Darryl.

Por fin al frente de LAURA

Preminger se puso manos a la obra de inmediato. Lo primero que hizo fue ordenar que se cambiasen el vestuario y todos los decorados. Mamoulian había encargado a su propia esposa que pintase un retrato de Laura de pequeño tamaño, pero Otto, consciente de la importancia que tenía aquel cuadro en el desarrollo psicológico de la historia, ordenó hacer otro casi tres veces mayor. Conviene mencionar que el cuadro de Laura Hunt que se utilizó en el rodaje no era en realidad una pintura, sino una fotografía retocada de Gene Tierney, cubierta de una fina capa de barniz, que simulaba a la perfección un retrato al óleo. La idea, barata y muy efectiva, se le ocurrió al propio Preminger.

Lucien Ballard, director de fotografía con Mamoulian, no hacía ni puñetero caso de las indicaciones de Preminger, por lo que fue despedido. Sus funciones las asumió Joseph La Shelle, que hasta entonces había sido segundo operador. El ascenso del novel LaShelle, con el que Otto había filmado las pruebas de Clifton Webb, fue un caso insólito en los anales de Hollywood, pues por regla general no se les daban tales oportunidades a fotógrafos neófitos. Pero Preminger sabía que LaShelle poseía un talento especial y se avino a encargarle la fotografía de LAURA, en la seguridad de que no le defraudaría. LaShelle, un artista capaz de conseguir que una imagen en B/N pareciera más realista que una en color, nació en Los Ángeles en 1900 y murió en La Jolla (California) en 1989, dejando tras de sí un espléndido trabajo en películas inolvidables. Fue el fotógrafo preferido por Preminger, que recurría a él siempre que le era posible. Otro genio del celuloide que reclamaba constantemente los servicios de LaShelle era Billy Wilder, con el que trabajó en EL APARTAMENTO (1960), IRMA LA DULCE (1963), BÉSAME, TONTO (1964) y EN BANDEJA DE PLATA (1966).

Todo parecía ir viento en popa, pero Otto aún tuvo que bregar con la declarada hostilidad de los miembros del elenco, a los que Mamoulian había puesto en contra suya. De todas formas, y en honor a la verdad, hay que decir que el austriaco era famoso por su férreo carácter y su nula predisposición a aceptar las sugerencias de los demás, lo que provocó numerosos choques entre los actores y el director. La relación de Preminger con Webb fue tan difícil, que incluso tuvo que paralizarse el rodaje durante varias semanas, lo que ciertamente irritó a Zanuck. No obstante, Preminger trataba de evitar, en la medida de lo posible, las disputas con el actor, ya que éste había incluido en su contrato una cláusula por la cual, si no se le trataba correctamente, abandonaría su trabajo en el film. Curiosamente, años más tarde el director dio públicamente la razón a Clifton Webb, reconociendo que las diferencias entre ellos, que en un primer momento causaron bastantes problemas durante el rodaje, redundaron a la larga en beneficio del resultado final de la película.

Una partitura mágica

Preminger estaba muy satisfecho, ya que había logrado salirse con la suya luchando, como suele decirse, contra viento y marea. Quedaba la cuestión de la música, detalle en el que tuvo que claudicar frente al Estudio. Él quería que el tema central del film fuese Sophisticated Lady, del gran Duke Ellington, pero el compositor, David Raksin, logró convencerle para que utilizara una partitura original como leit motiv. De acuerdo; tienes tres días para componerla, le dijo Otto. Raksin tenía razón. La música de LAURA está considerada actualmente como una de las melodías más hermosas y sugerentes que se hayan compuesto para la banda sonora de una película. La Fox, que apenas promocionó la música del film, recibió tras el estreno una avalancha de cartas de espectadores que solicitaban una grabación con aquel tema que tanto les había gustado. Zanuck reaccionó de inmediato, impulsando el lanzamiento de un single con la espléndida música de LAURA. Ante la buena acogida popular de este disco, el Gran Jefe, a través de los editores de las bandas sonoras de las películas del Estudio, presentó a David Raksin varias letras para convertir el tema principal de LAURA en canción. A Raksin no le gustó ninguna de ellas, y tras varias discusiones con Zanuck y sus editores musicales, el letrista seleccionado fue Johnny Mercer. No obstante, las letras presentadas anteriormente al compositor no fueron desdeñadas. Aunque se considera que la mejor de todas las versiones vocales de la pieza central de LAURA es la de Mercer, bendecida por el propio Raksin, el resto de las letras fueron también utilizadas en diferentes versiones, por lo que LAURA, como canción, es una de las piezas más grabadas de la historia de la música. Incluso el mismísimo Raksin compuso un concierto basándose en su banda sonora para la inmortal cinta de Preminger. Por desgracia, el tema de Raksin ni siquiera fue nominado para los Oscars de ese año.

