Sinopsis
A finales de los 70 una catástrofe tecnológica ha acabado con la humanidad. Tan solo sobrevive un grupo de seres humanos que sin embargo arrastran graves taras físicas. La principal es que no soportan la luz del sol. Odian todo lo que sea producto de la ciencia y la tecnología, y su lider es Mathias. El único hombre sano es el doctor Robert Neville (Charlton Heston), que debe evitar las emboscadas del grupo de Mathias, que pretende acabar con él o convertirlo a su causa. La sorpresa es que existe otro grupo de seres sanos (un grupo de jóvenes) que consiguen contactar con el doctor en una de sus expediciones. La trama de la película sigue entre las continuas emboscadas de Mathias y los esfuerzos por escapar de Neville y los chicos.
Basada en la novela SOY LEYENDA, de Richard Matheson, existen una buena cantidad de cambios respecto a esta, aunque la idea básica, la de un único hombre normal entre millones de seres anormales (con lo que el concepto de normalidad se pone en entredicho) se mantiene de forma fiel.
Comentarios
Se trata de una película bastante ingenua, en línea con la estética del cine de los años 70, que sin embargo aporta elementos interesantes en su argumento: El peligro de un desarrollo agresivo de la tecnología, y sus efectos sobre el medio ambiente y la humanidad.
Impactantes las escenas de un Charlton Heston caminando por la ciudad completamente desierta. Coches abandonados, comercios vacios etc.
Resulta tambien digna de reseñar la relación interracial (con sexo incluido) entre el doctor Neville y Lisa, una joven afroamericana, muy en la línea del cine contestatario de los 1970.
En definitiva, una película menor que sin embargo no molesta y que se deja ver sin mayores pretensiones.
EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO, producción Warner de 1972, es una versión libre de la novela de Richard Matheson SOY LEYENDA, que ya había sido llevada al cine en 1964 bajo el título EL ÚLTIMO HOMBRE SOBRE LA TIERRA, película que nunca fue estrenada en nuestro país. Protagonizada por Charlton Heston, uno de los grandes del cine de siempre, y muy apreciado entre los aficionados a la ciencia-ficción por sus grandes interpretaciones en EL PLANETA DE LOS SIMIOS y CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE, EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO tuvo bastante éxito en su momento, aunque no fue lo que se dice un taquillazo.
La acción se sitúa en el año 1977, en la ciudad de Los Ángeles. Dos años atrás, una guerra bacteriológica entre Rusia y China provocó una plaga que se extendió rápidamente por todo el planeta, matando a más del 95% de la humanidad. Los pocos supervivientes son unos mutantes, de piel, pelo y ojos albinos y conducta psicopática, que no pueden soportar la luz, por lo que sólo salen de noche, como los vampiros de las antiguas leyendas centroeuropeas. Estos seres han desarrollado un odio indescriptible hacia la ciencia y la tecnología, a las que consideran responsables de lo ocurrido. En consecuencia, dedican sus salidas nocturnas a buscar alimentos, pero también a destruir museos, bibliotecas, universidades y laboratorios. Los mutantes de Los Ángeles han formado una especie de secta cuyo líder es Mathias, un antiguo presentador de televisión reconvertido en guru de estos nuevos apestados, que le obedecen con perruna fidelidad. La mayor obsesión de Mathias es acabar con el coronel Robert Neville, oficial del cuerpo Médico del US ARMY, el único hombre que queda en la ciudad que no ha sido afectado por la plaga. Poco antes de que la plaga exterminara a todos los habitantes de Los Ángeles, Neville, desesperado, se había inyectado una vacuna experimental que estaban desarrollando los militares para contrarrestar la enfermedad. La vacuna surtió efecto, y Neville sobrevivió como un hombre normal... en una gigantesca ciudad fantasma que era tomada, cada noche, por una horda de monstruos albinos.
Completamente solo, sin esperanza de encontrar a nadie más como él, Robert Neville se dedica a exterminar a cuanto mutante se le pone a tiro, y a buscar denodadamente el cubil en el que se ocultan durante el día Mathias y el grueso de La Familia, nombre dado por éste a su secta. Un día es capturado por los mutantes y condenado a muerte en una sórdida y macabra parodia de juicio. Pero cuando los monstruos se disponen a quemarlo vivo en una hoguera, es liberado casi milagrosamente por un hombre y una mujer que, al menos en apariencia, parecen estar completamente sanos.