Como detalle curioso, cabe mencionar aquí que Preminger quería que su film fuese musicalizado por Alfred Newman, director musical de la 20th Century-Fox y uno de los compositores más relevantes de Hollywood. Newman, sobrecargado de trabajo en ese momento, declinó amablemente la oferta, recomendando a Bernard Herrmann para sustituirle. Herrmann rechazó la oferta con poco tacto, arguyendo que si la película de Preminger no era lo bastante buena para Newman, tampoco lo era para él. El vienés acabó recurriendo a Raksin, y los resultados a la vista están. Newman era un genio, y Herrman un magnífico compositor. Pero como cinéfilo, dudo mucho que ninguno de los dos hubiese podido componer un tema central tan mágico y subyugante como el de Raksin.

Un tenso saludo
Un tenso saludo

El último pulso entre Preminger y Zanuck

Por fin concluyó el rodaje de LAURA, y Otto tuvo que enfrentarse de nuevo al Gran Jefe. Cuando a principios de julio de 1944 Preminger y el montador, Louis Loeffler, le mostraron el copión a Zanuck, éste no ocultó su disgusto. No le gustaba ni pizca el final previsto por Preminger, y le citó para hablar del tema al día siguiente. En dicha entrevista, Zanuck reprochó a Preminger que hubiera convertido a Gene Tierney, la más prometedora de las estrellas de la película, en poco más que una figurante distinguida. En su opinión, la única manera de salvar el film del desastre en taquilla era ponerle un nuevo final. La primera parte de la historia se contaba desde el punto de vista de Waldo, y la segunda desde el del policía, así que Zanuck consideraba necesario añadir una tercera, desde la perspectiva de Laura Hunt, que contradijera las anteriores.

En vano trató el realizador de hacer entrar en razón al jefazo de la Fox. Éste se mostró intransigente. O cambiaba el final, o lo echaban a la calle. De modo que Preminger, en un desesperado intento por salvar lo que fuera posible de su personalísimo film, reunió al reparto y filmó de nuevo los últimos quince minutos de la película. Este final alternativo, escrito por Jerome Cady, se rodó en cinco días, entre el 15 y el 20 de julio de 1944. Zanuck preparó una proyección especial del film sólo para él mismo y su gran amigo Walter Winchell, que era a la sazón el periodista más importante e influyente de los Estados Unidos en aquella época. A Winchell le encantó la cinta, pero comentó que no le convencía el final, que le parecía algo confuso, y preguntó a Darryl si pensaba cambiarlo. Esto fue determinante para que Zanuck se decidiera a incluir en la película el final tan cuidadosamente planteado por Preminger, coronando así una de las mayores obras maestras de la historia del cine. Otto, aparte de restituir a la cinta la conclusión que con tanto esmero había planificado, aprovechó la oportunidad para pulirla todavía más, acortándola en casi 20 minutos mediante la supresión de varias escenas dialogadas, algunas de ellas brillantes, en su afán por alcanzar la máxima concisión y eficacia narrativas.

Tras unos pases de prueba, ante los que el público reaccionó muy favorablemente, LAURA se estrenó en noviembre de 1944. Las críticas no le fueron nada favorables, pero la entusiasta respuesta de los espectadores convirtió la película en un éxito inmediato. La recaudación en el mercado exterior, en concreto sólo en Gran Bretaña, amortizó holgadamente su coste. El resto fueron beneficios.

En su tiempo, a pesar de su carácter de producción A, LAURA fue considerada como una película policiaca más. Pero no tardó en trascender dicha condición, elevándose hasta alcanzar la categoría de título mayor del Cine Negro. Gracias a ella, Preminger pudo negociar su contrato con la Fox en condiciones mucho más ventajosas, iniciando así una carrera que le convertiría en uno de los cineastas más notables de todos los tiempos.

LAURA llegó a España dos años más tarde. Se estrenó en Madrid el 24 de enero de 1946, en la sala Coliseum. La primera proyección en Barcelona tuvo lugar el 27 de febrero, en el cine Kursaal.

Un reparto excepcional

Buena parte del éxito de LAURA recae en su maravilloso reparto, sabiamente seleccionado por Preminger, que era uno de esos estupendos realizadores que no sólo sabían hacer buenas películas, sino que también tenían un olfato especial para dar con los intérpretes más adecuados para ellas.

Laura y Waldo
Laura y Waldo

Gene Tierney (Laura Hunt)

Gene Tierney, nacida en Brooklyn (New York) en 1920, gozó de una esmerada educación a la europea. Modelo publicitaria, hizo sus primeros pinitos interpretativos en los escenarios neoyorkinos, siendo posteriormente contratada por la 20th Fox. Curiosamente, tuvo papeles de protagonista desde el inicio de su carrera, algo poco común en el cine, y mucho menos en aquella época. Debutó en LA VENGANZA DE FRANK JAMES, de Fritz Lang, junto a Henry Fonda, trabajando posteriormente en films de calidad, tales como EL RENEGADO, de Irving Pichel, donde compartió cartel con Paul Muni, y LA RUTA DEL TABACO, a las órdenes de John Ford. Notables fueron también sus trabajos en EL EMBRUJO DE SHANGAI, de Josef von Sternberg, EL FILO DE LA NAVAJA, de Edmund Goulding, EL HIJO DE LA FURIA, de John Cromwell, EL DIABLO DIJO NO, de Ernst Lubitsch, y NOCHE EN LA CIUDAD, de Jules Dassin, ésta última junto a Richard Widmark, uno de los mejores villanos del cine clásico. El gran Joseph Leo Mankiewicz la dirigiría en dos espléndidas cintas: EL CASTILLO DE DRAGONWYCK, en la que daba vida a una mujer atormentada por su malvado esposo, interpretado por Vicent Price, y EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR, maravillosa historia en la que compartió protagonismo con el genial Rex Harrison. En 1945, Gene fue nominada al Oscar a la mejor actriz por su fabulosa interpretación en QUE EL CIELO LA JUZGUE, de John M. Sthal, film en el que compuso magistralmente uno de sus escasos papeles de malvada. Pero el premio se lo llevó Joan Crawford por ALMA EN SUPLICIO, de Michael Curtiz. Una lástima, porque la interpretación de Tierney en el film de Sthal fue muy superior a la de Crawford en el de Curtiz.

Pero fue el personaje de Laura Hunt en ésta película de Preminger el que daría a Gene Tierney fama universal. LAURA no la convirtió en un mito erótico del cine, como le ocurrió a Rita Hayworth con GILDA, de Charles Vidor; pero hizo de ella el ideal femenino de muchos hombres, que buscaban en la mujer algo más que atractivo sexual. Su belleza de ensueño, aunada con su exquisito distanciamiento, le permitió competir en igualdad de condiciones con las sex-symbols de su época, a las que superaba en inteligencia y cualidades artísticas. Zanuck dijo de ella: Es la mujer más bella de la historia del Cine. Y el autor de este ensayo está totalmente de acuerdo.

La vida de Gene no estuvo exenta de problemas. Mantuvo una tormentosa relación con el príncipe Alí Khan, que también fue esposo de Rita Hayworth, y cuando llegó la ruptura definitiva entre ambos, Gene sufrió una fuerte depresión que la obligó a recluirse durante algún tiempo en un sanatorio. Superada esta crisis, regresó al cine a comienzos de los sesenta, trabajando de nuevo a las órdenes de Preminger en TEMPESTAD SOBRE WHASHINGTON, uno de los films políticos más realistas que se hayan filmado. Poco a poco fue apartándose del cine, apareciendo sólo ocasionalmente en alguna serie de televisión. Un enfisema acabó con su vida en 1991, cuando contaba setenta años de edad. La 2 de TVE emitió, tras su muerte, un interesante ciclo en su memoria.

Dana Andrews (Mark MacPherson)

El papel del teniente MacPherson recayó sobre Dana Andrews, uno de los duros más emblemáticos de Hollywood. Nacido en 1909 en Misisippi, Dana llegó a Los Ángeles en 1931, con la intención de intentar triunfar como cantante. Pero tras diversos avatares, acabó firmando un contrato con Samuel Goldwyn, iniciando así su brillante carrera como actor. Debutó en 1940 en el western EL FORASTERO, de William Wyler, junto a Gary Cooper y Walter Brennan. En 1941 intervino en tres estupendas cintas: BOLA DE FUEGO, fabulosa comedia de Howard Hawks, con Gary Cooper y la sin par Bárbara Stanwyck; la ya citada LA RUTA DEL TABACO, de Ford, nuevamente con Gene Tierney, y AGUAS PANTANOSAS, de Jean Renoir, con la guapa Anne Baxter. Resultaría tedioso enumerar aquí todas sus excelentes interpretaciones a lo largo de los años. Baste decir que durante las décadas de los cuarenta y cincuenta trabajó activamente, participando en muchas de las mejores películas de entonces. Pero, al igual que ocurrió con Gene Tierney, fue su actuación en LAURA la que le catapultó a la fama, convirtiéndole en uno de los actores más característicos del mejor film noir americano.

Andrews cayó en la trampa del alcoholismo, lo que estuvo a punto de costarle la vida en dos accidentes de coche. Aunque su adicción al alcohol refrenó su carrera, obligándole a aceptar trabajos alimenticios en películas de bajo presupuesto y escasa calidad, todavía consiguió participar en films de buena factura, tales como LA SENDA DE LOS ELEFANTES, de William Dieterle, o MIENTRAS NUEVA YORK DUERME, de Fritz Lang. A principios de los años setenta logró vencer su alcoholismo, dedicándose a partir de entonces a concienciar a los jóvenes sobre los peligros de tan nefasta adicción. Enfermo de Alzheimer, falleció en 1992 de una neumonía.

Vicent Price (Shelby Carpenter)

Vicent Price, que da vida al apuesto aunque superficial Shelby Carpenter, nació en San Louis, Missouri, en 1911. Al igual que Gene Tierney, tuvo una buena educación, ya que cursó estudios de Historia del Arte en la universidad de Yale y en el Courtaul Institute de Londres. Atraído por el teatro, se subió a un escenario por primera vez en 1935. Su primer trabajo importante en el cine fue en BRIGHAM YOUNG, de Henry Hathaway, donde interpretó al mormón Joseph Smith. Un año antes de ésta película de Hathaway, Price había intervenido en una cinta de terror gótico, LA TORRE DE LONDRES, de Rowland V Lee, junto al mítico Boris Karloff. Por aquel entonces, Vincent no podía sospechar que su futuro profesional en el mundo del cine estaría íntimamente ligado al fantástico. En los años cuarenta hizo de villano en numerosos films, siendo su etapa más interesante la de los años cincuenta y sesenta, décadas durante las cuales protagonizó algunos de los títulos más emblemáticos del cine fantástico como, por ejemplo, la mítica LA MOSCA, de Kurt Neumann. Pero sus mejores interpretaciones las realizó a las órdenes de ese genio del cine de bajo presupuesto que fue Roger Corman, que llevó a la pantalla las mejores adaptaciones de relatos del maestro Edgard Allan Poe, protagonizadas todas ellas por Price. LA CAÍDA DE LA CASA USHER, EL POZO Y EL PÉNDULO, EL CUERVO o LA MÁSCARA DE LA MUERTE ROJA fueron cintas de Serie B de enorme éxito en su época, que acabaron por convertirse en films de culto para los cinéfilos y consagraron definitivamente al dúo Corman / Price como uno de los equipos más eficaces de la historia del cine. Sin embargo, sería la magnífica composición que hizo del atractivo pero banal Shelby Carpenter en LAURA la que le catapultaría a la fama. Una de sus últimas apariciones fue en EDUARDO MANOSTIJERAS, ese maravilloso cuento pergeñado por Tim Burton, en el que dio vida al inventor que construía al bueno de Eduardo. Vicent Price falleció en 1993.

Judith Anderson (Ann Treadwell)

Cuando intervino en LAURA, Judith Anderson ya era una actriz de renombre, gracias sobre todo a su insuperable caracterización como la inquietante señora Danvers, ama de llaves de Maxim de Winter en REBECA, primera película americana de Alfred Hitchcock. Miss Anderson había nacido en 1898 en Adelaida, Australia. Tras una corta pero fructífera carrera teatral en su país natal, emigró a los EE UU en 1918. Sus comienzos en el Nuevo Mundo no fueron fáciles, viéndose obligada a recorrer el país con una compañía teatral de segunda fila. Pero su suerte cambió a partir de los primeros años treinta, cuando tuvo la oportunidad de actuar en obras de cierta importancia y su nombre comenzó a brillar en Broadway. Hitchcock, recién llegado a la Meca del Cine, se fijó en ella, decidiendo que era la actriz ideal para encarnar a la siniestra señora Danvers. Esta sería su interpretación cinematográfica más celebrada. Volvería a interpretar un personaje similar en EL EXTRAÑO AMOR DE MARTHA IVERS, un tenso drama negro de Lewis Milestone, junto a actores de la talla de Van Heflin, Bárbara Stanwyck y un jovencito Kirk Douglas. Pero a pesar de su éxito en el cine, Anderson no descuidó su trabajo en los escenarios teatrales, en los que compartió cartel con los mejores actores de la época, tales como Laurence Olivier (con el que había trabajado en REBECA), John Gielgud o Maurice Evans. Amaba las tablas, pero nunca dejó el cine, participando a lo largo de su dilatada carrera en films de todos los géneros. Fue la vieja y despótica india que martiriza a Richard Harris en UN HOMBRE LLAMADO CABALLO, de Elliot Silverstein, y la Suma Sacerdotisa vulcaniana de STAR TREK III: EN BUSCA DE SPOCK, de Leonard Nimoy. Incluso participó en un patético culebrón titulado SANTA BÁRBARA, lastimosa producción televisiva que superaría ¡el millar de episodios! Curiosamente, murió en Santa Bárbara, California, en 1992.

El sueño de la razón...
El sueño de la razón...

Cliffton Webb (Waldo Lydecker)

Hemos dejado para el final al que, sin la menor duda, es el alma de este impresionante film de Preminger, Clifton Webb, uno de los actores más completos de la historia, que nos ofreció en LAURA la actuación más genial de su carrera. Webb, nacido en Indianápolis en 1889, era actor, cantante y bailarín, y en las tres facetas brilló esplendorosamente. Se subió a un escenario teatral a la temprana edad de siete años, nada más y nada menos que en el mítico Carnegie Hall, formando parte del Teatro de los Niños de Nueva Cork. A partir de ahí, su vida quedaría eternamente ligada al mundo del espectáculo. Durante las dos primeras décadas del siglo XX, Webb no paró un segundo, actuando en revistas, vodeviles y operetas de considerable éxito, a menudo junto a su madre, Mabelle A. Parmalee. En los felices veinte arrasó en Broadway, al tiempo que aparecía en varias películas mudas. En 1923 protagonizó la comedia teatral, original de Lynn Starling, Meet the Wife, en la que actuaba también un jovencito de veinticuatro años llamado Humphrey Bogart. En Broadway, Webb era literalmente el amo, y sus actuaciones en Londres eran veneradas por la crítica. Otto Preminger quería al mejor para dar vida al malvado Waldo Lydecker, y el mejor actor en aquel momento era, sin ningún género de dudas, Clifton Webb. Tras el rotundo éxito de LAURA, Webb seguiría recreando personajes maravillosos en la gran pantalla. Memorable fue su trabajo como el elitista Elliot Templeton en la ya mencionada EL FILO DE LA NAVAJA, en la que coincidiría nuevamente con Gene Tierney, así como su creación del curioso mister Belvedere en la hilarante comedia NIÑERA MODERNA, de Walter Lang. Su última película fue un estupendo film anticomunista del incombustible Leo McCarey, SATANÁS NUNCA DUERME, en la que interpretó a un sacerdote católico en la China de Mao Tse-tung. Su compañero de reparto, que también daba vida a un cura, fue William Holden. Tras esta película, Webb se retiró definitivamente, pasando los últimos cinco años de su vida en su casa de Beverly Hills, donde murió de un infarto en 1966.

El indiscutible artífice de LAURA

La contribución de estos cinco actores al éxito de LAURA fue extraordinaria. Pero el proyecto no habría podido llevarse a cabo sin el verdadero creador del film, el gran director, guionista y productor Otto Ludwig Preminger. Nacido en 1906 en Viena, era hijo de un funcionario de cierta importancia del antiguo Imperio Austro-Húngaro, lo que le permitió acceder a una buena educación, licenciándose en Derecho y Filosofía. Pero lo que realmente le atraía era el teatro, así que acabó consiguiendo hacerse cargo de la dirección de un pequeño teatrillo vienés. Poco después sustituyó a Max Reinhart al frente del Josefstad, donde montó más de cincuenta obras. Su primera película, DIE GROSSE LIEBE, data de 1931, pero en 1934 decidió abandonar Europa huyendo de los nazis, ya que era judío. Como se ha dicho al comienzo de este ensayo, fue su amistad con Joseph Schenck y su gran experiencia teatral lo que le abrió las puertas de Hollywood, donde pronto destacaría por encima de otros directores gracias a su forma de plantear las historias, en las que predomina el enfrentamiento abierto entre un mundo romántico y decadente, que él conocía muy bien, y otro objetivo y realista, y por tanto, más sórdido. Cineasta muy personal e independiente, su obra cinematográfica se caracteriza por un inteligente empleo de los planos largos y una cuidadísima puesta en escena. Su extensa filmografía está repleta de títulos que son obras maestras del Séptimo Arte, entre los que destacan ¿ÁNGEL O DIABLO? (1945); EL ABANICO DE LADY WINDERMERE (1949); CARA DE ÁNGEL (1953); RÍO SIN RETORNO y CARMEN JONES (ambas de 1954); EL HOMBRE DEL BRAZO DE ORO (1955); ÉXODO (1960) y TEMPESTAD SOBRE WASHINGTON (1962). En su tiempo fue uno de los directores más respetados de la industria, especialmente por su postura desafiante frente a la rígida censura, a la que se enfrentó abordando, como productor independiente, interesantes y polémicos proyectos cinematográficos. Como he mencionado anteriormente, Preminger fue también un gran actor, y gracias a su característico acento germano interpretó en varias ocasiones el papel de oficial nazi. En los sesenta intervino en la legendaria serie BATMAN, protagonizada por Adam West, dando vida a Mr Freeze. En la misma serie trabajó también Vicent Price, encarnando el personaje de Egghead. Preminger falleció en Nueva York en 1986, rodeado de un prestigio ganado a pulso y de la admiración de millones de cinéfilos de todo el mundo.

LAURA en los Oscars

A pesar de los innegables valores de LAURA, la Fox decidió que la película más adecuada para optar a los Oscars era WILSON, la biografía del presidente Thomas Woodrow Wilson dirigida por Henry King. Pese a todo, el film de Preminger fue nominado para cinco premios: director, actor secundario (Webb), guión, dirección artística y fotografía en B/N. Sólo obtuvo este último galardón. El resto se fueron para SIGUIENDO MI CAMINO, de Leo McCarey, que se llevó los tres primeros premios, y LUZ QUE AGONIZA, de George Cukor, que se quedó con el Oscar a la mejor dirección artística. La ceremonia tuvo lugar en el Grauman´s Chinese Theatre de Hollywood el 15 de marzo de 1945.

Versiones posteriores de un clásico.

LAURA, como casi todas las obras maestras del cine, ha tenido varios remakes de calidad variable, pero inferiores en todo al magnífico original. LAURA, RETRATO DE UN ASESINATO (LAURA / PORTRAIT FOR MURDER, John Brahm, 1955) fue una correcta adaptación televisiva, dirigida por un competente director que, curiosamente, había declinado dirigir la cinta original. Laura, Mark y Waldo fueron interpretados respectivamente por Dana Wynter, Robert Stack y George Sanders. En 1956 Sam Newfield dirigió, también para la televisión, otro remake titulado FRONTIER GAMBLER, con Coleen Gray, Kent Taylor y John Bromfield en los roles principales. Una tercera versión, también para la pequeña pantalla, fue LAURA (ídem, John Llewellyn Moxey, 1967), que tuvo como protagonista a Lee Bouvier en el rol de Laura Hunt, mientras que George Sanders y Robert Stack repitieron los papeles de Waldo y Mark, que ya habían interpretado en el telefilm de Brahm. El mejor de estos tres remakes es el primero, pues John Brahm, sin llegar al nivel de Preminger, era un realizador muy notable. Pero la versión de Llewellyn Moxey, con un espléndido guión de Truman Capote, está considerada como una de las mejores películas para televisión jamás filmadas.

Conclusión

La terquedad de Preminger se materializó en uno de los films negros más estilizados y eficaces, una de las mayores obras maestras de la historia del cine. Un título irrepetible, como irrepetible fue la época, turbulenta pero magnífica, en que se rodó. Considerado por muchos el mejor film noir de la historia, la obra más representativa de tan destacado movimiento cinematográfico, LAURA permanece como un monumento imperecedero a la voluntad y obstinación de un hombre, Otto Preminger, que no dudó en enfrentarse a uno de las figuras más poderosas de la industria del cine, Darryl Zanuck, para rodar la película que quería. Poema filmado de amor y muerte, LAURA es, sin ninguna duda, la obra más notable y personal de uno de los directores más grandes que han existido.

© Antonio Quintana Carrandi
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