Uno de los grandes aciertos de la película es su comienzo. Hay un pequeño prólogo, en el que vemos unas tomas aéreas de la ciudad de Los Ángeles, completamente vacía, aunque vemos un solitario descapotable rojo circulando por las anchurosas avenidas. El conductor del coche, Heston, pone una cinta en el casete y escuchamos una suave melodía. De pronto, Heston frena, se echa una metralleta a la cara, y dispara una larga ráfaga contra las ventanas de un edificio, en cuyos cristales se recorta una sombra furtiva. Luego arranca de nuevo el coche y se aleja a gran velocidad. Mientras aparecen los títulos de crédito, acompañados por la estupenda composición musical de Ron Grainer, la cámara sigue al Ford rojo de Robert Neville, mostrándonos la desolación de la antaño populosa urbe californiana. La cámara enfoca fugazmente la terraza de un edificio de apartamentos, donde vemos a dos personas muertas, en unas tumbonas de lona, y comprendemos que, seguramente, murieron mientras estaban tomando el sol. Pocas veces los títulos de crédito han sido utilizados tan inteligentemente en el cine.
Charlton Heston nos ofrece, como siempre, una gran interpretación llena de matices, y logra hacernos partícipes de la espantosa soledad en que vive Robert Neville. Le vemos hablando con un inexistente vendedor de coches y jugando al ajedrez con un busto de Julio César, y comprendemos que lo hace para no acabar volviéndose completamente loco. La soledad de Neville es como una muerte en vida. Lo único que le mantiene cuerdo es la obsesión por acabar con Mathias y La Familia, labor a la que dedica todos sus esfuerzos. El espectador es consciente de que, a pesar de su gran fortaleza y presencia de ánimo, Robert Neville acabará sucumbiendo a esa monstruosa soledad. A veces la mente le juega malas pasadas, como esa fantástica escena en que, de pronto, comienza a oírse el timbre de un teléfono y Neville, haciendo un esfuerzo casi sobrehumano, tiene que gritarse a sí mismo que el teléfono no está sonando.
Los calendarios también se convierten en protagonistas de la historia, como macabros recordatorios del fin de la civilización que conocimos. Cuando Neville entra en un concesionario en busca de un nuevo coche, lo primero que ve es un almanaque colgado en la pared, mostrando la hoja de marzo de 1975, mes en el que estalló la guerra entre Rusia y China que provocaría la plaga bacteriológica que acabó aniquilando a la humanidad. Con gesto brusco, mezcla de rabia, impotencia y dolor, Neville arranca el calendario de la pared y lo arroja al suelo. Más adelante, será Lisa la que se encuentre otro calendario y mire a Neville con infinita tristeza.
Mathias y su Familia son otra gran baza del film. Anthony Zerbe borda su papel de líder mesiánico de esta especie de secta seudovampírica. Los miembros de La Familia visten largos hábitos negros con capuchas, como si fueran monjes medievales, y muestran una sumisión absoluta hacia Mathias, que parece ejercer una influencia casi hipnótica sobre los desgraciados mutantes. Esto puede considerarse como una crítica a los personajes que pululan por la caja tonta, y al ascendiente que tienen sobre el público, ya que, como se nos muestra en un par de flashback, antes de la guerra Mathias era un popular presentador de telediarios que seguramente tenía un buen número de seguidores.
La Familia representa el oscurantismo más absoluto, lo que queda patente en el juicio a Robert Neville, que una vez condenado es conducido hasta la hoguera en un carro, con un capirote en la cabeza, mientras los miembros de la siniestra secta le insultan y amenazan. Esta escena nos recuerda poderosamente los abominables procesos llevados a cabo por la Inquisición en tiempos pretéritos y sirve para mostrar al espectador el grado de degeneración social y moral al que han llegado los seguidores de Mathias, en parte por la enfermedad que les corroe, en parte por su fanatismo.
EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO no cuenta con FXs espectaculares. Sin embargo, las escenas de la gran urbe absolutamente desierta son muy impactantes, y siempre me he preguntado como se las arreglaron para filmar la escena inicial, esa de la que hablaba al principio, en las que se ve la ciudad desde el aire, completamente vacía a excepción del solitario auto de Robert Neville. No parece que se trate de una maqueta, pero si lo es, está admirablemente lograda. Por lo demás, las escenas de acción, sin ser demasiado vistosas, están filmadas con la característica profesionalidad del cine americano.
Esta es, posiblemente, la mejor adaptación cinematográfica de la novela de Matheson. Rodada hace más de treinta años, sigue conservando toda su frescura y es un film plenamente vigente. Según parece, Will Smith protagonizará muy pronto una nueva versión de esta historia clásica de la ciencia-ficción. Habrá que esperar a ver lo que sale de ahí. Si se esfuerzan un poco podrían crear una obra maestra, aunque no me parece que El Príncipe de Bel Air sea el actor más adecuado para interpretar a Neville. De todas formas, el equipo de producción de esta nueva versión de SOY LEYENDA tendrá que echar toda la carne en el asador, si quieren igualar a este pequeño gran clásico del cine de ciencia-ficción que es EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO.